Puzzles lluquiiiiii

Tras cuatro años diseñando estrategia de marca para una empresa, dejó un trabajo estable para dedicarse a algo que en España nadie había hecho antes: diseñar puzles con marca propia. No fue un plan calculado, sino el resultado de una crisis existencial y un ejercicio terapéutico que la llevó a rescatar una pasión de la infancia.

De ahí nació una marca que hoy vende puzles por todo el mundo y que ya prepara su tercera colección con la vista puesta en una fábrica propia en España.

En esta entrevista Lluch nos habla de packaging pensado para no acabar en la basura, de por qué el zodiaco resultó ser la excusa narrativa perfecta para un puzle, y de la cara —todavía no del todo vista— más dura de emprender.

Pregunta: Te defines como una loca de los puzles. ¿Cómo empieza esta pasión?

Respuesta: Soy hija única y de pequeña jugaba muchísimo. Los puzles los recuerdo como algo en lo que me metía y no paraba: mi gran recuerdo es uno de 500 piezas de un tiranosaurio rex que hice un montón de veces. En secundaria los abandoné por completo, y hace dos años los retomé.

Antes de emprender trabajé cuatro años en una startup de Lanzadera, el ecosistema de Juan Roig, desarrollando estrategia de marca. Nunca fui una niña que dijera «voy a emprender», pero sí hacía cosas como pintar conchas y piedras para venderlas a la gente cercana.

P: También tuviste una cuenta de Instagram de ilustraciones, ¿no?

R: Sí. Durante el confinamiento, estudiando Ingeniería de Diseño Industrial con especialización en Diseño Gráfico, empecé a ilustrar a mis amigos por aburrimiento. Una amiga me animó a abrir una cuenta y terminé vendiendo más de 100 ilustraciones. Lo dejé porque el tiempo que invertía no compensaba el retorno.

Ese dato conecta con mi presente: empecé a hacer puzles en plena crisis existencial, porque mi trabajo había dejado de gustarme. Con mi psicóloga hicimos el ejercicio de pensar en cosas que disfrutaba de pequeña para conectar con otras partes de mí. Pensé en puzles y me pasé el verano haciéndolos.

Cuando terminé los que tenía, fui a comprar más y me di cuenta de que, a nivel de diseño, el sector no estaba muy explotado en España: los típicos skylines y flores de Holanda, pero nada actualizado. No pensé «voy a montar una marca de puzles» —¿quién piensa eso?

P: Buscando proveedor, ¿te diste cuenta de que eras pionera en el sector?

R: Me atrevería a decir que en España sí. No hay ningún fabricante español que produzca puzles con diseños propios; las fábricas, como Educa, fabrican para sí mismas. En países como Francia u Holanda el sector está mucho más desarrollado —hasta en tiendas de souvenirs venden puzles— y a nivel de diseño también. Pero no he encontrado a nadie que diseñe sus propios puzles con marca propia.

P: Has estudiado Ingeniería de Diseño Industrial, pero tu carrera profesional te ha llevado hacia el branding y la estrategia de marca. ¿Cómo se produce ese giro?

R: Sí, terminé Ingeniería de Diseño Industrial en Roma, donde empecé a estudiar branding y psicología del consumidor, algo que me encantó. Al volver a Valencia entré como diseñadora gráfica en una marca de ropa vegana, pero fueron solo unas prácticas de cuatro meses. De ahí me recomendaron para la startup en la que estuve cuatro años, donde pasé a especializarme en estrategia de marca. Hice un máster en BAU Barcelona y otro de neuromarketing en la UPV. Pero, no he estudiado Periodismo ni Marketing: soy ingeniera, y de la carrera me llevo sobre todo las herramientas de diseño gráfico.

P: ¿Fue progresivo darte cuenta de que ya no encajabas ahí?

R: Sí, fue progresivo aunque a la hora de tomar decisiones soy muy impulsiva. La empresa tuvo un cambio de estrategia y de propósito que dejó de resonar conmigo, y cuando eso pasa, en un rol de estrategia de marca, es difícil seguir defendiéndolo. Ahí les dije que iba a emprender.

Valoro muchísimo ser feliz, y sentía que en mi día a día ya no lo era. Pensé: «Tienes 26 años, no tienes hipoteca ni hijos, te puedes arruinar y volver a empezar». Si tienes este sueño ahora, ve a por él, porque no quiero arrepentirme de no haberlo intentado. Fue verbalizarlo y ya no pude soltar la idea.

P: Has lanzado dos colecciones: una de signos del zodiaco y un mini puzle. ¿Cómo surgieron?

R: La primera colección, la de los signos del zodiaco, la diseñé hace justo un año. Yo quería un puzle que hablase de quien lo compra, como esas pulseras con nombres de los puestos de playa donde de pequeña buscaba “Lluch” y nunca estaba. El zodiaco me pareció perfecto porque todos tenemos un signo, y le da storytelling al producto más allá del «me gusta o no me gusta». No soy muy fan del mundo esotérico; lo enfoqué más a nivel estratégico, con elementos cotidianos —un café, una tostada, una planta, un cóctel— asociados a cada signo, con su explicación incluida en el puzle.

