María Pérez Heredia se erige como una voz joven en el thriller español a la par que un revulsivo del género de la novela negra. Su método: la construcción casi poética y alegórica de una ambientación que se cocina a fuego lento mientras el mundo alrededor se va envolviendo, progresivamente, en el caos irreversible. Con un talento precoz para la elaboración literaria, y todo lo aprendido como profesora de Literatura Española, Pérez Heredia se suma al grupo de voces innovadoras, sobrecogedoras y ágiles sin renunciar, por ello, al lirismo.
Éxito temprano y talento precoz. Son dos palabras clave para definir a Pérez Heredia, que, con solo diecinueve años, ya se había logrado hacer un hueco en el mercado literario gracias a su trabajo narrativo, Esos días raros de lluvia (2013), una historia que se adentra en los terrenos de la incertidumbre mezclada con la profundidad emotiva, resultado de la garra y el deseo de escribir por puro disfrute.
Cuatro años más tarde, en 2017, vería la luz su segunda novela, Starman, el peculiar ascenso de un camarero que termina convertido, sin saber muy bien cómo, en una estrella del cine hollywoodiense.
Su incursión en la novela policíaca comienza en 2023 con la publicación de Pirineo Noir, una de las más aplaudidas por la crítica por el tesón con que entremezcla lo oscuro con lo cotidiano; la manera en que se unen bajo lazos de misterio, nieve y lluvia el presente y el pasado con el telón de fondo de una localidad rural, mientras el futuro cobra forma y se gesta en el vientre de la protagonista, Alice Lecrec. Aquí se puede intuir el talento de María Pérez Heredia para trabajar a los caracteres: no es un thriller al uso, sino que se alimenta de la narrativa lenta que ya exploran otros autores como Joël Dicker. La psicología, sin dejar de ser ágil, lírica y pausada, a menudo también entremezclada con el sarcasmo profundo y las trampas mentales, son elementos clave para comprender a sus caracteres, tan profundamente humanos a la vez que marcados por la oscuridad de un trasfondo de montaña impregnada del aroma de la sangre de una historia imposible de dejar atrás.
Pregunta: ¿De qué tratará esta nueva novela, Fiebre? ¿Seguirá la misma línea de Pirineo Noir?
Respuesta: Fiebre es una continuación directa de Pirineo Noir. Se puede leer de forma independiente, pero sigue a los mismos personajes desde el punto donde terminó la primera novela. Es una historia nueva que vuelve al pasado, aunque con una narración muy anclada en el presente, con dos espacios narrativos diferentes que siguen de cerca tanto a Alicia Lecrec como a Ana Castán, dos personajes que ya aparecían en el primer libro.
P: Cuando empezaste a escribir novela negra, ¿qué fue lo que más te atrajo del género?
R: Me gustaba mucho leer novela negra. Era un género que me atraía tanto en el plano literario como en el cinematográfico. Quería escribir algo que me permitiera avanzar, y esta fue la mejor opción para mí.
P: Hablando sobre la publicación de tu primera novela, ¿cómo te sentiste al saber que, con solo diecinueve años, habías conseguido publicar siendo una autora tan joven?
R: La verdad es que fue algo que me llenó de mucha ilusión, como debía ser. Me pareció increíble, y sentí que todo estaba por empezar. En ese momento no me planteaba si podía hacer algo productivo, solo quería escribir. Luego me propusieron publicarlo y, claro, acepté encantada, pero no imaginaba que seguiría publicando años después, ni que mi libro estaría en tiendas de otras ciudades, o que lo vería en un escaparate camino a casa. Eso fue toda una sorpresa. Siempre había querido hacerlo, y poder lograrlo tan pronto fue muy gratificante.
Siempre me ha gustado la novela y el cine negros, y quería crear algo que me permitiera seguir creciendo como escritora
P: ¿Qué fue lo que inspiró la historia de Alice Lecrec en el Pirineo?
R: Nada en concreto, en realidad. Fue saliendo con diferentes cosas de aquí y allá, pero tenía ganas de ambientar una historia entre Francia y España con un personaje que anduviese a caballo entre ambos países y una identidad un poco dividida. Era un tema que me interesaba porque, en cierto sentido, me representa a mí misma
P: Entiendo que la inspiración viene dada también por el entorno en el que vives.
R: Bueno, no. Nunca he vivido en el Pirineo ni cerca de allí. Es decir, lo he visitado mucho, pero nunca he tenido mi residencia allí. Cuando escribí Pirineo Noir vivía en Grenoble, que tampoco está cerca del Pirineo. Pero, no sé, en ese momento me apetecía trasladarme a esa frontera entre Francia y España.
P: Ahora hemos visto que en Fiebre está ambientada en el País Vasco, también en el norte de España.
R: Así es. Pirineo Noir se ambienta en el Pirineo Aragonés, pero Fiebre se traslada a Zaragoza y a Biarritz (País Vasco), en la frontera con Francia.
P: ¿Y hay algún otro territorio o lugar en el que te gustaría ambientar futuras novelas?
