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En La informante de Berlín, Selva Palacios nos transporta a una época de división, peligro y resistencia. A través de la historia de Hanna Schmidt, una joven atrapada en el Berlín Oriental que desafía al régimen colaborando con la disidencia. La autora construye un relato en el que el espionaje, la historia y las emociones personales se entrelazan de manera magistral.

En esta entrevista, Selva Palacios nos habla sobre la inspiración detrás de La informante de Berlín, el proceso de documentación para recrear con fidelidad la época y cómo el muro que dividió a una ciudad entera simboliza también los obstáculos internos que cada personaje —y cada persona— debe enfrentar.

Pregunta: La informante de Berlín nos transporta a una época de tensión y división. ¿Qué fue lo que te inspiró a escribir esta historia?

Respuesta: Fueron varias cosas que, luego, al final, convergieron. Por un lado, escuchar Still Loving You de Scorpions, que es una balada, bajo mi punto de vista, súper potente y evocadora. Sin pretenderlo, porque ya la había escuchado muchísimas veces, empecé a inventarme personajes y una historia mientras sonaba la canción. Y luego, sí que es cierto que siempre me había llamado la atención el tema del muro de Berlín, lo que pasó después de la Segunda Guerra Mundial con esa ciudad en concreto, dividida en varias partes… Me resultaba fascinante. También las historias de ficción que combinan amor y guerra a mí me encantan; me parece que dan muchísimo juego.

Al final, empecé a ver con más nitidez a estos personajes en mi cabeza, lo hablé con algunas compañeras escritoras y me dieron muy buenas ideas.

Sí que es cierto que en el tema de la documentación es donde más tardé, pero la historia en sí no me costó demasiado armarla.

P: ¿Cómo fue el proceso de documentación que mencionas para recrear el Berlín de esa época?

R: Sobre todo, me centré en podcast y documentales. Todo el tiempo que tenía libre lo empleaba en documentarme: en el coche, paseando o, si tenía un momento antes de dormir, me ponía un documental. 

Quise centrarme en historias de gente común y en cómo era la vida en uno y otro lado del muro, así como en aquellas personas que intentaron o consiguieron cruzarlo. 

P: En la novela vemos una mezcla de espionaje, historia y emociones personales. ¿Cómo equilibraste estos elementos para que funcionaran juntos?

R: Siendo sincera, en los primeros borradores de la novela, la trama de espionaje no tenía tanto peso. Fue en revisiones posteriores cuando me di cuenta de que necesitaba darle un poco más de importancia a esa parte. En la edición fue donde se pudo equilibrar todo. Digamos que fue un proceso; no surgió en el primer borrador, sino que se desarrolló de manera más paulatina. 

P: ¿Cómo fue el proceso de construcción de la protagonista, Hanna? ¿Tuviste algún referente real o literario?

R: Sí, tuve varios referentes reales. Quise apoyarme en personas de mi entorno que he conocido o que conozco, mujeres fuertes, pero que, dentro de esa fortaleza, también poseen rasgos de personalidad que resultan un poco complejos. Ser tan fuerte, tener las ideas tan arraigadas y ser inamovible también tiene su lado malo.

Por otro lado, a través de Hanna también quería explorar lo que sucede cuando alguien se aferra a una idea, a un plan o a un objetivo. Es como los burros o los caballos cuando les ponen paneles a ambos lados de los ojos y no pueden ver más allá de lo que tienen enfrente. Eso puede hacer que nos perdamos muchas cosas y que, al final, se desvirtúe lo que realmente queremos conseguir. En efecto, cuando lo logramos, podemos llevarnos un chasco o la desilusión de que, en realidad, no era como imaginábamos o no resulta ser como esperábamos, y eso es difícil de digerir. Ese duelo puede llegar a ser muy demoledor. Entonces, también quería incorporar esa idea. Hanna es una mezcla de varias mujeres y, además, de experiencias personales que me han marcado y que quería plasmar en una novela.