También diseñé un packaging que imita un libro falso con cierre magnético, para que la caja tenga una segunda vida, y el puzle viene en una bolsita de tela reutilizable. La idea siempre es que el producto no se tire.

La segunda colección, A todo sí, es un mini puzle más pequeño que permite incluir el marco dentro de la misma caja, bajo el lema de la marca: «puzles dignos de enmarcar». Son dos ilustraciones sobre atreverse y disfrutar el presente. Es edición limitada: cuando se agoten las unidades no se volverá a producir ese diseño, aunque sí habrá más mini puzles en forma de drops.

P: Empezaste vendiendo solo online y ahora también en tiendas físicas. ¿Cómo llegó esa oportunidad?

R: La primera tienda, en Granada, me contactó por un vídeo de TikTok cuando llevaba menos de un mes con la marca. Fui a conocerlas en persona y lo documenté todo. A partir de ahí me contactó otra tienda en Asturias, y yo contacté proactivamente a otras. Ha sido mitad y mitad.

P: Has sido muy transparente en redes contando que has invertido 45.000 € en la marca. ¿Cómo se financia eso?

R: La mayor parte es reinversión de lo ya vendido —llevo vendidos 1.500 puzles—, más una parte de mis ahorros. Ahora mismo mi beneficio como marca es cero: todo lo he metido en un pedido de 3.000 puzles para prepararme bien de cara a Navidad, que es donde espero el gran repunte.

Como no sabía si alguien compraría puzles en agosto, y no quería verme apretada para pagar las facturas, he compaginado cinco trabajos llevando cuentas de contenido —un bufete de abogados, un club de tenis, una clínica de fisioterapia— mientras montaba la marca. Es algo que sé que me van a pagar seguro, a diferencia de los puzles.

P: Trabajas con un proveedor en China y llegaste a viajar hasta allí.

R: No llegué a conocerle en persona: justo cuando yo volaba, a él se le murió su abuela. Me recogieron dos compañeros suyos, me llevaron a comer y a la fábrica. Allí vi en persona la nueva colección —de la primera ni pedí muestras, me tiré directamente a la piscina—. La experiencia fue genial y la fábrica muy profesional; después recorrimos el país con una amiga. China me encantó, es un país que recomiendo mucho.

P: ¿Cómo es tu día a día ahora?

R: No tengo un día igual a otro. Voy a empezar a subir un vídeo semanal a YouTube documentando mi día a día —incluidos los otros trabajos— para que la marca se sienta cercana y real. Lo edito y hago todo yo sola.

También organicé un evento de montar puzles en Valencia con Escape Pop, una cuenta que visibiliza eventos alternativos: fue una quedada en una cafetería con dinámicas de networking y un sorteo de uno de los puzles. En España, sobre todo en Alicante, Barcelona y Madrid, existen competiciones serias de puzles por cronómetro; me encantaría vivir esa experiencia algún día.

P: En redes cuentas todo el proceso, incluidas las partes menos bonitas de emprender. ¿Por qué crees que es importante mostrarlo?

R: No quiero hablar solo de producto: quiero que la gente conecte con la experiencia de emprender. Creo que puede ser inspiracional y visibilizar una salida profesional poco habitual en España, donde no se anima mucho a tomar riesgos. No digo que todo el mundo tenga que emprender, pero si quieres hacerlo, no estás solo.

P: Uno de tus próximos pasos es montar tu propia fábrica en España. ¿En qué punto está?

R: Fatal, de momento. Mi intención es agotar existencias en Navidad para tener un flujo de caja que ya no vaya todo a reinversión, y con eso empezar a mover el tema de la fábrica. Producir en China implica mínimo dos meses de retraso y envíos carísimos, aunque a nivel de calidad estoy muy contenta.

Me imagino la fábrica como un sitio al que la gente quiera ir, que recuerde que de mayores también podemos jugar sin estar siendo productivos todo el rato: espacios donde crear tu propio puzle, muy a lo Willy Wonka.

P: ¿Qué significa para ti emprender en España hoy?

R: Arriesgarse. Creo que aún no he visto la cara más oscura del emprendimiento —para mí lo más difícil será hacer equipo, y todavía no me he visto en esa tesitura—. A nivel de ayudas hay pocas, y como producto pago el 21% de IVA de cada puzle, más la cuota de autónomos, que ahora tengo reducida a unos 86 € al mes a la espera de saber si me la prorrogan un año más.

P: Si pudieras hablar con tu «yo» de hace unos años, ¿qué le dirías?

R: Que todo pasa por algo, que no se caliente tanto la cabeza, que disfrute más del presente y que siga así, porque lo está haciendo muy bien.

P: ¿Nuevas colecciones a la vista?

R: Antes de Navidad, si todo sale bien. Puedo adelantar que será un puzle de 1.000 piezas, así que este año habrá colección de 500, minipuzles y una de 1.000. El formato exacto todavía no puedo desvelarlo.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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