R: En Galicia, por ejemplo. Conozco muy bien aquello porque llevo años casada con un gallego. También en París, es una ciudad que me encanta. En general, hay muchísimas ciudades del mundo que me atraen, algunas de ellas en Asia. Mi segunda novela (Starman) está ambientada en Estados Unidos, así que se puede ver que me gusta viajar muchísimo.
P: La crítica ha hablado muy bien de ambas novelas, Pirineo Noir y Fiebre, porque, por así decirlo, tienen un tono bastante revolucionario dentro del thriller español. ¿Sientes que, de algún modo, has tocado una cuerda que ha dado la vuelta al género, que tradicionalmente se ha entendido como una novela rápida?
R: Bueno, yo creo que eso es bastante ambicioso. Además, estoy empezando en la novela negra, y mi idea no es revolucionar el género ni darle la vuelta, sino hacer algo bien hecho y que guste. Lo que creo que se ha valorado de Pirineo Noir —y espero que pase igual con Fiebre— es que es un thriller muy literario. Cuido mucho el lenguaje, la narratividad, el ritmo… todo eso mezclado con lo que es la novela policíaca tradicional. Quizá esa profundidad que intento aportar viene también de que provengo de otra literatura; es mi forma de escribir.
No busco darle la vuelta a las cosas o revolucionarlas, sino escribir algo que esté bien hecho y que guste a los lectores.
P: ¿Hay algún rasgo propio tuyo que se haya plasmado en el personaje de Alice Lecrec?
R: Pues, seguramente tengamos más cosas en común de las que yo misma creo. Aunque ella es un personaje y yo una persona real, y creo que somos bastante diferentes. Sí es cierto que ambas somos escritoras. Alice, en la novela, también tiene una vida en pareja importante y un carácter emocionalmente muy estable. Además, hay un detalle: a Alice le encanta darse baños y pensar largo y tendido en la bañera. Eso es algo directamente mío.

P: Y, en cuanto al personaje de Ana Castán, ¿cómo es escribir sobre una mujer que fue dada por muerta y reaparece treinta años después? ¿De dónde surgió esa idea?
R: En realidad, fue algo que fue surgiendo mientras construía la novela y los flashbacks. Me di cuenta de que el camino de Ana tendría que ir por ahí; todo lo demás se desarrolló de manera muy natural. Me apetecía explorar la amistad entre dos chicas adolescentes en un entorno rural y oscuro, y ver hasta dónde podía llegar… y ese fue su destino.
P. También se habla mucho de la dualidad que hay entre ambos personajes. Una como complemento de la otra.
R: Sí, son personajes complementarios y opuestos a la vez, pero ambas han vivido circunstancias muy diferentes. Aunque partieran de ciertas similitudes, las experiencias de Ana fueron mucho más duras que las de Alice, y en parte eso es lo que las condiciona. Además, en mi opinión, hay cierta maldad inherente en la propia hija de Marzal Castán que la protagonista no tiene.
P: Si tuvieras que elegir, ¿cuál es el momento que más te ha gustado escribir de cualquiera de esta dos novelas?
R: Las escenas de la prisión. Los diálogos que transcurren en la cárcel, las visitas de Alice a Ana, son realmente interesantes. Me lo pasé muy bien elaborándolas.
P. ¿Cuál es el motivo detrás del título Fiebre?
R: La novela se adentra mucho en la exploración de esa «fiebre» que nos posee y que nos lleva a actuar de forma irracional, que en algunos casos puede incluso a matar. Es una exploración de la naturaleza oscura del ser humano.
Fiebre habla de esa oscuridad que nos posee y nos lleva a actuar de forma irracional en determinadas circunstancias.
P: ¿Crees que la nueva generación de escritores de thriller, el mismo al que te dedicas tú, está reescribiendo el noir de forma diferente a los clásicos del siglo XX?
R: Bueno, habría que verlo. Lo que publican autores más jóvenes, a nivel internacional, probablemente sí tenga un tono diferente que se nota. Me refiero a escritores que ya tienen treinta o cuarenta años y que están haciendo cosas muy distintas, pero suelen ser autores reconocidos, como Joël Dicker o Gillian Flynn. Aunque el mayor cambio en el género negro se ha dado, sobre todo, en el cine, algo que empezó hace unos años.
P: ¿Tienes algún referente narrativo particular a la hora de trabajar en tus proyectos?
R: Claro que hay muchos. Pero en lo que es el thriller, que es en lo que estoy trabajando ahora, me inspiran muchísimo Gillian Flynn y Jo Nesbo, especialmente por todo lo que representa su trabajo y su gran personaje, Harry Hole.
P: Ahora que has alcanzado una madurez literaria, ¿cómo va la inspiración para nuevos proyectos?
R: Pues la verdad es que todo es cada vez más metódico y menos libre. Aunque me inspire menos, escribo lo que me apetece, pero siempre partiendo de una planificación e investigación previas… casi como un guion. Luego paso a la fase de redacción. Pero sigue siendo muy divertido. Creo que estoy encontrando un ritmo con el que me siento cómoda.