P: En la novela, las cartas entre Hanna y Mattias juegan un papel importante. ¿Qué te atrajo de este recurso narrativo?

R: Si te soy sincera, no me gustan las novelas epistolares; no me gusta leerlas. Pero me encanta narrar en segunda persona. Considero y soy una persona bastante autocrítica que es uno de mis puntos fuertes y tengo otros débiles. Una buena manera de narrar en segunda persona es a través de cartas, diarios, etcétera. Es un recurso que, en general, no me gusta, aunque hay excepciones, como Drácula, de Bram Stoker, que me encanta.

De hecho, en la novela que estoy escribiendo ahora también incorporó cartas. No lo había planeado así, pero al final ha surgido así. 

P: Por otra parte, la historia tiene muchísimas tramas, y te quedas pensando: “¿qué pasará con cada uno de los personajes?”

R: Me gusta mucho leer historias con pocos personajes en las que todos tengan su propio recorrido, y donde de una trama secundaria surja una principal que luego vuelva a alejarse. A mí todas esas cosas me encantan cuando están bien hechas, e intento hacerlo yo también.

P: El muro de Berlín es casi un personaje más. ¿Qué simboliza para ti dentro de la trama?

R: Esa es una muy buena pregunta que no me habían hecho antes. Personaliza entre comillas los obstáculos que uno puede encontrar. Hay veces que ese muro es tangible y lo puedes tocar, como hace Hanna en una de las primeras escenas de la novela, y hay veces que ese muro, en realidad, solo está en tu mente. Me gusta jugar con eso: con muros que son tangibles y que podrías escalar de manera más o menos sencilla, y otros que son intangibles, que no están ahí. Me gusta esa doble realidad de los obstáculos que enfrentamos en el día a día y que nos impiden alcanzar nuestras metas, ya sean reales o no tan reales.

P: He leído por redes sociales, que dices que escribes para escapar de la rutina. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Tienes algún ritual o método de trabajo? 

R: Antes de tener niños, sí tenía mucha más estructura a la hora de ponerme a escribir. Ahora es un poco cuestión de supervivencia. Sí es cierto que tengo una rutina super establecida, y estos momentos me dan un poco la vida, permitiéndome escapar de esa realidad que me encanta y que he elegido, pero en la que también necesito pequeños ratos de evasión. Esta es la manera perfecta de conseguirlo.

Leí hace poco que Agatha Christie decía que se le ocurrían los mejores asesinatos para sus novelas mientras fregaba los platos. Pues a mí me pasa algo parecido. Por ejemplo, se me ocurren nuevas ideas mientras intento dormirme. Incluso tengo un grupo de WhatsApp conmigo misma para ir apuntándolas.

P: ¿Tienes ya en mente una nueva historia? ¿Seguirás explorando la ficción histórica o te gustaría probar otros géneros?

R: Sí, voy a ir dejando la novela romántica un poco apartada, sin abandonarla del todo. Me voy a centrar más en otro tipo de argumentos. No voy a decir que ya lo he escrito todo en romántica, porque eso sería pretencioso y pedante (y nunca digas nunca), pero sí es cierto que, ahora mismo, me llaman más la atención otro tipo de conflictos que puedan tener los protagonistas, y me parece todo un reto.

¿Qué prefieres? (Especial escritores)

-¿Escribir de día o de noche? De noche. 

-¿Historia o ficción? Ficción. 

-¿Finales abiertos o cerrados? Cerrados.

-¿Espionaje o romance? Voy a elegir romance, pero 51% romance, 49% espionaje. 

-¿Narrar en primera persona o tercera persona? Depende, pero voy a decir primera. 

-¿Escribir con ruido, música o en silencio? Al principio, cuando no tenía niños, escribía con música y sin límites de horarios. Con el tiempo, la música fue desapareciendo, y ahora puedo escribir incluso con el ruido de fondo de los niños jugando. Si pudiera elegir, lo haría en silencio o con música.

-¿Ser la informante o ser quien investiga a la informante? Ser la informante y tener a un hombre como Klaus detrás.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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