Justin Bieber conquistó Coachella el pasado 11 de abril, esta vez como cabeza de cartel. Tras años asistiendo al festival por diversión o como invitado de otros artistas del cartel, el cantante ofreció un concierto que sigue una trayectoria evolutiva a la inversa.

En lugar de comenzar por el principio, Justin Bieber opta por abrir el concierto con sus álbumes más recientes, SWAG y SWAG II. A medida que el show avanzaba, también lo hacía la narrativa. El concierto concluyó con un homenaje a su evolución musical, donde repasó algunos de sus hits más conocidos.

No solo interpretó el setlist del swagverso, sino que Justin Bieber hizo lo que poco esperaban: rendirse un tributo a sí mismo. Con ello, demostró que la era belieber no fue solo una etapa, sino que, más de una década después, esas canciones siguen sonando.

En un escenario minimalista cuyo único accesorio era un ordenador, Justin Bieber transportó al público a un espacio con doble función: patio de juegos y refugio seguro.

Los primeros 50 minutos del set estuvieron dedicados por completo al universo SWAG, salvo un desvío dentro de los momentos más destacados del concierto. En este punto, Justin Bieber subió al escenario a The Kid Laroi para interpretar juntos la colaboración Stay.

Más tarde, también invitó a Carter Lang y a Dylan Wiggins, con quienes comparte algunas composiciones como Glory, Voice Memo y Zuma House, además de una emotiva Everything Hallelujah, donde Bieber incluyó un nuevo verso: «Coachalla, hallelujah». El artista también dedicó parte del show a su entorno más cercano, con frases dirigidas a su mujer y su hijo: «Hailey, baby, hallelujah/ Baby Jack, hallelujah».

Justin Bieber

Otros momentos que conmovieron al público fueron las actuaciones de Speed Demon, que representa un círculo íntimo cerrado; Go Baby, una oda a su esposa Hailey Bieber; y, por último, Walking Away, símbolo de compromiso hacia su familia.

Continuando con la narrativa, Justin Bieber hizo un guiño a los millennials, situándolos frente a un ordenador inmersos en YouTube, donde comenzó a reproducir clips de sus mayores éxitos, convirtiendo la puesta en escena en un karaoke en directo. Canciones como Baby, That Should Be Me y Never Say Never acompañaron este bloque, con la proyección de sus videoclips a espaldas de Bieber. Se trató de una reivindicación y celebración de lo que fue.

Además, el artista se burló de sí mismo al interpretar temas como Sorry y Where Are Ü Now.

Una lista de 12 canciones antiguas que remitieron a la década de 2010. La separación entre estos temas y los del universo SWAG responde a una decisión narrativa: si se integrase la etapa belieber con el swagverso, el setlist no tendría sentido.

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