Hubo un tiempo en el que tener treinta años significaba tener una hipoteca, un coche familiar y todas las respuestas. Hoy, significa tener ansiedad, tres suscripciones a plataformas de streaming y un miedo atroz a abrir las cartas de la Seguridad Social. María del Castillo (MACAS) ha decidido que, ya que estamos perdidos, al menos vamos a reírnos de ello. En su primer cómic, esta referente de la animación en TikTok e Instagram disecciona con una honestidad brutal (y un poco de disociación creativa) lo que supone enfrentarse al mundo real. Entre confesiones sobre el ghosting y el drama de ser autónoma, María nos regala una entrevista que es, en esencia, como esa caña con una amiga en la que terminas confesando que todavía no sabes cómo funciona una lavadora.

Pregunta: En primer lugar, enhorabuena por haber publicado tu primer cómic. ¿Cómo te sientes ahora que por fin ha salido a la luz?

Respuesta: Muy bien, ha sido muy divertido. Llevaba un tiempo queriendo publicar un cómic, pero nunca lo había hecho porque requiere mucho trabajo. Me ha venido bien contar con la presión externa de la editorial: tener una fecha de entrega y un contrato firmado.

P: En el cómic cuentas un poco cómo te propusieron la idea. ¿Te esperabas hacer algo así en algún momento?

R: No me lo esperaba para nada. Empecé a subir vídeos más bien por hacer algo con mi vida, y nunca imaginé que un año después estaría publicando un cómic.

P: Además, en el cómic te muestras bastante como eres como persona. ¿Te resultó difícil decidir qué mostrar y qué dejar fuera de tu vida?

R: Cuando salió el libro, e incluso un par de semanas antes, le decía a mis amigos: ‘¡Buah, qué vergüenza que esto se vaya a publicar, y no sé si he contado demasiado!’. Porque sí es verdad que hablo de gente —no digo nombres, pero ellos se darán cuenta de que son ellos— y eso me daba un poco de cosa. 

El cómic lo escribí casi entero del tirón en dos meses y apenas salí de casa, así que llegó un punto en que ya estaba un poco disociada y no era consciente de que no era solo para mí, que se iba a publicar y que lo iba a leer cualquier persona.

P: Te siguen miles de personas en redes sociales. ¿Cambia tu forma de crear cuando sabes que hay tanta gente al otro lado esperando reconocerse en lo que haces?

R: Un poco, la verdad. Me di cuenta de que el vídeo que más había gustado es en el que hablaba de un chaval con el que estuve hablando y al que le hice ghosting. Sabiendo eso, piensas: ‘vale, pues voy a contar más cosas de mi vida’. Por un lado me apetece, pero por otro no sé realmente quién está al otro lado viéndolo.

P: En el cómic reflejas muy bien el paso a la adultez. Al final, nadie nos ha enseñado a ser adultos… ¿Qué te gustaría que sintiera el lector al cerrar el libro una vez lo haya leído?

R: Me gustaría que quien lo lea se vea reflejado en él, que sienta que muchas de las cosas que cuento también las ha vivido y que no está solo. Y, sobre todo, quería que el cómic tuviera esa sensación de cuando quedas con una amiga a la que hace meses que no ves y pasáis una hora hablando de vuestras cosas.

P: Hay un tema que tratas en el cómic que me ha gustado mucho y con el que me siento bastante identificada: el de los impuestos, la cuota de autónomos, las trimestrales… Hacienda es uno de los personajes que está presente en el libro. ¿El humor es una forma de sobrevivir a esa ansiedad económica constante?

R: La verdad es que sí, porque justo cuando estaba escribiendo el cómic estaba tiesa. De hecho, recuerdo que recargué el bono de metro y tuve que pedirle dinero a mis padres. 

Soy más graciosa cuando estoy viviendo esa situación; igual ahora que ya me han pagado, no me saldrían esos chistes.

P: Otro de los temas que aparecen en el libro son las redes sociales y la toxicidad que generan, sobre todo por la comparación constante con la vida de los demás. En tu caso, además, te dedicas a ellas y te expones bastante. ¿Cómo convives con eso sin llegar a desaparecer de las redes?

