La odisea inverosímil de los Indiana Pacers continúa contra todo pronóstico. Así lo certifica el 2-1 a su favor contra Oklahoma en estas finales, logrado tras imponerse 116-107 a sus rivales en un emocionante Game 3.
Un duelo encarnizado
Un Haliburton desatado. Pascal Siakam, clave como siempre. Un banquillo más que efectivo gracias a la garra de Obi Toppin, T.J. McConnell y, como estrella y factor X de la noche, Bennedict Mathurin con sus 27 puntos.
Los de Indiana aprovecharon su condición de local para regalar un festival de baloncesto a los espectadores del Gainbridge Fieldhouse, que disfrutaron de un recital tanto de los suyos como de los visitantes, pues las estrellas de Oklahoma dieron la talla casi todo el encuentro.
Sin embargo, los 26 puntos de Jalen Williams, los 20 de Holmgren o los 24 de Shai (y esto se supone que es “poco” para él, viendo sus promedios) fueron insuficientes, ya que enfrente tenían a un equipazo tocado por una varita, con un líder que tiene una misión clara: ganar el anillo.
Por muy difícil que se pusiera el partido, por mucho que destacaran los jugadorazos de Oklahoma y por mucho que Nesmith o Nembhard jugasen por debajo de su nivel, todo daba igual. Los de amarillo supieron mantener el ritmo de anotación en todo momento y llegar igualados al tiempo decisivo, el “clutch”.
Es aquí donde este conjunto destaca, donde se vuelven incapaces de fallar y sacan las jugadas decisivas en defensa y ataque: los tapones de Turner a Holmgren, el triplazo de Haliburton para romper el empate 98-98 y, como destello máximo del partido, el matazo de Obi Toppin a falta de 4 minutos, que dio una ventaja de 7 puntos a los suyos.

Al más puro estilo LeBron James, liderando al equipo y controlando el juego, Tyrese Haliburton volvió a ser el mejor jugador en cancha con 22 puntos, 9 rebotes y 11 asistencias, rozando el triple doble en una actuación excelsa en cada faceta del juego.
Tuvo, como es habitual, el respaldo de su escudero y segundo espada —aunque fuera elegido MVP frente a los Knicks en la fase anterior—, Siakam, que firmó un gran partido anotando 21, pero esta vez fue relegado a tercer jugador estrella por la irrupción de Mathurin.
El alero canadiense sacó un nivel tan estratosférico como inesperado, pues había mostrado irregularidad durante todos los playoffs, y lideró la segunda unidad con 27 puntos en 22 minutos, con un acierto de 9/12 en tiros de campo: una eficiencia brutal.
La magia de Indiana Pacers
Parece que, de alguna forma, cuando algunos fallan en el equipo, surgen nuevas figuras que nadie esperaba: héroes como Mathurin o McConnell, que llevaban tiempo fuera del foco y, de repente, parecen poseídos por una fuerza mayor que los hace jugar su mejor baloncesto.
El caso del canadiense es exagerado: ayer recordaba a Michael Jordan entrando desde el banco para los momentos más difíciles del partido, como cuando Messi entraba de suplente en el Barcelona —seguramente por volver de una lesión o tras descansar— y marcaba dos goles para empatar un partido que se daba por perdido.
O como hizo Alcaraz para dar la vuelta a su duelo con Sinner el domingo 8 de junio, en la final de Roland Garros que acabaría ganando. Hazañas de superhéroes en forma de actuaciones brutales de deportistas de élite; algo que lleva acompañando a Indiana desde hace ya dos meses en estas eliminatorias.
Algunos hablaban de brujería, magia negra, bendición divina o mística extraña; lo más similar que se haya visto en baloncesto es a aquel Real Madrid en la Champions League de 2021-22, por las remontadas absurdas con el partido “decidido” y el reloj agonizando.
En lo que va de playoffs, acumulan cinco victorias tras remontar un déficit de 15 o más puntos, algo completamente inaudito que se vuelve aún más legendario —si es que eso es posible— al recordar lo ocurrido en el primer partido de la serie contra los Knicks.
Aquel 22 de mayo por la noche, el Madison Square Garden fue escenario de una gesta antológica sin precedentes en la NBA, pues los neoyorquinos lideraban el marcador 119-105 a falta de 2 minutos y 45 segundos, cuando se obró el milagro y lo que parecía una victoria asegurada se tornó a favor de Indiana.
En esos minutos finales, los Knicks anotaron solo 6 puntos frente a los 20 de los Pacers, que forzaron la prórroga con un tiro decisivo de Haliburton y luego se impusieron en el tiempo extra para ganar el encuentro.
Era la primera vez que ocurría algo así en la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo, pues en las 994 ocasiones anteriores en las que un equipo había llegado con 14 puntos de ventaja a esos minutos finales, siempre lograba la victoria… hasta que llegó la magia de estos Pacers.

Una odisea hasta las finales
Además de toda esta “mística” —o como quieran ustedes llamarla—, habita un factor de grandeza y buen juego en este equipo: una química que acompaña el gen decisivo de Haliburton y sus cinco tiros en cinco encuentros distintos para ganar o empatar un partido en los últimos segundos en lo que va de playoffs.
Sí, han leído ustedes bien. Hasta tal punto llega la habilidad resolutiva del base originario de Wisconsin, cuya figura significa un antes y un después en la franquicia de Indiana, que en sus dos últimos años ha evolucionado hasta volverse una potencia en la Conferencia Este y un candidato claro a este campeonato e incluso a los próximos.
Verdugos de Milwaukee en primera ronda, derrotaron a los Cavaliers —que llegaban en gran forma— en semifinales, sorprendiendo a todo el mundo.
Superaron a los poderosos Knicks (que tumbaron al vigente campeón, Boston) en seis partidos en las finales del Este, y ahora compiten cara a cara con los Thunder, con 67 victorias y grandes favoritos a levantar el anillo desde hace semanas.
Han sido el David contra Goliat, la tortuga que supera a la liebre y cualquier fábula o ejemplo que se os ocurra donde, sorprendentemente, el underdog supera al favorito.
Aunque —no hace falta decirlo— necesitarán aún más si quieren colgar en su pabellón su primer estandarte de campeón de la NBA, pues su rival no ha dicho la última palabra y cuenta con el MVP, Shai Gilgeous-Alexander, y con la plantilla más completa y eficiente de toda la liga.
Mucho se teorizó sobre los Knicks y su posible éxito este año tras la elección del Papa León XIV, puesto que este fue exalumno de la Universidad de Villanova, en la cual se formaron Jalen Brunson, Mikal Bridges y Josh Hart, todos titulares del equipo de la Gran Manzana.
No obstante, los Pacers parecen ser más devotos de Benedicto, pero no del XVI, que ocupó el cargo hasta 2013, sino de su “tocayo” Bennedict Mathurin —o Benedicto XXVII, como me gusta llamarlo—, tras su impresionante actuación.