​Admitámoslo: estudiar medicina puede ser, a veces, un auténtico ejercicio de supervivencia mental. Pasas de la emoción del primer día a sentir que tu cerebro es una esponja que ya no admite ni una gota más de información. Entre los atlas de anatomía, los apuntes infinitos de fisiología y las guardias en las que pareces un extra de una serie de televisión, es muy fácil perder el norte y acabar con un «burnout» de campeonato. 

Pero, ¡ojo!, mantener la mente activa y fresca no significa estudiar más horas, sino estudiar mejor y, sobre todo, saber cuándo desconectar el piloto automático. Si sientes que los libros de texto te están absorbiendo la energía, es el momento de cambiar de estrategia. No dejes que la carrera te pase por encima; tú eres quien lleva el mando, y hoy vamos a ver cómo puedes mantener esa chispa de curiosidad encendida durante todo el grado, porque un médico que solo sabe de medicina, ni de medicina sabe.

​El arte de leer por placer (sí, todavía se puede)

​Sé lo que estás pensando: «¿lectura extra? Si apenas me da la vida para terminar el temario de la semana». Pero, créeme, hay una diferencia abismal entre memorizar el ciclo de Krebs y leer una historia que te recuerde por qué elegiste esta profesión. La lectura recreativa es como un gimnasio para la empatía y la creatividad, dos músculos que vas a necesitar muchísimo en el hospital.

​Cuando sientas que los tecnicismos te asfixian, lo mejor es recurrir a esos libros sobre medicina que cuentan historias reales, anécdotas de médicos que pasaron por lo mismo que tú o reflexiones sobre lo que significa cuidar de otro ser humano. Estas lecturas te dan una perspectiva que no encontrarás en un manual de patología y te ayudan a mantener la mente conectada con la realidad más allá de los exámenes.

​Estrategias en la facultad: No todo es memorizar

​Cada universidad tiene su aquel, y saber navegar por el sistema es clave para no quemarte. Dependiendo de dónde estés, las metodologías pueden variar muchísimo. Por eso, siempre es bueno conocer cómo funcionan otras universidades de medicina para adoptar técnicas de estudio que quizás no te han enseñado en la tuya, como el aprendizaje basado en problemas o el uso de simulaciones clínicas desde cursos tempranos. Mantener una mentalidad abierta y buscar recursos fuera de tu zona de confort hará que el grado sea mucho más dinámico y menos monótono.

​Mirando al futuro sin ansiedad

​A mitad de la carrera, el runrún del examen de residencia empieza a sonar fuerte. Es normal que te entren las prisas, pero la mejor estrategia para mantener la cordura es la planificación inteligente. No se trata de empezar a hacer simulacros en segundo, sino de saber que, cuando llegue el momento, tendrás que elegir la mejor academia MIR según tu forma de ser y de estudiar. Saber que hay un sistema de apoyo esperándote al final del túnel te quita un peso enorme de encima y te deja centrarte en disfrutar de lo que estás aprendiendo hoy.

​Visualiza tu meta final

​Finalmente, para mantener la motivación a tope, permítete soñar de vez en cuando. ¿Te ves en un quirófano, en una consulta de primaria o quizás en una unidad de cuidados intensivos? Investigar sobre cada especialidad MIR te ayuda a darle sentido a esas asignaturas que ahora te parecen aburridas. 

Si sabes que tu objetivo es la neurología, estudiar neuroanatomía ya no es un castigo, sino una herramienta para tu futuro. Al final, mantener la mente activa consiste en recordar que cada página que pasas hoy es un paso más hacia el médico que quieres ser mañana.

Descubre más desde 22 minutos con

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo