Oklahoma City Thunder pone un broche de oro a su temporada y a una serie emocionante, ante un rival que luchó hasta el último suspiro, pero lastrado por una lesión que atormentará a los fans toda la vida.
Primer anillo de la historia de los Oklahoma City Thunder y coronación de Shai Gilgeous-Alexander. El canadiense concreta una campaña histórica, en la que ha sido galardonado como mejor jugador de la temporada regular, máximo anotador y ahora, MVP de las finales. Se cierra así la encarnizada batalla a 7 partidos que nos han brindado junto a Indiana, unos partidos para el recuerdo que nos han hecho saltar del sillón en múltiples ocasiones, más aún si contamos las fases previas y la odisea espectacular que ha sido el camino de los subcampeones, que han estado a un partido de alcanzar la gloria aun siendo el equipo más infravalorado cada ronda.
Un momento desgarrador
Es imposible repasar este séptimo partido sin hablar del tremendo infortunio que supuso, no sólo para los Pacers, sino para cualquier aficionado del baloncesto, la terrible lesión de Tyrese Haliburton. El base entró ardiendo al partido, con tres triples en los primeros 7 minutos de encuentro y caldeando el ánimo de su equipo a más no poder, pero, caprichoso sea el deporte, la alegría se vio truncada con el resbalón que le provocó una rotura del tendón de Aquiles de su pierna derecha (confirmado por su padre en el descanso). Un mazazo tremendo para un conjunto que, si bien aguantó el tipo casi todo el encuentro, acabó sucumbiendo a finales del tercer cuarto, añorando la figura de su jugador franquicia en el clutch.
Si bien los de Indianápolis compitieron al nivel hasta el descanso, llegando a la segunda parte 48-47 arriba, la ausencia de su base estelar ha penalizado muchísimo a un equipo que ha puesto mucho corazón, pero poco juego.
De poco sirvió el esfuerzo titánico de T.J. McConnell en este tercer tiempo, que anotó 12 puntos en 6 de 7 tiros intentados y con canastas inverosímiles, cuando el resto de la plantilla mostró una clara desconexión mental y física, que tiró por tierra la épica actuación del base suplente.
El terrible parcial de 34-20 a favor de Oklahoma en el tercer cuarto es un indicador claro, como lo son también las 21 pérdidas de balón en 48 minutos, de la necesidad imperiosa que existía de tener un organizador y pasador de la talla de Tyrese en la cancha, lo que se agrava si uno recuerda su espectacular inicio con 9 puntos. Era su gran noche, su consagración a una travesía legendaria, pero el sueño se vio truncado. Al llegar el último asalto, los últimos 12 minutos, la proeza que necesitaban paso a milagro y, finalmente, a una misión imposible para los de amarillo.
El flamante y merecido campeón
No obstante, al César lo que es del César; la franquicia liderada por Shai se impuso más que merecidamente. Tras haber sido una apisonadora en temporada regular (68 victorias) y fases de playoffs, no se han achantado ante el primer equipo (junto a Denver Nuggets) que les ha jugado de tú a tú en todo el año, y han certificado su victoria de forma contundente. Nos quedamos sin adjetivos para Shai, el MVP, pues el canadiense ha promediado 30 puntos en estos 7 partidos cruciales y en la final, a pesar de su poco acierto en tiro (8/27), ha hecho valer sus 29 puntos y 12 asistencias. Su mano derecha, Jalen Williams, aportó 20 puntos, mientras que Chet Holmgren, cuestionado por su pobre rendimiento en el primer y sexto partido, dio la talla con creces anotando 18 y siendo clave en el apartado defensivo con 5 tapones.

Mención honorífica para Álex Caruso, sensacional sin balón toda la serie, con marcajes exhaustivos, robos providenciales (3 en esta final) y sus 10 puntos meritorios para hundir a los Pacers. Consigue su segundo anillo, tras aquel que ganó con los Lakers de LeBron y Davis en 2020, y se sigue reivindicando como uno de los jugadores más infravalorados y un auténtico perro de presa en la defensa. El rendimiento de estas figuras, junto a un banquillo excelso toda la temporada, explica el éxito de OKC en este curso 24/25, un equipo completísimo en todas las facetas de juego y con una plantilla repleta de miembros de alto valor, guiados a la perfección al son de la batuta de Mark Daigneault y sus elaboradas tácticas.
Poco hay que decir de los Pacers que no se sepa ya; se han ganado el respeto total del mundo del baloncesto con sus innumerables gestas (Bucks, Cavaliers y Knicks), derrotando siempre a rivales superiores sobre el papel, imborrable su representación de “David tumbando a Goliat” durante toda la postemporada. Cabeza muy alta sin importar el resultado; han hecho grande el escudo y luchado hasta el final, especialmente Mathurin, McConnell (que ostenta un récord de puntos, robos y asistencias desde el banquillo) y Siakam, más aún este último, que ha sido indiscutible MVP del equipo a lo largo de todas las finales. No podemos obviar a Nembhard, pues el escolta canadiense ha dado un paso gigante como jugador, con 17 y 15 puntos en los últimos 2 encuentros respectivamente, siendo el corazón del equipo y la esperanza por momentos sin Haliburton en pista.
Conclusión y despedida
Concluye, de esta forma, una de las temporadas más entretenidas de la NBA, cuyos playoffs han sido apoteósicos por momentos (remontadas, sorpresas como los Knicks venciendo a Boston y varias series ajustadas) y han terminado de la mejor manera, lo más tarde posible y con una final de 7 partidos. Toca reflexionar y hacer balance. Los Pacers deberán comprobar la gravedad de la lesión de Haliburton, que, al menos, tiene 4 meses de verano para progresar en su recuperación, y ajustar la plantilla lo necesario para volver a competir a este nivel la temporada que viene.
Los Thunder, por su parte, se han ganado una celebración a la altura y una rúa de desfase por su ciudad, y luego sólo tienen que trabajar en esta misma línea, no dormirse en los laureles y dar continuidad a la hegemonía que han mostrado; eso será suficiente para seguir postulándose como favoritos el curso que viene. Para ellos, en el mejor de los casos, este dominio puede significar la creación de una dinastía que puede regir la NBA los próximos años.
Aquí se despide un servidor, que extrañará la mejor liga de baloncesto (o basketball para los anglosajones) hasta que la esférica naranja vuelva a botar por los grandes pabellones americanos, allá por octubre. Hasta que llegue ese momento, solo queda esperar con ansia el retorno de este deporte tan apasionante.