El director vasco Paul Urkijo Alijo vuelve a sus raíces y a su mitología para contarnos un cuento lleno de misterio, con brujas que nos atormentan e imágenes que permanecerán en nuestra memoria.
Urkijo nos presenta la historia de una joven del siglo XVII que escapa de su hogar tras vivir un matrimonio marcado por el maltrato y la infelicidad. Con esta premisa, el director nos narrará —a través de tres ancianas— tres relatos de terror que, poco a poco, van desentrañando los secretos de la protagonista.
El director y guionista regresa a la fantasía y a la exploración de la mitología vasca, tras haber llevado al cine dos destacadas obras de género y autor en España: Irati y Errementari. En Gaua, Urkijo se rodea de un elenco de actrices vascas que elevan la obra y le otorgan una magia especial que impregna cada escena.
Eso es precisamente lo que consigue Paul Urkijo Alijo: magia. Crear una película narrada como un cuento, elevar la fantasía española y convertirla en una de las obras más interesantes del año. Todo el apartado técnico y artístico resulta deslumbrante, generando momentos de cine fantástico realmente impactantes. Hacia el final, hay un instante en el que parece que se muestra demasiado, aunque cumple su objetivo: sorprender y aterrar. Resulta admirable que, siendo una producción modesta, alcance cotas tan altas, demostrando que los efectos visuales en España también tienen un lugar destacado dentro del cine fantástico y de terror.


Sin embargo, Gaua no es solo cine fantástico ni un cuento de magia y brujas. Poco a poco, se transforma en un retrato y un análisis sobre la sexualidad, la libertad y el abuso de poder. Podría parecer sencillo abordar estos temas en un contexto histórico donde lo que se muestra era habitual, pero contarlo de esta manera demuestra la sensibilidad y la destreza de un cineasta verdaderamente talentoso. Insisto en lo sorprendente que resulta la estructura del relato.
Habiendo hablado ya de la trama y de los aspectos visuales y técnicos, toca destacar por qué la película funciona tan bien. Existen varios motivos ya mencionados, pero ser una película «bien hecha» o artísticamente y visualmente atractiva no lo es todo. La dirección, las interpretaciones y el ajustado metraje son los elementos que terminan por convertirla en una gran obra.
El trío de ancianas nos deja sin aliento con su misterio, sutileza, oratoria y misticismo. Ane Gabarain, Elena Irureta e Iñake Irastorza ofrecen una interpretación mágica. La dupla de madres de Patria se une a su compañera para elevar la película a una experiencia mística e inquietante, impregnada de verdadera brujería. Junto a la contenida, silenciosa y delicada actuación de la protagonista, Yune Nogueiras, este cuento se transforma en una especie de novela cinematográfica.
La dirección de actores y cámara de Paul Urkijo convierte la narración cinematográfica en la lectura de un cuento adulto y oscuro, lleno de sombras y horrores. La oscuridad del bosque se convierte en un telón que oculta lo indecible, impregnado de magia en cada rincón. Lograr condensar todo esto en una historia de apenas hora y media hace que la obra se sienta milimetrada, como si un clásico cuento de Disney se adentrara en la oscuridad de la mitología vasca.
En resumen, Gaua es una gran película que, aunque es una propuesta de género modesta dentro del cine español, logra elevarlo a nuevas cotas gracias a sus ideas muy interesantes y su inmersión profunda en el folk horror. Entretenida, visualmente preciosa y con una historia potente que impresiona, es perfecta para los amantes del terror, la fantasía, la mitología y el folklore. Un cuento de brujas que sitúa junto a lo mejor del cine español de este año. Que una película así exista y destaque en un gran año para el cine español es, sin duda, un acto de brujas que gritan: ¡viva el cine español!