Los Javis regresan al cine con La bola negra, que llegará a las salas españolas el 25 de septiembre. La película conecta tres historias ambientadas en 1932, 1937 y 2017 para abordar el amor, la identidad y la memoria conectando a varias generaciones.

 

La bola negra, dirigida, escrita y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, es una producción original de Movistar Plus y Suma Content Films, en coproducción con El Deseo y Le Pacte y con la participación de Atresmedia. La película llegará a los cines españoles este viernes 25 de septiembre y, posteriormente, estará disponible en exclusiva en Movistar Plus.

La historia se construye a través de tres hombres, tres épocas y tres historias conectadas entre ellas por el amor, el deseo y la identidad. Carlos, Sebastián y Alberto viven en 1932, 1937 y 2017, respectivamente, en momentos históricos diferentes que condicionan la forma en la que pueden expresar sus sentimientos y vivir su identidad libremente. Sus vidas quedan unidas por experiencias marcadas por el deseo, los secretos, la pérdida y la necesidad de expresar su sexualidad libremente.

A medida que las historias avanzan, el pasado y el presente comienzan a entrelazarse y revelan cómo aquello que una generación no pudo decir o vivir libremente puede permanecer oculto durante años y afectar a quienes vienen después.

La película utiliza estas tres historias para explorar la memoria familiar y emocional, mostrando cómo los sentimientos pueden sobrevivir al paso del tiempo y cómo enfrentarse al pasado puede ser necesario para comprender el presente.

El reparto combina rostros consolidados junto a nuevas incorporaciones. Guitarricadelafuente debuta en la interpretación como Sebastián, acompañado por Miguel Bernardeau en el papel de Rafael y por Carlos González y Milo Qufies como Alberto y Carlos. El elenco se completa con nombres como Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close, junto a Natalia de Molina, Antonio de la Torre, Julio Torres, Lorenzo Zurzolo y Albert Pla

La idea de La bola negra nace de la unión de dos referencias literarias vinculadas a Federico García Lorca. Por un lado, su obra inacabada, centrada en el deseo, la identidad sexual y la dificultad de vivir libremente el amor. Por otro lado, La piedra oscura, de Alberto Conejero, que recupera la figura de Rafael Rodríguez Rapún y su relación con Lorca durante la Guerra Civil, marcada por el amor, la memoria y la represión. A partir de ambas obras, Los Javis construyen un relato propio que conecta distintas épocas de la historia de España.

Uno de los aspectos centrales de la película es la idea de que los sentimientos pueden atravesar generaciones. El amor, el deseo, el miedo o la necesidad de libertad no desaparecen con el paso del tiempo, sino que pueden dejar una huella en quienes vienen después. La memoria se convierte así en una herramienta para comprender el presente y enfrentarse a aquello que permaneció oculto durante años. 

Uno de los grandes aciertos de Los Javis se encuentra en la recreación de las distintas épocas y ambientes que atraviesan la historia. Desde la España rural de la Guerra Civil hasta la actualidad, la película consigue diferenciar cada periodo a través de los escenarios, el vestuario, la iluminación y el color.

 

 

Los pueblos, la naturaleza y los espacios de Granada y Cantabria contribuyen a crear una atmósfera que acompaña en todo momento a los personajes. También destacan los cambios de época, algunos especialmente bruscos, que conectan las diferentes historias y muestran cómo, pese al paso de los años, determinados conflictos permanecen. La fotografía sigue esta misma línea y utiliza los colores y la luz para reforzar el estado emocional de cada escena. La violencia de la guerra, además, se muestra de forma cruda, aumentando la sensación de tragedia que atraviesa el relato.

 

Las interpretaciones son otro de los puntos fuertes de esta película. Guitarricadelafuente, en su debut como actor, destaca especialmente por la emoción que transmite y por la evolución de su personaje. Junto a él, Penélope Cruz y Milo Qufies ofrecen interpretaciones que aportan intensidad a una historia marcada por el amor y la represión.

 

 

En general, el reparto consigue meterse en personajes condicionados por las normas sociales de cada época y transmitir el conflicto entre lo que desean vivir y lo que la sociedad les permite mostrar. La fuerza de estas actuaciones resulta fundamental para que la carga emocional de la historia llegue al espectador.

 

 

La música tiene un papel fundamental y acompaña la película desde sus primeros minutos. También la trompeta adquiere un significado propio dentro del relato y funciona como un elemento que acompaña determinados momentos de la historia. La música no se limita a acompañar las imágenes, sino que contribuye a crear el ambiente y a marcar la intensidad de cada escena. Junto a ella, la tristeza, el amor, la rabia y la frustración aparecen de forma constante, haciendo que la emoción sea uno de los elementos que marcan el ritmo de la película.

 

Amor, represión y memoria

 

En el centro de La bola negra está la homosexualidad y la dificultad de vivirla libremente en sociedades marcadas por la represión y el miedo. Las tres historias muestran, desde diferentes épocas, cómo el deseo y el amor chocan con las normas sociales, la familia y la necesidad de mantener las apariencias.

 

La bola negra funciona como un símbolo de rechazo que resume parte de ese conflicto, mientras que el recuerdo de Lorca y su obra refuerza la conexión entre el pasado y las historias que cuenta la película. Los Javis construyen así una producción de gran carga sentimental, en la que el amor y la represión se convierten en los principales motores de la historia; y mantienen una clara continuidad con su cine anterior, pero muestran una producción más ambiciosa tanto en su recreación de las distintas épocas como en su tratamiento emocional.

 

La fotografía, la música y las interpretaciones contribuyen a construir una película en la que la emoción está presente de principio a fin. El resultado es una historia que recuerda que aquello que una generación no pudo vivir o expresar puede permanecer durante años, pero también que mirar al pasado puede ser una forma de entender el presente y reivindicar la libertad de amar.

 

“Este país tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos”

 

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