Ana Guerra se va «fuera del Mapa» con Alberto Chicote

Fuera del Mapa con Chicote, es el programa de entrevistas que presenta el famoso cocinero de Pesadilla en la Cocina. Alberto Chicote y Ana Guerra hicieron una ruta de veinte kilómetros visitando Parada de Sil, Aldea de Chamoso, el Mirador de Xariñas do Castro, el Monasterio de Santa Cristina, Los Balcones de Madrid y las bodegas Rosendo de Sil dentro de la Ribeira Sacra en Ourense.

El programa ha tenido como invitados a numerosas caras conocidas como Antonio Resines, Jorge Sanz, Raquel Revuelta, Agatha Ruiz de la Prada, etc… Mientras Alberto Chicote les va entrevistando recorren rutas dentro de nuestro país que son espectaculares. El programa se emite los martes por la noche, con dos emisiones de unos 45 minutos. Anoche pudimos ver como invitada a Ana Guerra, y pudimos conocer una parte mucho más intima de la cantante canaria que hablaba de sus inicios y del futuro.

Empezó en la música a los siete años, tras una aparición en “Lluvia de Estrellas” de la que fue descalificada, reconoció que lo paso muy mal, pero no se rindió y alejada de la televisión intento cosechar su carrera en las calles y bares donde le dejaban actuar, incluso trabajo como cantante y camarera a la vez. Se siente muy gratificada de ese momento en el que la gente por la calle se paraba a escucharla y le daba dinero por escucharle cantar.

Mientras caminaban, el cocinero le preguntaba sobre su etapa laboral antes de triunfar en la música, donde la joven decía haber trabajado como vendedora de perfumes, además de camarera, esta experiencia laboral le ha enriquecido para saber organizarse y ser disciplinada en su trabajo actual en la música.

En la segunda parada, la Aldea del Chamoso, una casa derribada por el paso del tiempo, aunque habitada hasta hace unos 50 años, Alberto le preguntaba sobre su paso por Operación Triunfo, cuando ya no esperaba la llamada del programa, la recibe y tiene que decidir dejar su trabajo estable en los perfumes para pasar el último casting presencial de cuatro días en Barcelona. La Canaria confeso no haber llevado bien la abrumadora fama que le otorgó su paso por la academia, lo evidenciaba con una anécdota de cuando la paraban por la calle, ella esperaba que le preguntaran por algún lugar cercano como a una ciudadana más y de repente le preguntaban, ¿eres Ana Guerra?, y le costaba unos segundos asimilar que todo era por ser famosa.

Otro de los temas en los que se abrió fue en el amor. Reconocía que le cuesta gestionar su día a día como personaje público, sabia jugar al amor cuando era “normal”, ahora mismo le da miedo conocer a alguien. Tras alcanzar el estrellato con “Lo Malo” junto a Aitana, poco a poco se fue dando cuenta que necesitaba ayuda profesional, por eso lleva dos años en terapia y le ha ayudado a diferenciar lo profesional de lo personal.

En otra de las paradas espectaculares, el Mirador de Xariñas do Castro, la invitada reconocía haberse sentido grande, como una diosa, tras cantar con figuras internacionales como Alejando Sanz o Pablo López, una nube de la que no era fácil bajarse cuando se subía a un escenario y sentía el calor de miles de seguidores que vivían y sentían con solo escuchar su voz.

El presentador le preguntaba por las envidias, a lo que la “ex triunfita” reconoció haber sentido envidia por varios compañeros de su edición, por sus carreras, pero todo se paralizo cuando decidió no publicar un disco el martes 13 octubre del 2020 y decidió cantar lo que quería y como quería. Reconoce que en estos cuatro años se ha sentido traicionada por ex compañeros y supuestos amigos en la música por no haber sabido mantener el éxito que tuvo al salir de OT. Lo que eran 16 amigos de un concurso acabaron siendo competidores, aunque sigue guardando un gran recuerdo y cariño, el tiempo y trabajo ha deteriorado las relaciones.

Al inicio del programa Ana Guerra empezó reconociendo que esta aventura le parecía un reto dado que se sentía un pez de ciudad. Le daba miedo estar alejada de la sociedad, porque el inicio de todos los problemas era el mismo, el miedo a la muerte. Un miedo que aumento durante el confinamiento, cuando rompió su relación sentimental. Pero que le sirvió para saber que la gente que había elegido en su vida, era la mejor, porque no se movió nadie y se sitio acompañada en unos duros momentos para los artistas como ella.

Alberto Chicote, sin pelos en la lengua, como de costumbre, le reconoció detestar el reguetón, aparte de por el tipo de música por denigrar a la mujer, donde la cantante reconocía que por desgracia habíamos llegado a un punto de “fast food” de la música, canciones para poner de moda y para olvidar, algo que se niega a hacer teniendo el objetivo de crear bandas sonoras para la vida.

Un momento anecdótico fue cuando el cocinero le pregunto por las palabras “millennials” o «crush» y confesaba que se lo habían dicho varias veces y ante la explicación de la joven se quedaba asombrado sin creer la explicación de que era como una fantasía sexual. Otra de las palabras era la de “mood” en la que ya no entendió nada de nada. Otra confesión de la canaria, fue que si no estuviera en la industria de la música, seguramente no tendría redes sociales.

Ana Guerra se abrió en canal como pocos lo hacen y critico aquello que no le parecía bien, un gran descubrimiento como persona y como artista.

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