'La Odisea' de Christopher Nolan

Christopher Nolan regresa con una adaptación de ‘La Odisea’ que sorprende, precisamente, por lo que muchos no esperaban. Lejos de construir un espectáculo de acción constante, el director firma una película profundamente introspectiva donde el verdadero viaje tiene lugar en el interior de Odiseo.

Desde hace casi tres mil años, La Odisea, de Homero, ha sobrevivido a guerras, imperios y generaciones enteras porque plantea una pregunta que sigue siendo universal: ¿qué ocurre cuando un héroe regresa a casa después de haberlo perdido todo? Esa misma cuestión ha inspirado novelas, obras de teatro y algunas de las películas más importantes de la historia del cine.

De hecho, mucho antes de dirigir Oppenheimer o de convertirse en uno de los cineastas más influyentes del siglo XXI, Christopher Nolan estuvo cerca de ponerse al frente de Troya (2004). Finalmente, el proyecto acabó en manos de Wolfgang Petersen, pero resulta curioso comprobar cómo, más de veinte años después, Nolan ha encontrado su propio camino hacia el universo de Homero. No a través de una superproducción bélica centrada en la caída de Ilión, sino mediante la adaptación de la parte más íntima y compleja del relato: el regreso de Odiseo a Ítaca.

Quizá esa sea la mayor sorpresa de La Odisea. Muchos esperaban una película dominada por grandes batallas, monstruos mitológicos y escenas de acción constantes. Sin embargo, Christopher Nolan utiliza ese viaje para hablar de algo mucho más humano. Su nueva película no gira tanto en torno a los peligros del mar como al proceso de un hombre que intenta volver a reconocerse después de sobrevivir a ellos.

Desde que se anunció el proyecto, la adaptación de Christopher Nolan de este poema de Homero ha estado rodeada de dudas, polémicas y un intenso debate. Ahora que la película ya se ha estrenado, la pregunta es inevitable: ¿ha vuelto Christopher Nolan a firmar otra obra maestra del cine moderno?

¿De qué trata realmente La Odisea de Christopher Nolan?

Christopher Nolan respeta la esencia del poema de Homero, pero la filtra por completo a través de su mirada como cineasta. Quien espere una sucesión ininterrumpida de batallas, criaturas mitológicas o grandes escenas de acción, probablemente se lleve una sorpresa. La Odisea no se interesa por la guerra, sino por las cicatrices que deja tras su final

El director convierte el regreso de Odiseo en un viaje profundamente introspectivo. Cada parada junto a sus soldados funciona menos como una aventura que como la consecuencia de todo aquello que el protagonista hizo durante la guerra y en los años posteriores. Todo ello desemboca en un tercer acto apoteósico, donde Odiseo revela el verdadero significado del viaje a través de un monólogo que, por su carga emocional, bien podría pasar a la historia del cine contemporáneo.

Ahí reside la verdadera esencia de la película. Nolan aborda temas como la culpa, el significado del hogar y, sobre todo, las consecuencias humanas de nuestros actos, así como la manera en que estas nos definen como personas y sirven de ejemplo para generaciones enteras. Más que adaptar La Odisea, el director utiliza el viaje de Odiseo para reflexionar sobre una idea que atraviesa toda su filmografía desde hace años: nunca escapamos del todo de las consecuencias de nuestros actos.

La ley de Zeus convierte el viaje de Odiseo en una experiencia mucho más profunda

Más allá de sus impresionantes secuencias de acción o de su brillante apartado técnico, Christopher Nolan encuentra la verdadera esencia de La Odisea en una idea sorprendentemente sencilla: cómo tratamos a quienes no conocemos.

A lo largo de toda la película se menciona de forma recurrente la llamada ley de Zeus, conocida en la Antigua Grecia como xenia, un antiguo código moral que obligaba a recibir a cualquier extranjero, viajero o mendigo con el mismo respeto con el que recibiría a un miembro de la propia familia. La razón era tan hermosa como inquietante: nunca se podía saber si aquella persona era, en realidad, un dios caminando entre los hombres.

Lo fascinante es que Nolan no utiliza esta norma como un simple elemento histórico. El director la transforma en el verdadero juicio moral de Odiseo, porque cada encuentro que mantiene durante su viaje deja de ser una prueba física para convertirse en una prueba ética. La pregunta ya no es si logrará sobrevivir a monstruos, tempestades o dioses, sino si aún conserva la humanidad necesaria para tratar con dignidad a quienes se cruzan en su camino.

Por eso, esta adaptación ofrece una lectura profundamente contemporánea de La Odisea. En una sociedad cada vez más desconfiada del diferente, del extranjero o incluso del desconocido que tiene delante, la película recupera una enseñanza escrita hace casi tres mil años para recordar una idea que sigue siendo incómodamente vigente. Una civilización no se define por la fuerza de sus héroes, sino por la forma en que trata a quienes no pueden ofrecerle nada a cambio.

