Irene Cuevas

Irene Cuevas publicó el pasado 3 de octubre ‘Un momento de ternura y de piedad’ con el sello Reservoir Books. La novela nos presenta a una asesina cuyo trabajo consiste en matar abuelas por encargo de los propios hijos varones de las mismas. Comentamos con la autora la reciente publicación, así como la ternura, la maternidad y los crímenes que ha desempeñado dentro de la narrativa

Pregunta: La trama presenta la idea de una mujer que es pagada para matar ancianas. ¿Cómo surge esta idea de que sean las mujeres mayores en la última etapa de sus vidas el objetivo de estos crímenes?

Respuesta: Eso surgió de una pesadilla que tuve, al día siguiente tenia que hacer un relato para una clase de escritura creativa de género negro. Lo escribí hace ocho años en una noche en la que tuve un delirio febril, y había tomado paracetamol. No sé por qué salió una asesina que mataba ancianas para salvar a la madre. Por aquel entonces, el relato se llamaba Pesadilla, y cuando lo retomo años después intento hacer de ese relato una novela y ya empiezo a ordenar los elementos. 

P: Se mencionan en la trama crímenes perfectos y brebajes con drogas. ¿Seguiste alguna documentación específica para trazar estos crímenes?

R: Fue un poco intuitiva pero también hablé con psiquiatras y con farmacéuticas que me dijeron algún tipo de combinación mortal, ya que estamos rodeados de gente que sabe como matar a otras personas, y que son médicos y farmacéuticos… Un par de amigos, Álvaro y Marta, me dieron combinaciones de fármacos y de lo que me di cuenta es que es muy fácil matar con medicamentos cotidianos y con fármacos que tenemos todos en casa. Quería jugar con esto y con los medicamentos que la madre utiliza para intentar matarse, y la asesina los recolecta para matar ancianas, como una especie de reciclaje. 

P: Uno de los personajes de la novela, Lucia, está inspirado en la aclamada escritora Lucia Berlin. ¿Por qué decidiste hacer una caricatura de la escritora en esta novela?

R: Elijo a Lucia Berlin porque es una de mis escritoras favoritas en el mundo. Entonces, cuando se me ocurre la idea, que eso surgió de una manera totalmente improvisada, de que este libro iba a ser una especie también de homenaje a esas escritoras que me encantan, de repente pienso en qué escritora puedo poner en el centro. Me encantaba Lucia Berlin, y sobre todo me gustaba mucho su vida, me gustaba mucho el conflicto que ella tenía con sus hijos en la vida real, de alguna manera sus hijos en entrevistas contaban que habían tenido algún tipo de problema con ella y decían que no había sido la buena madre que hubieran querido que fuera, aunque la amaban y la adoraban. Cuando me pongo a pensar en estas ancianas que puedan tener algún tipo de conflicto con sus hijos sale ella la primera.

P: Entre otras de las escritoras referenciadas dentro de la novela se encuentran Sylvia Plath, Patricia Highsmith, Dianne di Primma, Anne Sexton. ¿Qué viste de especial en ellas, en estas grandes escritoras de la literatura universal?

R: Lo mismo pasa con ellas, me he dado cuenta después, al acabar la novela, que todas ellas eran algunas de mis escritoras favoritas pero también eran las que más me habían puesto contra las cuerdas como lectora, en el sentido de que habían tenido una vida muy difícil y se lo habían hecho pasar bastante mal a sus familias en el caso de Anne Sexton a su hija, Sylvia Plath cuando se suicidó con sus hijos, o Patricia Highsmith, que era racista y misógina, un poco conflictiva para mí como lectora. A la hora de hacer el homenaje con ella también lo viví desde ahí, desde esa perspectiva de que me encantan y me ponen entre las cuerdas pudiendo entender que alguien quisiera matarlas. 

P: Háblame de tus personajes, ¿qué aspectos significativos trazaste en ellos?

