Timothée Chalamet se mete en la piel de Marty Reisman en un ‘biopic’ que llega a España el 30 de enero y que podría darle el Óscar que tanto ansía
La nueva película de Josh Safdie, protagonizada por Timothée Chalamet y producida por A24, convierte el ping-pong en un campo de batalla psicológico donde se exploran el éxito, el narcisismo y las consecuencias de una ambición sin límites.
Marty Supreme llega a salas españolas el 30 de enero como una de las apuestas más comentadas del cine independiente reciente. Dirigida por Josh Safdie y producida por A24, la película está protagonizada por Timothée Chalamet, acompañado por Odessa A’zion en el papel de Rachel. Ambientada en el Nueva York del siglo XX, la cinta se adentra en el mundo del ping-pong profesional para contar una historia de obsesión, ego masculino y éxito malentendido.
La trama sigue a Marty Mauser, un joven prodigio del ping-pong que no se conforma con ganar: quiere ser una leyenda. Su ascenso deportivo va acompañado de un deterioro personal marcado por el narcisismo, la falta de empatía y una ambición que arrasa con todo a su paso. El deporte funciona como excusa; el conflicto es psicológico, moral y profundamente incómodo.
Antes incluso de su estreno, Marty Supreme ya estaba instalada en la conversación cultural. La película acumuló nominaciones en la temporada de premios, incluyendo nueve nominaciones a los Óscar —mejor película, mejor director y mejor actor, entre otras—. Timothée Chalamet, además, se alzó con el Globo de Oro, consolidándose como uno de los grandes favoritos a la estatuilla.
Probablemente, muchos no habríamos oído hablar tanto de Marty Supreme sin Timothée Chalamet y sin la campaña de marketing de A24: una estrategia agresiva, omnipresente y muy bien ejecutada. Se asoció un color, ese naranja Supreme, y se explotó hasta el límite. Alfombras rojas, apariciones públicas, estilismos. Chalamet y su entorno, incluida su novia Kylie Jenner, convertidos en parte del universo visual de la película.

A24 fue más allá. El momento The Sphere en Las Vegas marcó un antes y un después: un vídeo aparentemente sencillo de Chalamet hablando a cámara, pero que, a medida que el plano se aleja, revela que está subido en The Sphere, convirtiéndose así en la primera persona en situarse en la cima del edificio, a 110 metros de altura.
Y no solo eso: convirtieron The Sphere, una estructura esférica en sí misma, en una gigantesca bola de ping-pong.
Merchandising, vinilos con la banda sonora original de Daniel Lopatin, frases como «A dream big» inundando redes sociales, filtraciones falsas y experiencias presenciales: una estrategia transmedia enorme.
La duda era inevitable:¿el marketing estaba vendiendo una película o tapando algo? ¿Era esta campaña la forma de salvarla o la película iba a sostenerse por sí sola? ¿Se puede hacer una gran película sobre un jugador de ping-pong?
La respuesta es clara: la película sí cumple con las expectativas.
Marty Supreme, una de las películas del momento
El personaje principal está interpretado por Timothée Chalamet, uno de los actores más destacados de su generación, conocido por títulos como Call Me by Your Name, Dune, A Complete Unknown o Wonka. Con tan solo 30 años, Chalamet ha recibido su tercera nominación al Óscar y múltiples reconocimientos en galardones como los BAFTA, Globos de Oro y SAG Awards.
La dirección corre a cargo de Josh Safdie, responsable de Good Time y Uncut Gems, mientras que la producción recae en A24, sello habitual del cine independiente de prestigio. El proyecto ya suena con fuerza en la conversación de festivales y temporada de premios. Lo tiene todo para triunfar.
Timothée Chalamet encarna a Marty con una entrega total, también física. El actor entrenó durante meses para preparar el papel, trabajando técnica, reflejos y ritmo competitivo hasta poder jugar de forma creíble en pantalla. En la mayoría de las escenas de partido es él quien juega, sin dobles, recurriendo a especialistas solo en planos de riesgo muy concretos. Safdie no esconde nada. La cámara aguanta. Y Chalamet también.

