El pasado 29 de agosto Netflix daba la bienvenida a una nueva ficción española, ‘Dos tumbas’, creada por Agustín Martínez en compañía de Antonio Santos Mercero y Jorge Díaz con quienes además conforma el seudónimo literario Carmen Mola
Esta miniserie de tan solo tres episodios ha conseguido lo que muchas series de diez no logran. Efectivamente estoy hablando de la capacidad de llegar al espectador y atraparle tanto emocional como moralmente desde el minuto uno. De primeras no suena nada fácil, pero eso no ha impedido a los creadores de la serie a perseguir este reto obteniendo un resultado por ahora más que arrollador.
«Dos tumbas»: top 1 en el ranking diario de Netflix

Estos paneles sin duda confirman el triunfo ascendente que está teniendo la serie unos días después de ser estrenada en la plataforma de streaming. Y es que en tan solo un día de diferencia, Dos tumbas (771 visitas) ha conseguido arrebatar, este 31 de agosto, el primer puesto de mejor serie a la producción británica My life with the Walter Boys (745).
Además, cabe mencionar que esta serie española ocupa el merecido primer puesto superando a producciones internacionales como Bon Appétit, Your Majesty (Corea del sur), Hostage (Reino Unido), Wednesday (Estados Unidos) y Rivers of fate (Brasil).
Una herida abierta bajo el sol andaluz
Con Málaga como escenario principal, esta obra combina dos ingredientes perfectos para cualquier thriller psicológico, ya sea en pantalla o en papel. El primero es una dosis de tensión y en segundo lugar, un drama íntimo que amenaza con descolocar la tranquilidad de los vecinos.
Pero no hay que engañarse. Todo el que vea la serie y piense en en el misterio como su principal virtud está muy equivocado. Como ya he dicho, siendo el drama íntimo una de las piezas indispensables en un thriller, el mayor acierto de Dos tumbas ha sido el de poner el foco en un personaje, en alguien de carne y hueso, y qué mejor que en el corazón roto de la protagonista, Isabel (Kiti Mánver) y en la pregunta que estará presente en la mente del espectador hasta el último episodio:
¿Cuánto daño estamos dispuestos a hacer en nombre del amor?
Frigiliana, un escenario de película
La serie transcurre en el aparente sosiego de Frigiliana, un pueblo andaluz de belleza casi irreal. Este pueblo de postal funciona como un personaje más: la belleza y la luminosidad de sus calles y de sus gentes contrasta con la oscuridad emocional que se cierne sobre los protagonistas, en particular sobre Isabel. La constante presencia de tensión moral hará que el espectador reflexione acerca de las sombras que sumergen de la nada y amenazan para quedarse.
Almas rotas, decisiones límites
A pesar de los numerosos personajes que conforman el reparto, he considerado centrarme en estos dos: Isabel y Rafael, porque precisamente aquello que les une es mucho más fuerte que sus diferencias.

La esencia de Dos tumbas recae sin lugar a dudas sobre el personaje de Isabel, interpretada por Kiti Mánver. Desde los primeros minutos de la serie queda claro que no estamos ante un personaje convencional. Partiendo de un hecho traumático como es la desaparición de su nieta, Isabel no busca que la comprendan. Tampoco busca simpatía o lástima, ni siquiera redención. Tras un golpe emocional duro lo que impulsa al personaje a no rendirse no es el deseo de sanar sino un sentimiento más profundo y oscuro: el impulso de actuar frente a una herida que no cicatriza.
Durante los tres episodios nos convertimos en la sombra de Isabel, una señora silenciosa y compleja pero sobre todo impredecible cuya mirada solo trasmite dolor. A pesar de ser una persona mayor es una figura de poder cuyas decisiones estarán marcadas por el dolor.
En su camino se cruzará con Rafael (Álvaro Morte), padre de otra de las jóvenes desaparecidas, quien se convierte en su oscuro reflejo. Ambos personajes están marcados por la pérdida y la angustia de no saber que ocurrió aquella noche. Pero lo que les une va mucho más allá: ambos están dispuestos a cruzar líneas inquebrantables. A pesar de ser una relación ambigua, ¿conseguirá esa alianza suavizar el dolor compartido?
Una tensión que no cesa hasta el final
El hecho de ser una miniserie a veces consigue el efecto contrario al que busca. Aunque la trama logra desenvolverse en aproximadamente tres horas, en ciertos momentos esta aparente «compresión de la información» resulta ser excesiva hasta el punto de que llegan a quedar cabos sueltos ante un final, a mi parecer, abrupto. Por otro lado, es de admirar la capacidad de los guionistas de dar vida al relato con una lograda precisión narrativa que otras series más extensas envidiarían. Cada uno de los capítulos, cada enigma del misterio, cada pieza del rompecabezas, funciona como una pista clave dentro de una espiral emocional que poco a poco irá cerrándose sobre sí misma y sobre los personajes, asfixiándolos cada vez más.
Si bien es cierto que el público podrá disfrutar de algún que otro giro de guion, la serie opta por una apuesta firme en el suspense íntimo donde lo más inquietante no es lo que ocurre sino lo que se insinúa.
En definitiva, la serie cumple uno de sus propósitos, el de hacernos reflexionar sobre las grietas invisibles que deja el dolor cuando no encuentra salida. Dos tumbas pretende mostrarnos que a veces la línea que separa la justicia de la venganza no es únicamente delgada y accesible sino inevitablemente humana.