El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro ha bajado el telón de su 49.ª edición, confirmando el excelente momento que atraviesa el certamen. Durante 25 días, del 2 al 26 de julio, la localidad manchega volvió a convertirse en el gran punto de encuentro del teatro clásico, al reunir a más de 78.000 asistentes, un 6% más que el año anterior, y consolidar un modelo que combina la preservación del patrimonio con el impulso a la creación contemporánea y el intercambio internacional.
La edición, marcada por el lema «Jugar», ha registrado una ocupación media del 90% en sus espectáculos. De las 106 funciones programadas, 75 superaron ese porcentaje de asistencia, mientras que la recaudación superó los 550.000 euros. En total, el festival acogió 50 espectáculos, contó con la participación de 48 compañías procedentes de diez comunidades autónomas y cinco países, y reunió a 700 profesionales del sector.
La directora del Festival, Irene Pardo, destacó durante el balance final que esta edición ha reivindicado «la capacidad de elegir, de crear, de arriesgar y de imaginar nuevos caminos para el patrimonio». Esta filosofía ha guiado un proyecto que entiende los textos del Siglo de Oro como una fuente viva de inspiración para nuevas dramaturgias y lenguajes escénicos.
La programación incluyó 17 estrenos absolutos, tres estrenos nacionales, tres producciones propias y una coproducción. Además, contó con un intenso programa de formación, mediación cultural y actividades paralelas que congregó a más de 35.700 participantes en 146 sesiones.
Entre los grandes protagonistas de esta edición destacó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que celebró su 40.º aniversario con cuatro montajes, la exposición Lope para todos y diversas actividades especiales.
El Festival también reafirmó su compromiso con la creación gracias a iniciativas como Plataforma Corral, que celebró su tercera edición y se consolidó como un espacio para el desarrollo de nuevos proyectos inspirados en el Siglo de Oro. A ello se sumaron cinco residencias artísticas y varias producciones propias, que refuerzan la vocación de Almagro como un lugar donde nacen nuevos espectáculos y no solo se exhiben.

La dimensión internacional volvió a ser uno de los pilares del certamen. Compañías procedentes de Italia, Francia y China participaron en la programación, mientras que el Festival estrechó lazos con instituciones culturales de países como Uruguay y China de cara a futuros proyectos. Entre ellos, destaca el desarrollo de una iniciativa internacional dedicada a Margarita Xirgu que formará parte de la programación de la histórica 50.ª edición.
Más allá de los escenarios, Almagro volvió a transformarse en un gran espacio cultural abierto. Exposiciones, rutas patrimoniales, actividades gastronómicas, proyecciones cinematográficas, encuentros con artistas y propuestas de mediación extendieron la programación por toda la ciudad y generaron un importante impacto económico. La hostelería registró una ocupación cercana al 90%, mientras que la feria de artesanía alcanzó unas ventas de 30.000 euros.
El compromiso con la accesibilidad también siguió fortaleciéndose con funciones adaptadas mediante audiodescripción, subtitulado, lengua de signos y ayudas auditivas, además de proyectos inclusivos desarrollados junto a la ONCE y la Fundación ONCE.
Los datos del estudio elaborado por la Universidad de Castilla-La Mancha reflejan, además, la fidelidad del público: tres de cada cuatro espectadores regresan al festival, más del 70% pernocta en la ciudad y la experiencia obtiene una valoración media de 4,58 sobre 5.
Con estos resultados, Almagro inicia ya el camino hacia su 50.ª edición, declarada Acontecimiento de Excepcional Interés Público, con el objetivo de seguir reforzando su papel como uno de los grandes referentes internacionales del teatro clásico y de la creación escénica contemporánea.
