Silvia Molina (@cinelysis)

Bajo el nombre de Cinelysis en redes sociales, Silvia Molina se ha consolidado como una de las creadoras de contenido más interesantes del panorama cinematográfico en Instagram y TikTok. Su discurso combina análisis fílmico y reflexión cultural, generando una comunidad que no solo consume cine, sino que también lo analiza y recuerda. A lo largo de esta entrevista, la influencer reflexiona sobre su relación personal con el séptimo arte, los cambios en los formatos audiovisuales y el impacto de la digitalización en la manera de ver películas.

Pregunta: ¿Cómo describirías tu relación personal con el cine?

Respuesta: Mi relación personal con el cine la describiría como una forma de entender el mundo. Creo que del cine se puede aprender mucho, y que el cine también aprende del mundo.

P: ¿Qué te llevó a interesarte por la industria y la crítica cinematográfica?

R: Desde siempre he disfrutado de todo lo relacionado con el audiovisual: películas, series… y, en general, de la cultura. A medida que fui creciendo y tomando más conciencia de lo que veía y de cómo lo veía, me surgía de forma natural buscar significados más allá de la imagen o el diálogo. Eso fue lo que me llevó a desarrollar un interés que iba más allá de lo puramente cinematográfico.

P: ¿Cuál es tu formato favorito para consumir y analizar películas: digital, streaming, 35 mm, Blu-ray, etc.? ¿Por qué?

R: Para consumir películas, prefiero 16 o 35 mm, aunque en general no me importa consumir todo tipo de formatos. A la hora de analizar películas, además, hay ciertos aspectos que van más allá del propio formato.

P: ¿Has notado diferencias perceptibles entre ver una película en formato digital y en película analógica?

R: Sí, los colores son muy distintos, al igual que la textura de la imagen. La película analógica tiene un grano particular y posee algo único, imposible de reproducir a la perfección en formato digital. Este último puede pasar por muchos procesos de color, pero hay algo en lo analógico que sigue teniendo un carácter especial.

P: Si comparamos las películas clásicas con las películas digitales modernas, ¿qué crees que se pierde o se gana en términos de experiencia sensorial y narrativa?

R: Pues, aunque parezca mentira, hay algo en el sonido de las películas clásicas que transmite un punto de verdad. No sé si será porque se asemeja más a la voz real y no pasa por tantos retoques, ya que en aquel tiempo era prácticamente imposible. Al haber menos herramientas para contar una historia y menos artificios de postproducción, aparecen detalles visibles o relatos más mundanos que, en ocasiones, hacen que la experiencia resulte más verídica.

Por otro lado, el cine actual también gana en otros aspectos: la implantación de bandas sonoras, determinadas técnicas de montaje y la enorme cantidad de recursos disponibles hacen posible vivir y experimentar muchos tipos de emociones y sensaciones en una sala de cine.

 

P: ¿Has notado diferencias en cómo las nuevas generaciones consumen cine en comparación con las anteriores, especialmente respecto a formatos y experiencias visuales?

R: Mucho. Existe una gran diferencia en el consumo de cine, empezando por la propia palabra «consumo». Hoy en día, ya no se ve cine; se consume. Vivimos en una sociedad consumista: no nos quedamos con lo que vemos ni lo retenemos en la memoria. Lo vemos, con suerte lo sentimos, y pasamos al siguiente contenido. Si hay grandes películas, en parte, es porque permanecen en la memoria. Hoy tenemos al alcance de nuestra mano tanto contenido que, inevitablemente, lo vemos sin retenerlo.

P: Desde tu perspectiva como influencer, ¿cómo ha cambiado la producción cinematográfica con la digitalización?

R: Mi respuesta se vincula un poco con la anterior. La digitalización ha abierto muchas puertas y oportunidades para crear y compartir contenido, lo cual es muy positivo. La parte negativa aparece cuando la producción se realiza en masa: entonces, ciertas piezas pierden valor. Es como el fast fashion: se produce más de lo que realmente se necesita, y esto siempre tiene consecuencias negativas.

P: ¿Qué ventajas y desventajas percibes en la digitalización de la producción y postproducción cinematográfica?

R: Entre las ventajas, considero positiva la digitalización y la postproducción porque muchas historias, si no la mayoría, acaban ahí. Muchas veces surgen mejores piezas con varios visionados, con otros puntos de vista e ideas que no saldrían de no tener estas herramientas.

En cuanto a las desventajas, no hay certeza absoluta. Es posible que se pierdan elementos «puros» en el proceso, y aunque no conozco todas las implicaciones a nivel laboral, seguro que existen efectos negativos que conviene considerar.

P: ¿Cómo crees que influye el paso del grano de la película a la imagen digital en la percepción emocional y estética de la audiencia?

R: Esto sigue siendo un debate abierto en la actualidad. Para mí, influye mucho, y para el público también, aunque no lo crea. Todo lo que vemos está ligado a lo que vivimos, y de manera similar a cómo las casas cada vez se vuelven cada vez más blancas o los edificios pierden color, sucede algo parecido con el cine. La colorimetría y la vivacidad de las películas son fundamentales.

