Ana Milán

Hay personas que pasan por la vida y personas por las que la vida pasa; Josefa García, la protagonista de ‘Bailando lo quitao’, pertenece indiscutiblemente al primer grupo. Con esta primera novela, Ana Milán refuerza su universo literario con la misma fuerza arrolladora y la falta de filtros que la han convertido en un icono de la autenticidad en nuestro país.

Narrada en primera persona, la novela nos presenta a Josi. Ella ya está «de vuelta de todo», pero lejos de la resignación, su relato es un canto a la vida. No esperen un orden cronológico pulcro; la memoria de Josefa funciona como la vida misma: a saltos, por impulsos, guiada por el aroma de un recuerdo o el peso de una cicatriz.

Madrid, el franquismo y la conquista del deseo

La obra viaja por las costuras de la historia de España, desde la represión del franquismo hasta la efervescencia de la Transición. Acompañamos a Josefa mientras el país cambia de piel: asistimos a la lucha feminista, al brillo kistch de Eurovisión y al frío absoluto tras el asesinato de los abogados de Atocha.

Sin embargo, el verdadero campo de batalla es el cuerpo y la mente de Josi. Incomprendida por su familia, Josefa escapa de las convenciones para abrazar la libertad y el derecho a no ser “como los demás”. En su recorrido aparecen también la salud mental y la soledad, abordadas con una lucidez que duele y, al mismo tiempo, reconcilia. Y en ese trayecto íntimo se produce un choque constante entre el erotismo y la fe, entre el deseo propio y la herencia religiosa que la acompaña.

No dejarse domesticar

‘Bailando lo quitao’ es una lección de vida. A través de los ojos de esta mujer que vivió avanzada a su tiempo, Milán reivindica que la vida no se negocia. Y recuerda que no debemos dejarnos domesticar ni por los hombres, ni por el miedo, ni por las expectativas ajenas.

Es una novela que se lee con la urgencia de quien tiene sed, dejándonos con ganas de haber compartido una caña más con Josi en cualquier bar de Madrid. Al cerrar el libro, tienes la certeza de que debes vivir sin pedir permiso y seguir tu propio compás. Porque, al final del día, lo bailado —y lo “quitao”— es lo único que nos pertenece.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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