Pablo AlboránFotografías: Eva D. Gil

Pablo Alborán llegó a Madrid con el Movistar Arena lleno hasta la última butaca en la primera de sus dos noches en el recinto y una promesa implícita en el nombre de su gira: Global Tour KM0. Punto de origen. Punto de partida. Ese lugar desde el que todo comienza y al que, a veces, hay que volver para recordar quién eres.

Arrancó la noche con Clickbait y Tabú, pero fue con Quién cuando se produjo uno de esos momentos en los que sientes que un recinto lleno de miles de personas puede volverse íntimo si el artista que tienes delante sabe exactamente lo que hace.

«Esta noche quiero hacer un homenaje a la emoción. Si estás roto, si estas enamorado… a todo aquello que nos hace sentir. Soy tuyo Madrid». Y Madrid correspondió.

La primera mitad del concierto fue un repaso a un catálogo que ha acompañado a mucha gente en sus momentos más vulnerables. Entre canción y canción, Alborán habló. Y no de esa manera en la que los artistas hablan para cubrir el expediente. Hablo de verdad. Antes de Qué tal te va, quiso introducir el tema con unas palabras: «Hay personas que no se merecen una canción, pero hay canciones que consiguen que el pasado se quede en el pasado. Si estás en un momento en el que tienes que hacerle un exorcismo a los días anteriores, esta es tu canción».

Luego llegó Mis 36, solo él al piano. En Planta 7, dedicó la canción a quienes cuidan de los demás. A la sanidad pública, “algo que está en peligro de extinción”. A quienes esperan un trasplante de médula. “Donar salva vidas, no lo olvidéis”. Al finalizar la canción, se proyectó en las pantallas un mensaje: “Un pequeño acto puede convertirse en el milagro que alguien estaba esperando”.

Y entonces llegó uno de esos momentos reservados para las fans más incondicionales. Alborán subió a varias seguidoras al escenario. Se sentaron en una escalera y, rodeado de ellas, cantó Perfectos imperfectos, Que siempre sea verano, Tu refugio y Dónde está el amor. Las chicas, emocionadísimas, no pudieron contener las lágrimas. Antes de bajar del escenario, abrazaron al artista y le agradecieron haberles regalado ese momento.

Invitados, inéditos y un videoclip 

Perdóname en versión bachata fue el primer gran giro de la noche. Y justo después llegó la sorpresa que nadie esperaba: una canción inédita, Tiempos bonitos. “Por si acaso, estoy grabando el videoclip esta noche”, avisó Alborán. Y durante unos minutos, todos fuimos extras de algo que todavía no existe, pero que ya tiene algo nuestro dentro.

Y llegó el momento de los invitados, con un cambio de escenario: una plataforma situada en mitad de la pista. El primero en aparecer fue Guille Toledano, concursante de la última edición de Operación Triunfo, con quien interpretó Ecos.

Después llegó Carla Morrison. “Me llevé no solo una colaboración, sino una amiga para los restos”, contó Alborán antes de que ambos cantaran juntos Te regalo y Si te quedas.

El bloque lo cerró Antony Z, a quien el artista describió como “un pedazo de artista de Granada”, para interpretar Besos dorados.

KM0: cantarle al niño que fuiste

El momento más bonito de la noche —y mira que hubo muchos— llegó con KM0, la canción que da nombre a la gira. En las pantallas aparecieron imágenes de Pablo Alborán de pequeño: un niño que ya miraba a cámara con ese carisma que después aprendería a convertir en canciones. El artista parecía cantarle al niño que fue. A los miedos, a las caídas, a todo lo que aquel chaval de Málaga no podía imaginar que iba a vivir.

También quiso dedicar el concierto a Víctor y a su familia, un hombre que perdió la vida estos días en un accidente laboral en las inmediaciones del recinto. “Quiero que la familia sepa que estoy con ellos y les mando todo mi apoyo y todo nuestro amor. De mi parte y de todo mi equipo”.

Bailar como si fuera lo único que importa 

Prometo, Copiloto, Vívela, La fiesta, Vivir, La vida que nos espera. El tramo final del concierto fue pura liberación. El público bailaba. Sin vergüenza. Con toda la energía acumulada de más de dos horas. El cierre llegó con Si quisieras y, en pantalla, el pequeño Pablo otra vez, diciendo que el espectáculo había terminado. Pero nadie se quería ir. 

La resaca de la buena

Alborán lleva años cargando con la etiqueta de especialista en baladas, pero KM0 como disco y esta gira como experiencia demuestran que hay mucho más. Las puestas en escena, la energía y la variedad del repertorio lo confirman.

Salí del Movistar Arena con algo que hacía tiempo que no sentía después de un concierto: ganas. Ganas de más música, de más noches así, de seguir comiéndome el mundo a bocados. Una euforia de la buena, de la que aparece cuando has estado en el lugar correcto, en el momento correcto, escuchando a alguien que sabe exactamente para qué está aquí.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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