En el cine analógico existe un factor que siempre juega a su favor: la nostalgia. Hay algo en la forma de grabar que transporta a lugares muy especiales. Por su parte, la imagen digital muchas veces es fría, aunque se intente conseguir lo contrario. Hace veinte años, incluso con tecnología digital, la imagen era más viva que en la actualidad; hoy nos predomina una paleta de tonos grisáceos y naranjas apagados.

P: Algunos cineastas defienden el «ruido» o la «imperfección» de la película como un elemento artístico. ¿Consideras que esto ejerce un impacto real en la narrativa cinematográfica?

R: Todo influye en la narrativa cinematográfica, incluido el «ruido». Por supuesto, depende de qué quiera contar y de cómo se haga. La elección de cómo grabar, qué capturar y cómo mostrarlo suele tener, en la mayoría de los casos, un impacto real, o al menos transmite un mensaje detrás.

P: ¿Existe algún cineasta contemporáneo que consideres que emplea el grano de la película de manera efectiva para contar historias?

R: Wes Anderson sería un ejemplo muy bueno. Es un cineasta reconocido por su identidad visual y por la importancia que otorga al color como hilo narrativo de sus historias. Sus películas no serían iguales sin ese toque característico.

P: Muchos directores, como Martin Scorsese y Christopher Nolan, defienden la película como un medio de preservación. ¿Qué opinas sobre la idea de que el celuloide es más «perdurable» que lo digital?

R: Hoy en día, habiendo crecido con lo digital y con tantas copias remasterizadas de películas, no creo el celuloide sea necesariamente más perdurable. Obviamente, parece que lo tangible siempre dura más, y creo que es verdad, pero actualmente, donde todo está tan expandido y accesible, lo verdaderamente perdurable es lo que permanece en la memoria de quien lo ve, como he mencionado anteriormente.

P: ¿Consideras que los cineastas deberían formarse en ambos formatos, digital y analógico, para comprender mejor la narrativa y la estética del cine?

R: No sé si sea obligatorio, pero si yo fuera cineasta, me gustaría formarme en ambos formatos para tener una visión más completa de cómo ejecutar mi obra. Conocerlos proporciona más herramientas y recursos para luego crear algo más certero.

P: ¿Crees que existe un valor cultural en mantener formatos físicos como el 35 mm, aunque sean menos prácticos?

R: Sí, creo que existe un valor cultural en los formatos físicos por todo lo que implican y por actuar como un «opuesto» a la digitalización. Cuando a algo se le asigna un significado emocional, o cuando muchas grandes películas se han rodado en 16 mm o 35 mm, se trata de algo cultural e incluso contracultural a día de hoy.

P: ¿Qué opinas sobre los debates que enfrentan la preservación de medios analógicos frente a la eficiencia de los medios digitales?

R: Puedo entender el debate: la digitalización siempre será más eficiente, pero personalmente soy partidaria de seguir preservando el formato analógico. Si no fuera así, no contaríamos con muchas de las obras que tenemos hoy. Evidentemente, en aquel entonces no había otra posibilidad, pero ahí permanece.

P: ¿Crees que la sobreexposición a imágenes digitales retocadas ha cambiado nuestra forma de «confiar» en lo que vemos en pantalla?

R: Muchísimo. Todo influye, especialmente hoy, con todo a lo que estamos expuestos. Nos cuesta confiar en lo que vemos y mantener la atención en la pantalla; nos resulta difícil ver y creer. Por eso creo que el formato analógico transmite un poco más de confianza en los tiempos que corren.

 

P: ¿Cómo crees que las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, el CGI hiperrealista o los deepfakes, afectarán nuestra percepción de la autenticidad en el cine?

R: Cuestionándolo todo. Creo que dependerá del tipo de película: en un género de ciencia ficción, dudarás más de la autenticidad de lo que ves y reflexionaras sobre cómo se ha creado. En un drama romántico, no lo cuestionas tanto, pero el debate existe y cada vez gana más terreno. Si en la vida real nos cuesta creer la veracidad de una noticia, imagina en el cine, donde ya parte de la base es la «ficción».

P: ¿Cómo imaginas que será la relación entre el cine en formato físico y el digital en los próximos 10 a 15 años?

R: Creo que, como he mencionado anteriormente, el cine analógico seguirá teniendo un carácter contracultural, representando una búsqueda de veracidad tanto para los cineastas como para el público. No sé si lo creo o simplemente lo espero, pero el cine digital continuará dominando en masa; no veo una disminución en su consumo, solo un aumento y una mayor concentración en la creación y distribución.

P: Como influencer, ¿qué responsabilidad crees que tienes al educar a tu audiencia sobre la diferencia entre imagen digital y película analógica?

R: Es importante transmitir a la gente la importancia de cómo se ve el cine y lo que ello significa. Enseñar y hacer reflexionar sobre qué vemos, cómo lo vemos y desde qué perspectiva. Ambos formatos tienen sus pros y sus contras, pero también cargan con múltiples significados vinculados a distintos ámbitos sociales, y creo que es fundamental transmitirlos, tanto para disfrutar del cine como para comprenderlo con pensamiento crítico.

 

Descubre más desde 22 minutos con

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo