La secuela de la primera película de ‘Mortal Kombat’ llegó este viernes 8 de mayo a los cines. La gran pregunta es si ha estado a la altura.
La primera película de Mortal Kombat no fue especialmente bien acogida debido a su historia, ya que se alejaba bastante del videojuego. Aun así, terminó convirtiéndose en un éxito que llevó a Warner Bros. a apostar por una segunda parte.

La secuela de Mortal Kombat es justamente lo que promete: una continuación directa de la primera entrega, aunque entiende mejor la esencia del videojuego. La trama se centra mucho más en el propio Mortal Kombat que en el drama familiar, como ocurría en la primera película. Sin embargo, el film se toma demasiado en serio, pese a que tiene un tono claramente desenfadado. Quizá le ha faltado algo más de ese sabor a serie B que podría haber tenido y que la habría hecho aún más disfrutable.
La historia es muy sencilla: hay un villano llamado Shao Khan que quiere conquistar la Tierra y un personaje con gorro gracioso, Raiden, que intenta evitarlo. Es una premisa simple y directa, que no busca reinventar la forma de hacer cine. Aun así, la cinta conoce bien sus cartas y las juega con solvencia, convirtiéndose en una propuesta muy entretenida. El resultado es una película que funciona especialmente bien dentro de su tono y que, al menos a mí, se me pasó volando.
La mayoría de los personajes son los mismos que en la primera película, salvo por algunas incorporaciones. Entre ellas, destaca la llegada de Karl Urban como Johnny Cage y el personaje de Kitana, dos figuras que toman parte del protagonismo y se convierten en lo más interesante del metraje, especialmente Johnny Cage.
Karl Urban parece haber disfrutado especialmente su papel, algo que se refleja en sus escenas. Johnny Cgae resulta un personaje especialmente carismático, hasta el punto de que incluso se percibe cierta falta de presencia en pantalla.

La acción de la película es su punto más fuerte, aunque no se percibe un aprovechamiento total del potencial de «destrozar» a los rivales. Pese a ello, el film ofrece una buena cantidad de violencia explícita y coreografías de combate muy interesantes.
En conclusión, y sin entrar en spoilers, se trata de una propuesta que funciona notablemente bien. Johnny Cage asume gran parte del peso narrativo y, junto a la acción, consigue mantener el interés durante todo el metraje. Queda por ver si se materializa una tercera parte.