R: Tienen algo que te saca sentimientos que no sabías ni que podrías tener. Cada vez que veo a alguien subiendo contenido de animación me entra una especie de angustia, un miedo a que me quiten el sitio, a tener que ser mejor que todo el mundo. Luego lo pienso y digo: qué chorrada. Me encanta que la gente haga animación y, en realidad, yo no soy así ni tampoco quiero ser así. 

P: Sobre la vivienda —ahorrar para una casa que parece inalcanzable, vivir para trabajar—, ¿cómo te enfrentas a dibujar algo que a veces resulta tan desesperante?

R: Es más divertido cuando te resulta desesperante, porque te pones a dibujar y salen cosas más auténticas. A mí me daba un poco de reparo hablar sobre la vivienda, porque no he vivido la experiencia de tener que buscar piso con angustia: vivo en casa de mis padres y estoy muy a gusto, y las veces que me he ido a un piso ha sido más por las risas que desde esa sensación de ‘me quedo sin casa’.

P: Ahora que Cómo convertirse en un ser (casi) funcional ya está en librerías, ¿qué te apetece seguir explorando como creadora?

R: Me encantaría seguir haciendo cómics. No sé si me van a dejar, pero yo voy a dar la turra hasta que me dejen. Me gustaría irme de viaje y luego contarlo, eso me haría muchísima ilusión. También quiero seguir haciendo vídeos y, a largo plazo, sacar piezas más largas y producciones más serias.

P: Y ya por último, empezaste Arquitectura, pero no era lo tuyo. ¿Qué le dirías a alguien que se da cuenta de que su carrera no es lo que esperaba?

R: Opino desde una posición un poco privilegiada, porque yo pude dejar Arquitectura gracias al apoyo de mis padres. Sabía que, aunque tardará un año más en encontrar otra carrera o un trabajo, no pasaría nada porque ellos podían cuidarme. Pero siempre voy a apostar por la versión bonita: tienes que hacer lo que te guste en la vida. Si algo te apasiona, ve a por ello, ¿vas a pasar toda tu vida haciendo algo que no te gusta?

TEST ADULTO FUNCIONAL O ADULTO EN PRÁCTICAS 

¿Cuándo tienes que hacer la declaración de la renta?

  1. La haces tu sola y sin llorar 
  2. Aguardas hasta el último momento para hacerla. 
  3. Buscas a alguien que te ayude

R: A mí me la hace mi padre. O sea, yo hago clic con el ratón, pero es él quien me va diciendo ‘suma esto’ o ‘haz lo otro’. Y fíjate que ya he hecho unas cuantas y debería saber lo que hago… pero no.

¿Tus plantas sobreviven más de 6 meses? 

  1. Sí, he incluso hablo con ellas
  2. Algunas, pero otras se han ido al otro barrio 
  3. No tengo plantas y tampoco pienso en ello

R: No tengo plantas porque se me mueren literalmente al instante. Cada vez que me han regalado una, no me ha durado ni una semana.

Cancelar un plan para ahorrar o descansar: 

  1. Lo hago sin remordimientos 
  2. Lo hago, pero me siento culpable
  3. Nunca, aunque me desmaye al día siguiente

R: Depende de la semana. Hay semanas en las que vuelvo a casa y, diga lo que diga quien sea, me meto en la cama. Y otras en las que no sé cómo lo hago, pero igual pasó tres días durmiendo solo dos horas porque se van enlazando los planes.

Tienes un ahorro para emergencias: 

  1. Si
  2. Algo
  3. ¿Ahorrar? ¿Qué es eso? 

R: Sí que tengo, porque el verano lo pasé tan mal que dije ‘nunca más’. Por eso casi todo lo que gano lo ahorro, porque nunca se sabe cuándo dejarás de cobrar. 

¿Cocinas?

  1. Sí, y me sale algo comestible
  2. A veces sobrevivo a base de delivery 
  3. No, vivo gracias al microondas

R: Solo como comida decente si la hacen mis padres.

RESULTADOS: Adulto improvisado, bienvenida al club de la supervivencia: el caos es parte del viaje.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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