La autobiografía de este artista será llevada a la pantalla a nivel mundial con la participación creativa de Julio Iglesias durante este proyecto, que todavía se encuentra en fase de desarrollo.

Que la noticia (sólo) sea que Julio iglesias ha dado el visto bueno a grabar un biopic, da cuenta del tipo de interés, (mayor que el de cualquier despiadado banco), que la plataforma tiene puesto en este propósito. Sabedores de que la mayor parte de lectores de este artículo, y consumidores de Netflix, mezclarán a padre e hijo (Enrique I de la dinastía Iglesias) y de que todo ello sonará a siglo XX, como si fuese una prehistoria casi neandertalesca; incluso así, son conscientes de la gran oportunidad que tienen entre manos.

Julio Iglesias, 81 años, tiene tanto récords, que tendrían que darle el récord al mayor número de récords (así, redundantemente). Algunos, los artísticos, están registrados convenientemente; otros están socializados y aceptados sin contrastar, y porque la mayoría son de dudoso gusto (todo pasa por el exceso, claro). Que el cantante, mas bien su equipo legal, quiera controlar el contenido, señala que la época donde, como pasase en sus dos anteriores películas, (La vida sigue igual y Me olvidé de vivir) cuya finalidad era para mayor gloria y propaganda de su persona, ahora no se recurra a la misma fórmula y tengan que asumir que asomen trazos más oscuros.

Desde luego, hay donde rascar. Un futuro portero del Real Madrid, (su auténtica pasión), tiene un accidente de coche; para sobrellevar la convalecencia, toca la guitarra. A raíz de tocar, compone canciones y después se convierte en una estrella de la canción a nivel mundial. Y eso es solo el principio. Porque el fenómeno Julio Iglesias, sobre todo en los años 70-80, donde la globalización no existía y sí la capa de ozono, es innegable. Enumerar sus logros, colaboraciones, premios, reconocimientos, condecoraciones, convertirían este artículo en otra página de Wikipedia.

Julio Iglesias, en su avión privado, haciendo alarde del crisol de cultura gastronómica

En cualquier caso, dicho de sí mismo, un artista único que reconoce que no sabe cantar ni tiene calidad suficiente para ello, y sin embargo, posee un estilo que ha triunfado como pocos. Tuvo el acierto y la habilidad de afianzarse en el mercado norteamericano. También hay que reconocer que ha grabado sus canciones en doce idiomas. Cualquiera no puede. No se mueve en el escenario, ni crea un espectáculo multicoreografiado con muchos aspavientos, pero el público se sumerge en su carisma. Trabajador incansable, meticuloso hasta la extenuación.

En una ocasión, y esto lo contaba el Dúo Dinámico, compositores de algunos de sus temas, se compró una finca en Las Bahamas. Por supuesto con playa privada. Al parecer en ese trocito mar, unas abundantes algas, proporcionaban, de manera inofensiva y efectiva, equilibrio al ecosistema. Pero a Julio le parecía que afeaban mucho las vistas; o sea, sus vistas. Resultado: llamó a una empresa para que, mediante excavadoras, eliminasen cualquier verdor, quizá otro color, que molestase la mirada de la estrella. Es decir: atentado ecologista en toda regla. Pero ellos lo contaban como fans incuestionables, intentando establecer el paradigma de perfeccionismo de su amigo.

Y esto que sólo sirva de ejemplo. Hay más, muchísimo más. Habrá que esperar al resultado final. Esperemos que merezca la pena.

Por Lou Prieto

Bilbaíno, con diptongo (es lo que hay). Superviviente ya desde un hostil útero materno. Convertido en periodista y en un súper hombre Nietzschiano. Una vez acabe este viaje vital de reconocimiento en la tierra, volveré a las estrellas.

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