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Los tres secretos de Francisco de Goya en Valladolid

Un encuentro inesperado entre Valladolid y Francisco de Goya muestra, en un pequeño convento, tres obras del maestro aragonés

Valladolid es conocida por haber sido la capital de España en dos ocasiones, su gastronomía, la Semana Santa, la Seminci o por personajes ilustres como Miguel de Cervantes o Miguel Delibes. Aunque el secreto mejor guardado de esta ciudad se esconde en las capillas de la iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana: tres óleos sobre lienzo del maestro aragonés Francisco José de Goya.

Francisco José de Goya y Lucientes y la ciudad de Valladolid cruzaron sus caminos, por primera vez, en 1787. Este acontecimiento ha pasado muy desapercibido en la ciudad, ya que gran parte de los vallisoletanos desconocen la existencia de tres lienzos realizados por el artista aragonés que se sitúan en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana y, por desgracia, solo reciben 2.700 visitas al año. Cabe destacar que son los únicos lienzos de Goya que se conservan en Castilla y León.

El Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana tuvo dos momentos claves que han hecho que se encuentre en la actualidad en este estado. El convento fue diseñado, primeramente, por Francisco Praves y tuvo su primera apertura en 1596 con la intención de dar cobijo a las monjas Bernardas Recoletas.

El paso del tiempo hizo que el convento no tuviese estabilidad y se encontrase en mal estado, por lo que las monjas vieron peligrar su residencia y decidieron contactar con el rey Carlos III para la reedificación del convento. El rey accedió y encomendó en el 1780 la tarea al arquitecto italiano Francisco Sabatini, autor de la Puerta de Alcalá o el Palacio Real de Madrid. Finalmente, el nuevo convento se estrenó en 1787, año en el que nuestro protagonista termina sus tres obras maestras para la iglesia del convento.

Francisco José de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos (Zaragoza) en 1746. Destacó por su gran imaginación, por eso decidió trasladar las inquietudes que le surgían en la cabeza a los lienzos. Para llevar a cabo las obras que hoy en día conocemos, tuvo que aprender de un pintor llamado José Luzán, con el cual estuvo cinco años de intenso aprendizaje hasta que decidió comenzar su andadura como artista. En su recorrido no se menciona la ciudad de Valladolid, pero hay que destacar tres obras del maestro aragonés que fueron diseñadas para la ciudad del Pisuerga: Santa Ludgarda, La Muerte de San José y Los Santos Bernardo y Roberto.

Para empezar hay que destacar la arquitectura que protege estos tres cuadros porque la cúpula es vital para resaltar la obra de Goya. Sabatini introduce un efecto de ilusión óptica que se puede observar desde el centro de la iglesia porque si nos situamos en ese lugar la configuración es totalmente ovalada; mientras que si nos colocamos en los ejes mayores la vemos semiesférica. Sabatini estudió la forma en la que el sol proyectaba su luz en la iglesia y decidió colocar las ventanas de tal forma que por la mañana iluminasen las obras realizadas por Goya y por la tarde las otras tres obras de Ramón Bayeu, cuñado de Goya.

Las tres obras que pinta Goya son de temática religiosa, aunque precisamente no son sus obras más reconocidas, y se encuadran en una etapa anterior a la enfermedad que le dejó sordo. Estas obras fueron encargadas por el propio arquitecto Sabatini quien sugirió a Goya y Ramón Bayeu como los encomendados para realizar los seis cuadros que ocupasen las capillas de la iglesia.

La obra que está situada más cerca de la entrada en la iglesia es Santa Ludgarda. La historia de esta monja de la orden de San Benito aún se recuerda porque es una de las primeras personas que tuvo devoción por el Sagrado Corazón, tras la aparición de Jesús revelando la herida en el corazón. En el cuadro de Goya se muestra a Santa Ludgarda abriendo los brazos en señal de ofrenda ante un crucifijo. El claroscuro es el protagonista en la obra, debido a las luces que se proyectan dando importancia a la figura de Santa Ludgarda y las flores que tiene a los pies; y oscureciendo el crucifijo otorgando un aura místico que recuerda a Zurbarán.

En el medio de las tres capillas realizó La muerte de San José que es una obra de temática religiosa en la que se destaca el halo de luz que cae sobre el cuerpo sin vida de San José. En el cuadro, acompañando a San José, aparecen la virgen María y Jesús extendiendo los brazos rogando al Señor que reciba a su padre. Los rumores que rodean al lienzo es que la cara de este San José que retrata Goya, es la cara de su padre; se deja guiar por los sentimientos que tuvo cuando falleció su padre para trazar esta obra. Tampoco se sabe a ciencia cierta, el rostro de María podría ser el de su madre, Gracia de Lucientes, completando la escena que tuvo que sufrir el propio Goya con la muerte de su padre.

La última obra de Goya trata de Los Santos Bernardo y Roberto. El lienzo es una representación de San Bernardo y San Roberto, considerados los dos santos más notables de la orden Cisterciense. En la obra se escenifica un acto de curación por parte de los santos a una persona que parece estar incapacitado físicamente. El protagonista del lienzo es San Bernardo con un hábito en el que se puede apreciar a la perfección todos los pliegues y el contraste que genera con el fondo oscuro. Además, de su cabeza sale un halo de luz que representa la figura de un milagrero, como la estrella más brillante. San Roberto observa y mantiene en su mano derecha una vasija de cerámica que representa la misericordia hacia los más necesitados.

Este reportaje subraya la importancia de las obras de Goya en Valladolid, no solo por ser las únicas obras que se conservan en Castilla y León del maestro aragonés, sino como un vestigio de la comunicación que tuvo Goya con la ciudad de Valladolid. Mediante la transmisión y el reconocimiento, aún perdura la ilusión de que los más jóvenes se acerquen, por ejemplo, a las capillas de la Iglesia del convento de San Joaquín y Santa Ana y puedan contemplar y entender lo que se le pasó por la cabeza a Francisco José de Goya para realizar de esa manera las obras.

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