‘Arcane’ ha conquistado el mundo de la animación con su segunda temporada y se consagra como un espectáculo visual sin precedentes
Hace unos días tuve el placer de ver la segunda temporada de Arcane que se encuentra actualmente en Netflix e iba con cierto temor porque me conozco su primera temporada como la palma de mi mano. Tenía miedo de que si les pasaba algo malo a mis personajes favoritos, algo que a mí no me gustara, me iba a enfadar mucho, pero cuando me dispuse a ver el primer episodio, todo mi temor se disipó en segundos. Desde el momento en que volví a ver a los personajes que me cautivaron en 2021, sabía que sus creadores habían dedicado todo el cariño del mundo a expandir todas las cualidades que hicieron grande a este producto televisivo años atrás. Y eso es lo que consigue Arcane, que sientas, que vibres con sus personajes, que seas partícipe de una obra que fue concebida para superar la perfección y sí, Arcane se ha superado con creces. Y si piensas que estoy exagerando, solo hay que ver todos los premios que le han reconocido por su gran calidad.
Estos días también he tenido tiempo para leer algunas críticas de la serie. He leído cosas como que esta segunda temporada ha descuidado un poco más el guion y se ha dedicado más a regalarnos escenas basadas en la pura épica, y aunque, en parte, pienso lo mismo, no podemos negar que Arcane ha demostrado no necesitar guion para acompañar a sus personajes. Uno de los mayores logros de Arcane es su habilidad para comunicar emociones sin necesidad de diálogo. Podría enumerar varias escenas y estaría toda la tarde, creedme, pero no quiero que esto se vuelva un texto enciclopédico. Esta serie animada consigue, gracias a la combinación de expresiones faciales muy bien detalladas y gracias a un buen acompañamiento musical, conseguir unas composiciones visuales sin necesidad de palabras, que serán recordadas durante mucho tiempo.
El lenguaje visual en la animación, cobra mucha más importancia y desde que llegó el estreno de la película de Spider-Man de Miles Morales, Spider-Man into the Spiderverse, la animación solo ha hecho más que mejorar en las producciones tanto cinematográficas como televisivas. Películas recientes como el Gato con Botas: El último deseo, el estreno inminente de Flow o hasta The Wild Robot, utilizan la composición visual para transmitir más que las palabras y la serie animada de Netflix solo es una confirmación de que el medio animado ya no es solo un material lúdico para niños, sino que está experimentando un cambio que desafía nuestras retinas y nuestra manera de ver más allá de una película o serie para entretenernos. La animación está cambiando y nosotros debemos cambiar con ella. Nuestras mentes deben evolucionar y dejar de pensar que la animación solo sirve para niños cuando, realmente, hay muchas películas y series animadas que superan (y con creces) productos de acción real.

Más allá de su estética, Arcane triunfa por su capacidad de explorar temas universales como la pérdida, el poder, la traición o el amor. Estos temas vibran aún más gracias a una narrativa que nunca subestima al espectador y que en algunos momentos es hasta abrumadora. En lugar de dictar emociones, deja espacio para que tú interpretes lo que está pasando y lo sientas de una manera única y especial.
La segunda temporada continúa profundizando las relaciones entre sus personajes llevándolos al límite, mostrando que no se trata simplemente de héroes y villanos, sino de personas atrapadas en circunstancias complejas. Cada decisión tiene consecuencias y estas repercusiones son tratadas con una sensibilidad que, yo, pocas veces, he visto en la animación convencional.
En un mundo donde las producciones televisivas se prestan a ofrecernos productos con tramas rápidas y fórmulas mil veces vistas, Arcane nos invita a reflexionar, a detenernos y a observar como cada escena es un cuadro que debería estar expuesto en un museo, cada segundo, contiene miles de emociones y aunque ya hayan pasado semanas desde su estreno, yo sigo descubriendo detalles que no fui capaz de ver en un primer visionado y por ello, si tuviera que definir con una palabra la obra de Arcane sería: Trascendental.

Arcane no es solo una obra maestra de la animación por su único estilo visual y narrativa, es símbolo de cambio. Es una declaración de que la animación puede competir con cualquier medio artístico y contar historias que nos conmuevan y nos inspiren. Y si tengo que sacar un aprendizaje tras mi visionado completo de Arcane, es que la animación no tiene límites, salvo el que nosotros, como sociedad, le impongamos.