La directora mallorquina Marga Melià nos concede con Cien libros juntas un documental personal, íntimo y resplandeciente que manifiesta el sencillo acto de los clubes de lectura para transformarlo en una intensa reflexión sobre la amistad, la vejez, y la fuerza que consiguen transmitir los libros. Mediante el encuentro de cinco mujeres jubiladas que evocan y celebran una década colaborando en sus lecturas, la película erige una apología frágil y honrada a la experiencia femenina en el último tramo de la vida.

Se aleja de una narrativa retórica o engañosa, Melià selecciona un enfoque sencillo y familiar. Las protagonistas —Celia, Mabel, Asun, Evelyne y Patricia— simbolizan rasgos muy distintos entre sí, lo que proporciona a la historia una interesante complejidad de miradas y puntos de vista sobre la vida, además de las emociones. Desde la timidez afable de Celia hasta el humor de Mabel o la lucha interna de Evelyne contra la ansiedad, cada una de estas mujeres presentan un testimonio natural y verdadero sobre cómo la literatura no solo las ha escoltado durante su vida, sino que ha sido una herramienta de autoconocimiento, empatía y unión reflexivo con el mundo.

El valor del documental establece, en gran parte, una mirada hacia la vejez. Cien libros juntas elude el acto de idealizar a sus protagonistas. Las enseña con sus miedos, dolencias, esperanzas e incoherencias, pero también con un empuje intelectual contagioso. La película documental consigue representar esa estabilización entre la fragilidad y el vigor de una generación de mujeres que siguen teniendo mucho que decir, principalmente cuando descubren sitios como un club de lectura donde sus voces son escuchadas y respetadas.

Celia, Mabel, Asun, Evelyne y Patricia

La elección de un entorno natural le da un factor representativo que recalca el carácter íntimo y liberador de estos encuentros. En ese escenario, las conversaciones discurren entre risas, recuerdos, confesiones y, por supuesto, debates literarios que manifiestan el fondo con el que estas lectoras se aproximan a cada libro. La lectura compartida se muestra como una manera de vitalidad, de consolidación personal y de edificación de una comunidad.

La película escoge una puesta en escena elemental, pero meticulosamente cuidada, donde el ritmo sosegado posibilita al espectador profundizar poco a poco en el espacio humanitario de las protagonistas. Melià, quien también fue dinamizadora del club de lectura original, alcanza prolongar una distancia entre lo personal y lo cinematográfico, abasteciendo a la película documental de una honradez que se advierte desde los primeros minutos.

Cien libros juntas no solo es un documental sobre mujeres que leen: es una reflexión sobre la pujanza del diálogo, sobre la importancia de atender y acompañar en el camino. Es una señal para apreciar a las personas mayores no solo por su experiencia, sino como personas de cambio, de cultura y de raciocinio. En un periodo acentuado por el olvido generacional, esta película se transforma en un acto de entereza y ternura.

Por Óscar Gutiérrez

Estudiante de Periodismo en la UVa. Instagram: @oscarguti22_ X: @oscar17guti

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