No es nuevo en papeles intensos, pero aquí se coloca directamente en el centro del caos de Safdie. La dirección es nerviosa, incómoda, sin alivio. Recuerda a Good Time y Uncut Gems. Todo va hacia delante. Siempre al límite.
Y sí, probablemente Timothée Chalamet gane el Óscar: es merecido. Solo espero que esta nueva arrogancia pública que ha demostrado al afirmar abiertamente que quiere ser el mejor —«Estoy buscando la grandeza. La gente no suele admitirlo, pero quiero ser uno de los grandes»— sea parte de la promoción y del personaje, y no una confusión peligrosa entre actor y rol. Porque Marty, por muy brillante que sea, no es alguien a quien imitar.
La película no se presenta: irrumpe. Empieza en acción, con el sonido alto, sin explicaciones. Mientras Marty busca una talla de zapato para una clienta, ya lo conocemos. No quiere ese trabajo. Es muy buen vendedor, pero está obsesionado con ser el mejor jugador de ping-pong. Le da igual el sueldo fijo, el ascenso o la estabilidad. Él sabe quién es, y sabe lo que vale.
Rachel aparece sin contexto. Está ahí. Es su interés amoroso, pero algo no encaja; se ven a escondidas. ¿Por qué una pareja se esconde? Se acuestan. Ella se queda embarazada, ya que la película no deja lugar a dudas. No es una escena explícita; es casi didáctica. Del sexo pasamos a una representación biológica de la fecundación. El óvulo queda fecundado y se convierte en una pelota de ping-pong. Ahí aparece el rótulo de la película: Marty Supreme. Creatividad pura.

La película dura dos horas y media y no se hace larga. No hay descanso. No sabes qué va a pasar.
Marty plantea la pregunta clásica: ¿genio o loco? La respuesta es clara. Es narcisista, egoísta y mala persona. Su ambición va por delante de todo. Abandona a su familia, se aprovecha de sus amigos y deja a su hijo y a su pareja en urgencias tras un disparo para irse a Japón a cumplir su sueño.
Tener ambición está bien, es necesario, pero no todo vale. Pensar que eres el mejor no te da derecho a tratar al resto como basura. Y este mensaje es peligroso, porque la mayoría no somos especiales, somos corrientes y hay que asumirlo. No hay que caer en la trampa de Llados.
Marty es muy bueno jugando al ping-pong. Nada más. No es un genio ni un santo. Choca verlo con esa aura mesiánica, pero es lo mismo que vemos a diario en futbolistas o tenistas. Talento no equivale a ser buena persona. Todos idolatran a Kanye West hasta que conocen a un narcisista en su vida real.
Marty piensa que nunca se equivoca, que si algo sale mal, es culpa del resto. Pero la realidad es que no toma una buena decisión sin antes encadenar diez malas.
La película no le perdona, y eso se agradece. Safdie no cae en el tópico de justificar al imbécil brillante. Marty paga las consecuencias. Hay momentos en los que no quieres que gane: te cae mal, no puedes empatizar. Quiere que gane Koto Endo.
Pero al final ves todo lo que ha hecho: cómo se ha humillado, cómo se ha arrastrado, cómo se ha dejado la piel. Y sabes que es el mejor. Que el rival tiene ventaja. Y quieres que gane. No por él, ni por su actitud, sino porque es el mejor y, pese a ser un imbécil, se merece demostrarlo. Aunque es imposible no sentir pena por Koto. Marty gana, pero no un título. Y la culpa es suya, porque, aunque seas el mejor, si haces todo mal, pagas el pato.

Vuelve. Se hace cargo de su hijo. Acepta una vida más pequeña. Parece tocar la realidad. Pero no es un santo: dejó a Rachel sangrando en urgencias. Podrían haber muerto, tanto ella como su hijo, pero Marty se fue a Japón, sin saber si sobreviviría. Asentar la cabeza no borra eso.
Sigue siendo un ególatra que vive en un mundo irreal. Cree que, si confías en ti, el dinero llegará. No es verdad. Pero él vive ahí. Puede verse como un Black Swan masculino, solo que aquí el daño no se lo hace a sí mismo, sino a los demás.
Marty Supreme se inspira en la figura real de Marty Reisman, legendario jugador de ping-pong y hustler de los años 40 y 50. No es un biopic. Es ficción mezclada con realidad. Safdie toma el espíritu, no los hechos. Y menos mal, quiero creer que no aplastó el brazo de un hombre cayendo desde una bañera, ni que terminaron en mitad de un tiroteo por un perro.

La película no responde las preguntas: ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar por tus sueños? ¿Es dedicación o ambición? ¿Todo vale? ¿A un genio se le perdona todo? Marty Supreme no te da la respuesta, pero te obliga a pensarla.