No es casualidad que Christopher Nolan haya decidido situar este principio en el centro de su adaptación. Mientras otras versiones de La Odisea ponían el foco en las criaturas mitológicas o en las grandes batallas, aquí la auténtica épica nace de una idea mucho más humana. Al final, la verdadera victoria de Odiseo no consiste únicamente en regresar a Ítaca, sino en comprender que ningún viaje tiene sentido si durante el camino se olvida cómo mirar al otro.

Resulta fascinante comprobar cómo ese principio vertebra toda la propuesta de Christopher Nolan. Al romper esa ley que él mismo había asumido en Ítaca, Odiseo renuncia, durante su viaje de regreso, a todo con tal de volver a su hogar, incluso a sus propios principios y a la ley de Zeus.

La inesperada conexión con Oppenheimer

Si hay algo que sorprende tras ver Oppenheimer y, ahora, La Odisea es comprobar que Christopher Nolan vuelve a reflexionar, en el fondo, sobre la misma obsesión: el peso de las consecuencias.

A primera vista, parece imposible encontrar puntos en común entre un físico teórico estadounidense del siglo XX y el legendario rey de Ítaca. Sin embargo, Christopher Nolan establece un puente entre ambos personajes a través de una misma pregunta: ¿cómo convive un hombre con las decisiones que cambiaron su mundo para siempre?

Christopher Nolan consigue conectar Oppenheimer con La Odisea mediante acciones de sus personajes protagonistas

En Oppenheimer, Robert Oppenheimer vive atormentado tras convertirse en el padre de la bomba atómica. Su conflicto nunca es únicamente científico, sino profundamente moral. El personaje interpretado por Cillian Murphy comprende que su mayor logro también se ha convertido en su mayor condena.

Con Odiseo ocurre algo parecido. Tras la victoria en la guerra de Troya gracias al célebre caballo ideado por él, Christopher Nolan evita presentar al protagonista como un héroe invencible. Al contrario, lo retrata como un hombre obligado a convivir con las consecuencias de aquella victoria. La guerra ha terminado, pero el verdadero combate apenas acaba de empezar. El propio Nolan explicó antes del estreno que quería que la película transmitiera «un sentido de las consecuencias» y, por ello, decidió situar el concepto de la xenia, o ley de Zeus, en el centro del relato.

Christopher Nolan no adapta el poema de Homero únicamente para contar el regreso de un rey a su hogar. El director lo utiliza para volver a plantear la pregunta que atraviesa sus últimos proyectos desde hace años: ¿puede un ser humano seguir adelante cuando comprende que las consecuencias de sus actos lo acompañarán para siempre?

Christopher Nolan firma su película más experimental: ¿es también su mejor película?

Christopher Nolan nunca había combinado tantos registros dentro de una misma película. La Odisea transita de la fantasía épica al drama psicológico e incorpora secuencias cercanas al terror e incluso al body horror, sin perder en ningún momento la sensación de estar ante una obra profundamente personal. Probablemente, sea la película más libre de toda su filmografía.

Esa libertad creativa también se refleja en el apartado técnico.

Greig Fraser vuelve a demostrar por qué está considerado uno de los mejores directores de fotografía del mundo, con una composición visual que convierte el viaje de Odiseo en una auténtica obra de arte. Ludwig Göransson firma una banda sonora que no busca imitar el clasicismo habitual, sino acompañar el conflicto interior del protagonista.

Pero, sobre todo, el reparto comprende a la perfección el tono de la película. Matt Damon sostiene el peso emocional del relato con enorme naturalidad. Anne Hathaway ofrece, a juicio de quien firma esta crítica, la mejor interpretación femenina de la filmografía de Christopher Nolan, mientras que Tom Holland, Robert Pattinson y John Leguizamo aprovechan cada minuto en pantalla para engrandecer un reparto prácticamente impecable.

Pero, ¿es La Odisea la mejor película de Christopher Nolan? La respuesta dependerá de cuál sea la favorita de cada espectador. Quizá Interstellar siga siendo su obra más emotiva; Oppenheimer, la más redonda; y Memento, la más revolucionaria.

Sin embargo, hay algo que La Odisea consigue como ninguna otra: sorprender incluso cuando parece que ya se conoce perfectamente a su director. Después de más de veinticinco años de carrera, Christopher Nolan vuelve a arriesgar, a experimentar y a demostrar que todavía conserva la capacidad de reinventarse. Esa es, probablemente, la mayor virtud de su nueva película.

Puede que La Odisea no alcance la perfección. Su ritmo exigirá paciencia a parte del público y algunas decisiones narrativas dividirán opiniones. Sin embargo, cuando una película consigue que el espectador salga del cine pensando más en sus ideas que en sus escenas, significa que ha logrado algo verdaderamente valioso. Christopher Nolan no se limita a adaptar el poema de Homero; encuentra una forma de dialogar con él casi tres mil años después. El resultado es una película plenamente contemporánea, un logro del que muy pocos directores pueden presumir.

Por David Agudo

Apasionado del mundo friki, soy de los que piensa que los dragones deberían de existir . Creer en ti mismo es una filosofía de vida Y recordar: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad Si me queréis leer en más lugares, seguirme aquí: https://twitter.com/templo_del_geek

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