El Inmortal

Alejandro García se despide de José Antonio con la tranquilidad de quien siente que el viaje ha merecido la pena. La tercera y última temporada de El Inmortal, que se estrena en Movistar+ el 11 de junio, cierra una etapa que ha llevado al personaje al límite y que, de alguna manera, también ha acompañado al actor en un proceso de reflexión personal.

Esta temporada sitúa la acción en 2004. José Antonio lleva años fuera del narcotráfico, centrado en su hija y su familia. La Rubia dirige ahora la banda, que ha crecido exponencialmente, con nuevos métodos y socios. Todo se tambalea cuando un soplo pone a la policía tras un gran cargamento y apunta también a José Antonio. Comienzan los cinco peores días de la banda, en los que tendrán que enfrentarse a sus peores fantasmas y a decisiones que cambiarán todo para siempre.

Si en las anteriores entregas José Antonio ya había transitado por zonas oscuras, en esta despedida las consecuencias de sus actos ocupan el centro de la historia. García considera que precisamente ahí reside una de las grandes diferencias de El Inmortal respecto a otras ficciones del género: la voluntad de asumir riesgos y mostrar el precio de las decisiones tomadas.

“Era mi deseo que José Antonio tuviera consecuencias y que el espectador las viera”, explica. Después de dos temporadas construyendo relaciones, vínculos y conflictos, el actor canario sentía que había llegado el momento de explorar cómo afectan esos actos a su entorno, a su familia y a sí mismo. “Había mucho trabajo previo, mucho background de la historia y de los personajes. Solo había que vivir cada situación”.

Un personaje construido durante tres temporadas

La exigencia interpretativa ha sido enorme, reconoce Alejandro, que da vida a un personaje cien por cien opuesto a él.

En esta última temporada, a lo largo de seis capítulos, José Antonio atraviesa un auténtico descenso emocional que obliga al espectador a acompañarlo por territorios incómodos. Sin embargo, Alejandro asegura que la construcción del personaje ya estaba tan asentada, gracias al trabajo de temporadas anteriores, y gran parte del proceso surgió de forma natural.

Ese trabajo comenzó mucho antes. En la primera temporada, recuerda, fue necesario encontrar el equilibrio entre lo creíble y la caricatura. Un proceso en el que resultaron fundamentales la entrenadora actoral Paz de Alarcón, con quien ha trabajado durante toda la serie, así como los directores David Ulloa y Rafa Montesinos y el productor José Manuel Lorenzo. Entre todos fueron definiendo el rumbo de un personaje muy alejado de la personalidad del actor.

Asomarse a mundos ajenos

Precisamente esa distancia fue una de las razones que le llevaron a aceptar el proyecto. Para el actor canario, interpretar a alguien como José Antonio supone la oportunidad de asomarse a realidades que nada tienen que ver con la suya propia. “Vivimos en el mundo que vemos a nuestro alrededor, pero existen muchísimos más mundos que a través de la ficción, las obras de teatro, las películas o en este caso las series, podemos descubrir. Para mí era eso, meter la cabeza en un mundo que no tiene nada que ver conmigo”.

El humor como refugio durante el rodaje

Aun así, enfrentarse durante meses a emociones extremas exige mecanismos de protección. El actor explica que el humor dentro del equipo ha sido una herramienta esencial para no perder de vista que todo forma parte de una ficción. “La mejor manera es no olvidar en ningún momento que esto no deja de ser un trabajo y una historia que estamos contando”.

Alejandro es de esos actores que se involucra al cien por cien en todos sus trabajos y reconoce que, en este caso, y por el momento vital que atravesaba cuando rodaron esta última temporada, “la obligación de ir a rodar cada día, en este oficio tan curioso como es el de actor, en el que tienes que transitar unas emociones que poco tienen que ver con lo que tú estás viviendo en tu día a día, también formó parte inconsciente de una terapia, que se hacía en el set”.

Explorar el lado más oscuro del ser humano

La tercera temporada de El Inmortal también planteó un reto concreto: “mostrar el lado más oscuro posible de un ser humano y no únicamente el de José Antonio, sino el de cualquier persona enfrentada a sus peores impulsos”. Alejandro trabajó esa idea junto al equipo creativo desde el inicio del rodaje.

Reconoce que “hay veces que, inconscientemente, tiendes a darle tu ternura o tu coherencia a los personajes que los haga más comprensibles”, reflexiona. Y en esta tercera temporada había una pauta clarísima: “llevarlos más allá de los límites habituales y explorar territorios incómodos que sorprendieran incluso a quienes estaban detrás de las cámaras”.

Un equipo que nunca soltó la mano

Ese compromiso creativo se apoyó también en un equipo especialmente unido. Los cuatro meses de rodaje reforzaron unos vínculos que venían construyéndose desde el inicio de la serie.

Alejandro habla constantemente del grupo humano que ha acompañado el proyecto y de una implicación que nunca disminuyó a pesar de la complejidad de una producción donde conviven la acción, el drama emocional y las tramas familiares.

Lo que Alejandro se lleva de José Antonio

Cuando mira atrás y compara al Alejandro García que comenzó El Inmortal con el que hoy se despide de la serie, encuentra diferencias que van mucho más allá del trabajo interpretativo. El proyecto arrancó poco después de una pandemia que obligó a muchas personas a replantearse aspectos importantes de sus vidas. Él no fue una excepción.

Durante estos años ha convivido con un personaje radicalmente distinto a él, “pero también he aprendido a observar partes de mí mismo que antes prefería no mirar”.

“Todos tenemos algo de luz y algo de oscuridad”, afirma. Para el actor, enfrentarse a esas zonas menos cómodas resulta imprescindible. “Mirarlas de frente es el mejor camino para sanarlas”.

La idea conecta con otros personajes que ha interpretado a lo largo de su carrera y con una convicción: detrás de cada persona existe una historia, un dolor y unas circunstancias que condicionan su camino. Lo importante no es tanto lo que nos ocurre como la forma en que decidimos responder a ello.

“Todos tenemos la posibilidad de elegir qué hacer con lo que nos pasa en esta vida”, sostiene. Aunque reconoce que no todos parten del mismo lugar ni recorren el mismo camino, cree que siempre existe una elección entre convertir la experiencia en aprendizaje o quedarse atrapado en el resentimiento.

Sanación

Por eso, al despedirse de José Antonio, la palabra que emerge con más fuerza no es violencia, ni poder, ni éxito. Es sanación. Un proceso que Alejandro García siente haber recorrido tanto a través de la ficción como de la propia vida. “Me siento más sano. He sanado aspectos que no quería mirar de frente cuando empecé El Inmortal”.

Nuevas historias en camino

Tras tres temporadas, José Antonio queda atrás. Lo hace después de un viaje marcado por la violencia, las contradicciones y las consecuencias de cada decisión. Alejandro García, por su parte, se queda con otra lectura: la de haber transitado junto al personaje por territorios incómodos que, lejos de alejarle de sí mismo, le han ayudado a comprenderse mejor.

El actor nos avanza que en junio comienza a rodar un nuevo proyecto junto a Silvia Alonso. Será una historia de amor, de amor a los hijos y de amor a uno mismo, todo dentro de una comedia “Es algo que me apetece mucho”, reconoce. Estaremos pendientes.

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