“No mires arriba”: la inevitable predicción de un futuro no tan satírico

No mires arriba es todo lo que deseamos no ver. Es la caída de ese velo colocado a conciencia por cada uno de nosotros.

Esta películas es tan buena en contenido, que no se puede describir de otra manera que como un golpe de realidad a las promesas del individualismo y al tan promulgado valor del positivismo moderno. Todo eso con el toque burlón y elocuente de una generación desesperada por la atención y el cambio . Y es que este film tiene dos opciones: o se convierte en la obra cúspide de la generación millennial y subsecuentes, o en su última advertencia. ¡Así de buena y necesaria es!

Además, hay que destacar el gran trabajo que ha hecho su reparto en la interpretación. Basta con decir que hablamos de actores de la talla de: Jennifer Lawrence, Leonardo DiCaprio, Meryl Streep y Jonah Hill. Quienes dan lo mejor de si, interpretando a cada personaje y conflicto interno.

Sin embargo lo mejor no es eso. Y es que la razón por la que esta película es tan buena es por el contexto en el que se nos presenta. Un contexto pandémico, repleto de crisis, decesos y discursos que intentan, con más vehemencia, anclarse a ideas antiguas y promesas irreales.

Necesaria justo por eso, porque a pesar de que llevamos un periodo relativamente largo en una emergencia sanitaria, todo lo que se ha presentado masivamente en arte, música o cine, no ha logrado englobar esta temática de manera tan cruda y directa.

Y es curioso porque, a lo largo de la historia de la humanidad, cuando una sociedad atravesaba un problema de magnitud similar, el arte siempre representaba las ideas sociales de la comunidad que lo atravesaba. Aun así, antes de esta película no dejaba de tener un sabor agridulce al ver como las representaciones artísticas de nuestra respuesta, frente a la amenaza colectiva de muerte, se ha limitado a una puesta en escena light, censurada de malestar o desesperación, contradictorio respecto al arte creado en otras pandemias.

Y eso precisamente es lo que no hace esta película. Es tan directa que se atreve a enviar mensajes subliminales repletos de comedia. Referencias exactas de discursos reales; construye estas voces con un perfecto balance satírico que converge mensajes pacificadores y promesas idílicas. Todas irreales y planteadas de manera absurda desde el primer momento, pero que sin embargo, determinan el futuro de la humanidad en el film.

Realismo mágico puro y duro. Un acontecimiento extraordinario que es normalizado por la población que lo vive. En esta dinámica el enemigo no es un personaje especifico, sino la agrupación de los mismos. Es el hombre creyendo su propia mentira de control absoluto. Es la promesa de poder sobre toda situación, el engaño de la grandeza humana que nos evita percibir el universo inhóspito y salvaje que habitamos. Una apuesta en la que un puñado de hombres arriesgan el futuro de todas las especies, incluida la suya. Una realidad llena de excesos y mentiras tan ridículas que en ocasiones parecen sacadas de la ficción, una tragicomedia vista desde la generalidad y una profecía que se parece, cada vez más, a nuestra propia realidad.

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