La séptima entrega de la icónica saga Scream se estrena hoy en cines como un ejercicio de nostalgia que, sin embargo, logra ir más allá.
No crecí con la saga original de Scream y, para bien o para mal, la nostalgia no tiene efecto en mí. Desde mi punto de vista, más allá de sus numerosas referencias y del innegable fan service, Scream 7 funciona. ¿Por qué? Porque ofrece todo aquello que esperas al entrar en la sala: es despiadada, gore y maneja un humor sádico con pocas concesiones.
Quien espere algo distinto o innovador puede quedar decepcionado. Su virtud no está en la novedad —que tampoco pretende—, sino en lo bien que ejecuta aquello en lo que muchas otras películas del género fallan: una tensión perfectamente construida sin necesidad de música estridente, sustos efectivos y justos con el espectador, y un interés sostenido a lo largo de sus casi dos horas de duración.
Soñar con un slasher sin agujeros de guion es, quizá, demasiado ambicioso, y me encantaría decir que Scream 7 permite esa ilusión; sin embargo, en su último acto incurre en decisiones cuestionables para sostener la tensión. Los asesinos son efectivos y despiadados cuando el guion lo requiere; cuando no, resultan tan inútiles como una policía que, o bien parece no haberse enterado de que un toque de queda implica patrullar y no quedarse en casa, o bien desarrolla una repentina sordera nocturna.
Ahora bien, es innegable que la película está concebida para los fanáticos de la saga. Tuve la oportunidad de acudir a un pase previo a su estreno, repleto de fans, y por las reacciones ante numerosas escenas confirmo que quienes aman la franquicia la disfrutarán con creces. El director, Kevin Williamson, guionista original de la saga, ha sabido jugar con la nostalgia, una tarea compleja, ya que puede condenar a la película a quedarse solo en eso. Sin embargo, Scream 7 tiene más que ofrecer: me he asustado, me he reído y me he tapado los ojos ante algunas escenas que rozan el gore de Terrifier. No crecí con Scream, y no lo necesité para gritar con ella.

Debo reconocer que el final no hace justicia al conjunto de la película. Tal y como está construida, parece empeñada en ofrecer tanto al espectador que una conclusión plenamente satisfactoria resultaba imposible. Scream 7 agota todas sus bazas para «volarte la cabeza» durante su desarrollo y, cuando alcanza el desenlace, apenas le quedan recursos.
Para quienes hayan visto las dos entregas anteriores de la saga, la ausencia de Melissa Barrera (Sam) y Jenna Ortega (Tara) se hará notar. Barrera fue apartada del proyecto en plena producción tras la polémica generada por sus comentarios en 2023 sobre la situación en Gaza. Ortega abandonó la película al día siguiente y, tiempo después, explicó en una entrevista para The Cut que su decisión se debía a que no contaría con parte del equipo creativo con el que había trabajado en las anteriores entregas.
A raíz de estas salidas, la película sufrió una profunda transformación hasta convertirse en el slasher que llega hoy a los cines. Creo que Scream 7 ofrece un resultado notable tanto en su realización como en su diseño de producción y, en conjunto, es una propuesta que recomendaría a cualquier aficionado del género o a quien busque pasar un buen mal rato. No es perfecta, pero cumple con creces como plan para una noche de cine de terror.
Puedes ver el tráiler aquí abajo pero, si algo recomiendo siempre, es ir al cine sabiendo lo mínimo posible. En este caso, no obstante, conviene conocer algún que otro detalle.