Steven Soderbergh nos presenta una reinversión del género de las casas embrujadas mediante la interesante premisa técnica de ponernos en el punto de vista de la “presencia” protagonista, pero consiguiendo resultados escuetos donde la actuación del elenco principal se ve gravemente deteriorada.
Presence (Steven Soderbergh, 2024) es la prototípica historia de casas embrujadas que todos hemos visto alguna vez en la gran pantalla: una familia se muda a una casa en los suburbios de la ciudad con la esperanza de empezar de nuevo una tranquila y pacífica vida, la cual se ve perturbada por la presencia de un espíritu fantasmal que dará lugar a situaciones paranormales.
Chloe (interpretada por Callina Liang) es una adolescente rebelde que está en pleno proceso postraumático tras la muerte inesperada de su amiga Nadia. Esto la lleva a tener una sensibilidad mayor hacia la muerte, lo que la hace sentir la extraña presencia fantasmal que habita en su nuevo hogar. Mientras tanto, su hermano Tyler (Eddy Maday) se lleva toda la atención de su madre (Lucy Liu), al presentarse como el hijo adolescente americano modélico: un joven atlético y popular en su instituto. Por su parte, Chris (Chris Sullivan), el padre de la familia, trata de sacar adelante su fragmentado matrimonio y los problemas fiscales que arrastran mientras muestra una especial preocupación por Chloe, quien parece llevar peor el cambio de vida que han tomado.

Sin embargo, lo que hace interesante a esta película es el punto de vista desde el que está rodada: lejos de meternos en la típica dinámica del gato y el ratón donde el espectador se sitúa junto a los miembros de la desestructurada familia protagonista esperando con tensión el tan esperado susto propio del género, Steven Soderbergh hace un giro de 180 grados planteando una película donde la cámara es la propia presencia espectral, quien se desplaza por el domicilio observando de primera mano las peripecias de los diferentes personajes.
Este llamativo estilo fílmico resulta en un primer momento como una bocanada de aire fresco al género. No obstante, a medida que avanza la película se siente cada vez más una simple muestra de fanfarronería estilística de Soderbergh ante críticos y cineastas. La técnica visual arranca todo el protagonismo al elenco principal, quienes ven empeorada su actuación por la distancia física que ejerce la presencia-cámara respecto a ellos (como decía – o se le suele atribuir a Chaplin – “La vida es una tragedia en primer plano y una comedia en plano general”); a excepción de las escenas más voyeristas del filme, donde la cámara se sitúa en una distancia tan cercana a la acción que desentona completamente con la personalidad que la presencia iba construyendo a lo largo de la trama.
Por si fuera poco, la paradójica “presencia constante de la presencia” no ayuda en ningún momento a construir la intriga propia del género del terror que la película trata de generar. El personaje fantasmal funciona prácticamente como un personaje pasivo en la gran mayoría del filme, solo actuando en momentos puntuales – donde los efectos especiales y visuales usados parecen sacados de una película fanmade de Harry Potter – antes del satisfactorio tercer acto, que resulta ser el único momento disfrutable de la historia que nos plantea aquí David Koepp, quien sin duda no llega a la altura de sus mejores guiones.
El final, aunque precipitado, da un giro dramático bien elaborado que te deja con un regusto dulce en la boca que alivia la amargor generalizada de la película. Lucy Liu borda, además, una última escena digna de una actriz de su nivel con una actuación que te hace sentir su dolor y desesperación desde la cercanía con la que la presencia-cámara la «filma».

Aunque no es de mi gusto, y le encuentre más sombras que luces, Presence no deja de ser una propuesta diferente a lo que viene siendo lo canónico en el género de las casas encantadas con una fotografía realista que resulta muy placentera de ver. Lejos de encontrar su público entre los amantes del terror (categoría que le queda demasiado grande al filme de Soderberh), creo que Presence puede llegar a ser una buena experiencia para todos aquellos que quieran ver un drama familiar que se salga de lo ordinario.