R: Las ancianas las tracé en el momento en el que quiero hacer el homenaje a las escritoras que amo, las trazo en base a su vida y a la ficción que quiero construir de ellas, de tal manera que biografía y ficción se mezclan, no sabes qué ha pasado en su vida real y qué he inventado yo. Me interesaba mucho que las tres ancianas, una de ellas basada en Diane di Prima, otra en Patricia Highsmith y la última en Lucia Berlin, tuvieran una personalidad dispar. Y yo creo que sí que encaja, Patricia es una anciana más cabrona, Dianne es más buenecilla y Lucia es un personaje muy misterioso y peculiar. 

P: ¿Concebiste desde el principio a estas escritoras dentro de tu primer borrador?

R: En el primer borrador empecé a hacer esa historia sin ese homenaje debajo, y lo que pasó es que hice una anciana muy aburrida, la primera que salió. Y pensé que había que darle una vuelta, y entonces coincidió que estaba leyendo Memorias de una beatnik, de Diane di Prima, así que pensé que era interesante empezar a construir un personaje que tuviera ese pasado, y entonces pensé que por qué no era esto el inicio de un juego literario con Diane di Prima y comienza así el homenaje. 

P: ¿Cómo fue el proceso para escribir la novela?

R: Con el tiempo me he dado cuenta de que es una novela de duelo, la madre está en un duelo por su propia vida, la asesina está en un duelo anticipado por su propia madre y Lucia está en un duelo perpetuo, están todos los personajes en duelo, incluso el amigo que trabaja en la tienda de alimentación. La novela la escribí en un momento muy malo de mi vida, pasé dos años metida en una absoluta crisis depresiva y lo que me salvó fue el humor negro. Entonces me parece muy interesante el enfoque del humor negro como tabla de salvación donde solo me quedaba el humor. Yo siempre digo que escribí esta novela en un estado de supervivencia, me gusta ver los personajes como que están intentando sobrevivir a algo que les va a pasar o les ha pasado en la vida, y yo estaba en ese proceso. Que los personajes se enfrentarán a situaciones complicadas me ayudaba también a mí a enfrentarme a las cosas. 

P: En la novela comentas el vínculo de codependencia entre los hijos a los padres y al revés, cuando los padres son mayores y dependen de que los hijos les cuiden, ¿existe una responsabilidad por parte de los hijos con los padres?

R: La novela surge con ese conflicto de los hijos que no quieren ser cuidadores, que estarían bien, si no lo quieres ser, no hagas la función de cuidador, pero en este caso no quieres ser cuidador, quieres matar a la madre para no tener que cumplir con esa función. Y van llamando a la asesina para matar, creo que es una novela de mucho apego feroz entre madres e hijas. En el caso de la protagonista con la madre, la madre es totalmente dependiente de la madre y al revés: tienen un monstruo entre las dos. Y la hija al final es la madre de su madre, la que le cuida a ella.

P: Entre las reflexiones del libro se cuestiona hasta dónde es capaz de llegar un hijo para que desee que maten a su madre con el pretexto de no cuidarla. ¿Cómo es llegar a ese punto y querer exponer ese tema dentro de la historia?

R: A mí me gusta mucho la ficción como un juego, lo veo como un tablero de ajedrez, yo dispongo los elementos para jugar un poco. Quería ver qué pasaba si yo ponía un conflicto entre madres e hijos varones. Me interesaba mucho ese vínculo, se ha hablado mucho en la literatura de madres e hijas, pero sentía que había un hueco gigante en esas relaciones de madres e hijos que me parece muy interesante. Sin saber muy bien cómo iba a funcionar estas madres e hijos los puse en el tablero, entraban en conflicto pero también se me juntaban, no sé por qué. Yo lo que veo en estos hijos es que quieren la muerte de sus madres pero en el fondo de ello hay un amor enorme a la madre, me generaba un conflicto a la hora de escribir la novela y era lo más interesante. Que por un lado estás de parte de las madres pero por otro lado puedes llegar a entender a los hijos, el conflicto que tienen. A mí me gusta que los personajes se vean humanos, que fallen, incluso la persona más increíble puede darse la vuelta y ser otra persona. 

