Un arte que se aprende y se enseña

En pleno siglo XXI, el arte del flamenco es una parte esencial en nuestra cultura, gracias tanto a los grandes artistas, como a los profesionales que dedican su vida a mantenerlo vivo

El flamenco, ese arte que actualmente es conocido en todo el mundo, nació y se desarrolló por los pueblos de Cádiz, Sevilla, Huelva, Granada y Córdoba a partir del siglo XVIII. Poco a poco se fue extendiendo por todos los rincones del planeta, llegando a tal nivel de popularidad que en el año 2010, la UNESCO lo declaró patrimonio de la humanidad.

Si hablamos de este en profundidad, podemos decir que tiene tres facetas principales. El cante, el toque y el baile, a raíz de los cuales podemos destacar innumerables nombres de artistas como Camarón de la Isla, Lola Flores, Paco de Lucía o Sara Baras.

Todos y cada uno de ellos, son los que motivan a los jóvenes de hoy en día a mantener más vivo que nunca este arte centenario. Llegados a este punto, deberíamos destacar la función de todos aquellos que se dedican a enseñar todos los secretos del flamenco.

Una vez terminado el verano, empieza de nuevo el curso con nuevas ilusiones y objetivos. A lo largo de todo el territorio andaluz, existen innumerables academias de baile, cante o toque flamenco, cuyos profesores se dejan la piel día a día para que sus alumnos, desde el más pequeño al más grande, aprendan a taconear como los verdaderos profesionales.

Sin salir de la provincia de Málaga, tenemos academias como La escuela de Flamenco Andalucía. Su director, José Lucena, es uno de los bailaores más reconocidos de la provincia. Terminó sus estudios con matricula de honor en el conservatorio superior de danza de Málaga y a lo largo de toda su carrera, ha conseguido hacerse con innumerables premios, además de ganar una fama mundial junto a su compañía flamenca.

Pese a que su especialidad sea el baile, en su academia no se le da la espalda a las demás facetas del flamenco, y por ello, José Lucena se encarga de que sus alumnos se conviertan en verdaderos cantaores, bailaores y tocaores.

Cerrando un poco el círculo, podríamos hablar del Estudio de Baile Flamenco Pilar Soto. Situado en la barriada de Nueva Málaga, Pili como todos sus alumnos la llaman, abrió en el año 2000 las puertas de su escuela, acogiendo desde entonces a alumnos de todas las edades, que taconean a su son, algunos incluso desde los cinco años.

Pili comenzó sus estudios de baile profesional cuando tan solo tenía 12 años, y actualmente continua con ellos. Además, comparte esa labor de enseñar con Ana Cristina De los Reyes, quien comenzó a formarse en esta propia escuela con nueve años, y más tarde terminó sus estudios en el Conservatorio de Málaga, donde además obtuvo una titulación en pedagogía de la danza.

Cada día, acogen con ilusión a todos y cada uno de sus alumnos, y se esmeran en cada paso para preparar hasta tres espectáculos al año e incluso alguna que otra gala benéfica. Como estos dos, hay miles y miles de ejemplos sobre los que podemos hablar y gracias a los cuales podemos demostrar que en Andalucía nos sobra duende.

No hay duda de que todos y cada uno de esos alumnos, son los que mantienen encendida la llamada “forma de vida” como alguno de ellos ha llegado a definirlo. Hoy en día, el flamenco está más vivo que nunca, y seguirá estándolo durante miles de años más.

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