Rosalía comienza el LUX Tour 2026 en España

El arranque del LUX Tour 2026 de Rosalía en el Movistar Arena de Madrid no solo confirmó el estatus global de la artista, sino que dejó una colección de momentos memorables que combinan música, arte visual y narrativa escénica.

Con una presentación estructurada en cuatro partes y un enfoque conceptual significativo, el primer recital en la capital española se transformó en una experiencia envolvente, en la que cada tema musical ocupó un lugar particular dentro de la historia.

Un comienzo teatral: el origen del universo LUX 

El concierto comenzó con una presentación impactante. La orquesta, integrada por 22 músicos en el centro del espacio, junto con un escenario en forma de cruz, estableció desde el inicio una atmósfera solemne y experimental. Rosalía hizo su aparición como si emergiera de una caja de música para interpretar canciones como Sexo, violencia y llanto y Reliquia, creando una constante dualidad entre lo clásico y lo contemporáneo.

Uno de los instantes más sutiles ocurrió con Porcelana, que se transformó en una danza de ballet con influencias electrónicas. En este primer segmento también destacó Divinize, donde la cantante se expresó en inglés con traducción instantánea, una decisión que evidenció su deseo de alcanzar una audiencia internacional sin abandonar su esencia artística.

El estallido energético: Motomami conquista el escenario

El segundo acto marcó un giro drástico hacia la intensidad. Tomando a Berghain como referencia, el concierto se convirtió en una fiesta conceptual donde luces parpadeantes y los ritmos contundentes dominaron el ambiente. La alusión visual al aquelarre de Francisco de Goya aportó una dimensión simbólica que reforzó el carácter ritual del evento.

Aquí se vivieron algunos de los momentos más coreados de la noche: SaokoLa Fama y otras canciones de Motomami hicieron vibrar a los asistentes. El zapateado en De madrugá fue especialmente aclamado, fusionando la técnica flamenca con energía urbana desbordante.

Esta sección confirmó algo fundamental: Rosalía ha convertido la fusión de géneros —flamenco, reguetón, electrónica— en su principal sello distintivo, logrando un equilibrio que atrae a grandes audiencias sin perder su complejidad artística.

Rosalía

Arte y performance: el tercer acto y la ‘Mona Lisa’ contemporánea

Tras la intensidad, el tercer acto ofreció un respiro más conceptual. La interpretación de El redentor aportó un guiño a sus inicios, aunque con una recepción más tibia por parte del público. Sin embargo, el momento icónico llegó poco después.

Rosalía recreó una versión de Can’t Take My Eyes Off You convertida en una performance visual: subida a unas escaleras y enmarcada como si fuera un cuadro, evocó directamente a Mona Lisa en una de las imágenes más comentadas del concierto. Este instante resumió perfectamente la propuesta del tour: música y arte fusionados en una misma experiencia.

Otro de los puntos destacados fue La perla, donde la coreografía con los bailarines creó figuras visuales complejas que acompañaban la narrativa de la canción, y cuyos movimientos de manos hacían alusión al primer álbum de Rosalía, El mal querer. También brilló La yugular, con el uso de cámara en directo que amplificaba la expresividad de la artista.

El toque humorístico lo aportó la aparición de Esty Quesada, quien protagonizó un inesperado «confesionario» en escena, generando un contraste desenfadado dentro de la estructura dramática.

El clímax: conexión total con el público

En la parte final, Rosalía derribó la barrera entre ella y el público al moverse por el espacio durante Dios es un stalker, acercándose de manera tangible a los asistentes. Este instante intensificó la sensación de proximidad en un evento de gran escala.

La energía explotó al máximo con Bizcochito y Despechá, donde todo el Movistar Arena se puso de pie para bailar. Fue la demostración definitiva de la habilidad de Rosalía para manejar tanto lo conceptual como lo meramente festivo.

Un final cercano: Magnolias y el silencio final

La presentación concluyó con Magnolias, una canción reflexiva que contrastó con la energía intensa de los temas anteriores. Aislada en el escenario, Rosalía ofreció un desenlace casi ceremonial, mientras el público permanecía en completo silencio.

Este instante final actuó como un “réquiem” metafórico en el mundo LUX, dejando una impresión de belleza contenida tras más de dos horas de estímulos ininterrumpidos.

Un espectáculo total

El debut de Rosalía en Madrid dentro del LUX Tour no fue simplemente un concierto, sino una obra escénica completa. La combinación de música en directo, narrativa visual, referencias artísticas y conexión emocional con el público elevó el espectáculo a otro nivel.

Entre los mejores momentos destacan:

  • La apertura teatral con estética sacra
  • El bloque explosivo de Motomami
  • La performance de la ‘Mona Lisa
  • La interacción directa con el público
  • El cierre íntimo con Magnolias

Con este arranque, Rosalía confirma que no solo domina las listas de éxitos, sino también el lenguaje del espectáculo a nivel global. Madrid fue testigo del inicio de una gira que apunta a convertirse en uno de los grandes hitos musicales del año.

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