Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr protagonizan la adaptación del best seller de Victoria Martín, que ya está disponible en Movistar Plus+
Victoria Martín no solo adapta su propia novela: también codirige y firma el guion. El resultado es una serie que funciona como comedia pero que no se acaba ahí.
Las tres protagonistas comparten algo más que una amistad de veinte años: comparten la sensación de sentirse perdidas. Bárbara (Anna Castillo) escribe para un programa de televisión que detesta y es adicta a las benzodiacepinas. Maca (Laura Weissmahr) quiere ser actriz y de momento sirve copas. Elena (Macarena García) está embarazada tras casarse con un señor de 60 años que dirige hoteles.
No hay aquí una protagonista a la que admirar ni un arco de superación personal que aplaudir al final. Las tres están en ese lugar que conocemos bien: el de seguir adelante sin tener muy claro hacia dónde.
Anna Castillo y Macarena García llevan años siedo dos de las actrices más interesantes del cine español, y verlas compartir pantalla de nuevo —después de La Llamada— es uno de los grandes aciertos de esta serie. Hay entre ellas una química que no se construye en el rodaje, que viene de antes.

Pero, sin duda, el mayor acierto de la serie es Sofía Otero quien interpreta la versión infantil de Bárbara. Otero —la misma que se llevó el Oso de Plata en Berlín con 20.000 especies de abejas— convierte cada aparición en algo impredecible. Su personaje dice sin filtros lo que el adulto se calla, y lo hace con una convicción que descoloca, generando las carcajadas más inesperadas de la serie.
La dirección —repartida entre Sandra Romero, la propia Victoria Martín y Nacho Pardo— apuesta por una estética más definida de lo habitual en la comedia nacional, dándole a la sátira el espacio que necesita para respirar.
Podría decirse que Se Tiene Que Morir Mucha Gente habla de precariedad, de salud mental, de alquileres imposibles y de sueños que se van posponiendo. Pero lo que más importa aquí no es el diagnóstico social sino la forma en que las tres amigas se sostienen entre sí sin hacer de eso un acto heroico. La amistad como infraestructura. Como lo único que no falla cuando todo lo demás se tuerce.
Al terminar la serie, queda esa rara sensación de querer pasar más tiempo con sus personajes. Señal de que algo ha funcionado. Porque sí, probablemente estemos ante la mejor comedia española del año.