P: La maternidad es uno de los ejes de la novela, un tema muy presente en la literatura y a la vez muy personal. ¿Cómo fue tratar este tema?

R: Yo siempre cuento que para hacer este libro hice la antítesis de mi madre, la tuve que construir. Me interesaba mucho acercarme a ese contrario que no era mi madre, que es una madre totalmente disfuncional, como si yo hubiera tenido que entrar en el papel de cuidar a una madre de la manera en la que cuida la protagonista, ¿llegaría al punto de poder matar a alguien? Me parecía un dilema moral muy interesante que plantearme, y lo puse ahí para ver qué ocurría, esa sensación de ver que pasa con eso. También me preguntaba que, si estuviera en una situación precaria como la protagonista, ¿mataría o no mataría?

P: Has publicado relatos anteriormente en 2011 y 2013, pero este es tu primer libro publicado, ¿cómo convertiste este cuento en un libro? 

R: Esto era un cuento antes, y es un cuento que yo intenté hacer novela durante muchos años hasta que un día lo conseguí en el marco del máster de Narrativa en la Escuela de Escritores. Yo tenía una clase de proyectos y tenía que enfocarlo hacia una novela, cojo este cuento porque me desgarraba por todos lados, y yo sabía que había una novela detrás, había una voz interesante, había un personaje que me lo estaba contando y yo quería saber más. Siempre que hay un personaje del que quieras saber más, hay una novela y me planteé que quería acompañar a este personaje. Aunque surge como un proyecto final de máster que nunca llegue a completar en el máster: lo hice después. 

P: Uno de los aspectos más llamativos de la obra es su propio título, Un momento de ternura y de piedad. ¿De dónde viene ese título?

R: El título surge en una clase dentro del máster de Narrativa que se llamaba Escritores y Artistas, que la daba Fernando Castro Flores, y en medio de esa clase nos puso un especie de videoclip de Beyoncé en el que salía acunando a un niño vestida de virgen. Era un niño negro pero estaba pintado de blanco con pintura, era muy curiosa la imagen. El profesor se paró y dijo «Mira, aquí tenéis un momento de ternura y de piedad», yo que estaba apuntando todo pensé que lo que realmente había era un título. Siempre digo que los “robo” normalmente, me gusta mucho que vaya por la calle y me interpele algo y se convierta en un título, lo cogí pensando que en ese momento todo lo que escribía yo eran momentos de ternura y de piedad. Lo cogí para un libro de cuentos, pero el día que se lo puse a la novela pensé que era el título para esa novela, y me gusta mucho como hace el contraste con Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfeg, que era una de las bases de la novela en la primera versión. Y la portada es de un cuadro de Pepe Baena Nieto, autor que hace bodegones millennials y estaba en sintonía con la imagen que yo quería para la portada.

P: ¿Puedes mencionar algunas piezas que te sirvieron de inspiración para trazar la historia?

R: Para la novela tuve referentes audiovisuales como Fleabag y In My Skin, es una serie muy bonita de Filmin, en la que también hay una relación madre-hija muy disfuncional con una madre que tiene una enfermedad mental y todo el rato va entrando y saliendo del hospital psiquiátrico. Y escritores contemporáneos que también me sirvieron de base fueron Lolito de Bren Brooks en ese tipo de escritura muy fluida, y novelas como Vamos a morir todos de Emily Austin y, bueno, Ottessa Moshfeg y mi escritora favorita del mundo que es Katie Acker. 

P: Y por último, ¿nos puedes adelantar si estás trabajando en algún otro proyecto?

R: Estoy trabajando en un libro de relatos que saldrá publicado pronto, el próximo año. Llevo trabajando en él entre cinco y seis años, para mí lleva mucho tiempo escribirlos ya que eliges un cuento, al año siguiente haces otro…Tienen una misma temática, van sobre un mismo concepto.

Por Angélica Ramos

Estudio el doble grado de Periodismo y Humanidades en la UC3M. Desde pequeña me ha encantado devorar historias ya sea entre páginas o mediante el séptimo arte. Ig: @angelica_rams

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