Crítica| 'The Alto Knights', protagonizada por Robert De Niro

El director Barry Levinson, cuyo mejor momento fueron los 80, no quiere dejar morir su carrera y se ha ido embarcando en distintos proyectos (series, películas y películas para televisión). Esta vez lo intenta con el cine de gánsteres, acompañado de Robert De Niro por partida doble

Barry Levinson, director de películas como Rain Man, Good Morning, Vietnam o Sleepers, llegó en su momento a conectar con el público, la crítica y los académicos. Sin embargo, esa época ha quedado ya lejana. Ahora intenta recuperar aquellos tiempos dorados y, en esta ocasión, propone una historia de mafiosos más clásica… o eso es lo que parece al principio.

La película cuenta la historia de Frank Costello y Vito Genovese, dos mafiosos de Nueva York (ambos interpretados por De Niro), que comienzan una disputa debido a rencillas y diferencias de opinión. El film busca retratar el mundo del crimen organizado, teniendo a estos dos personajes como foco principal.

Intenta volver a los temas clásicos de las grandes películas de mafiosos, tratando de parecerse al Goodfellas de Scorsese, e imitando su ritmo, pero incorporando cierta experimentalidad sin salirse de los grandes cánones del cine más tradicional. Sin embargo, todo se desmorona desde el inicio.

Esa mezcla de inestabilidad, experimentación y ritmo dinámico no funciona en ningún momento. Desde el principio, el montaje apresurado y las escenas en paralelo impiden que entres en la película. Es caótica y poco consistente desde el montaje hasta la dirección de Barry Levinson. Se nota el intento de alejarse del clasicismo cinematográfico para hacer algo más moderno, pero el resultado no funciona ni sigue una lógica clara, con escenas que empiezan y terminan prácticamente porque sí.

Quiere mezclar la ficción con una especie de falso documental, incorporando escenas en las que Frank Costello habla directamente a cámara (lo que justifica la voz en off). Sin embargo, estas interrupciones cortan completamente el poco ritmo que la película había conseguido. También juega con los formatos y alterna entre blanco y negro y color, lo que nuevamente rompe la ya escasa consistencia visual y narrativa.

El otro gran problema de la película es el guion: un caos inconsistente y cargado de relleno. Al principio te presentan el conflicto principal y la intención parece ser contar cómo se llega hasta allí, pero la mayor parte es paja hasta un desenlace que resulta ser lo más entretenido de la película. Todo el segundo acto es un relleno que se centra en la historia de amor de uno de los personajes, una trama que no aporta nada nuevo al género.

Como dije, lo más interesante es el final, cuando entra en juego el típico juego de planes, traiciones y misterios dentro de las familias mafiosas. Sin embargo, esto es anecdótico, pese a ser el tema principal, y queda reducido a una media hora final interesante. Destaca el retrato de la mafia en Estados Unidos, pero solo hacia el cierre de la película, ya que el resto del tiempo el retrato es pobre, abrupto y poco esclarecedor sobre el funcionamiento real de la mafia (aunque se intente).

El recurso de tener al mismo actor interpretando a los dos personajes principales no tiene sentido ni una explicación lógica. Parece un capricho de alguien en la producción o del propio director, porque no hay justificación. El personaje de Genovese parece pensado para Joe Pesci, ya que la interpretación que propone De Niro es muy similar a la que Pesci hizo en Goodfellas.

Por suerte, De Niro está correcto en sus papeles, aunque en esta ocasión se queda en un segundo plano (y eso que lo tenemos dos veces en pantalla). La película es un caos y un poco desastrosa. Aun sin tener expectativas, decepciona. Cuesta creer que venga del mismo director de Good Morning, Vietnam o Sleepers.

En resumen, es una película que no aporta nada nuevo ni al género ni al espectador. No podría decir que es entretenida ni emocionante. Es un caos que parece haber intentado salvarse con un montaje rápido y conectando escenas a ver si, con suerte, todo cobraba algo de sentido. Pero no lo consiguen. Ni siquiera De Niro puede sostener un guion así. Por desgracia, nos hemos perdido una película de mafiosos que podría haber prometido mucho, pero que se queda en un experimento fallido con ideas que no concuerdan entre sí.

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