Capitán América: Brave New World es un oxímoron en sí misma: buena y mala, fría y caliente, suave y áspera. Carece de un guion que acompañe a la totalidad del conjunto, pero tiene algún que otro buen diálogo, alguna frase que logra ablandar los sentimientos y hace que florezcan los recuerdos.
Les voy a confesar un secreto: me han parecido más intrigantes, poderosos, sensacionales y carismáticos los episodios que hasta ahora hemos visto de la nueva serie animada de Spider-Man que esta película seca, hueca de trama y de acción, del Capitán América de Sam Wilson (Anthony Mackie). Y, bueno. Del Capitán América, entre muchas comillas. Por llamarlo de algún modo. Porque a Mackie le queda extremadamente grande el manto de uno de los héroes insignia de Marvel. Lamento decírselo sin vaselina de por medio: Mackie es un gran actor, con presencia y galones, digno de papeles secundarios, quizá de héroes que pasan siempre algo más desapercibidos, pero aquí, como el heredero de Steve Rogers, sencillamente no da la talla. Y ya saben que las comparaciones son siempre odiosas, pero si lo colocan frente al espejo de Chris Evans…
Marvel está en crisis. Lleva en crisis desde Endgame, de hecho. Y no sabe qué hacer para remediarlo. Viene dando bandazos desde hace un tiempo, como pollo sin cabeza, descolocada por su ineficacia repentina y porque se ha dado cuenta, tarde, muy tarde, de que a su público ya no le sirve cualquier producción de tres al cuarto sino que necesita algo más, o por lo menos seguir destapando el mismo tarro de las esencias de antaño. Por eso les sale alguna producción más agradable que otra, algún éxito puntual o alguna película que merece de verdad la pena: la reunión de los Spider-Men de Maguire, Garfield y Holland en No Way Home, Deadpool y Wolverine, Shang-Chi, Doctor Strange 2, la olvidada y menospreciada sin razón Eternals.
Aunque, hechas las críticas pertinentes, conviene decir que Capitán América: Brave New World es una muy apetecible película, dentro del nivel al que aspira: el mero entretenimiento. No pretende ser planetaria, flamígera o estratosférica. Y le sienta bien. Se retiene a sí misma. Enseña parcialmente a lo que aspira el futuro del Universo Marvel pero se bloquea, a voluntad, a la hora de la verdad.
Lo digo siempre: si se quitan de la cabeza que les van a proyectar El Padrino, The Brutalist, Oppenheimer, o incluso Infinity War, si acuden al cine con conocimiento de causa, sin expectativas, con la mente abierta, dispuestos a que la película les sorprenda, probablemente les guste o sean capaces de disfrutarla; aunque si se dejan llevar por la crítica cursi del guirigay, la que no teme en suspender toda película de superhéroes en cuanto alguna baja un poco el listón, irán intoxicados de antemano y serán incapaces de admirar sus carencias y lados fuertes a partes iguales. Por eso la mejor manera de comprobar si les gusta, o no, es sencilla: consiste en comprar un boleto y acudir a la sala con los oídos, los ojos y el cerebro bien abiertos.

Capitán América: Brave New World es un oxímoron en sí misma: buena y mala, fría y caliente, suave y áspera. Carece de un guion que acompañe a la totalidad del conjunto pero tiene algún que otro buen diálogo, alguna frase que logra ablandar los sentimientos y hace que florezcan los recuerdos. Tiene momentos de acción decente, un CGI más que cumplidor, pasable, aunque en este apartado se esperase mucho más, pues, aquí sí, venía prometiendo algo espectacular que ha terminado quedando, finalmente, en agua de borrajas.
Harrison Ford es el tesoro oculto, o no tan oculto, que el filme guarda a buen recaudo. Acomete una actuación ilustre, a ese nivel de perspicacia actoral que sólo un hollywoodiense de la alta cuna, de la edad de oro, como él, es capaz de alcanzar.
Casi parece mentira que a sus ochenta y dos años aún sea igual de competente que en su juventud al momento de brindar al público interpretaciones del calibre de ésta, pero estamos hablando de Él, con mayúscula. De Han Solo, Indiana Jones, entre otros de una larga e interminable lista. De una leyenda viva que se pasea por esta película como si no fuera, en realidad, la primera vez que interpreta a un personaje nacido en los cómics. «A mi edad ya sólo quería divertirme un poco», ha confesado en alguna que otra entrevista. Y vaya que si lo ha hecho; a pesar de que su villano, así como el guion que lo conduce, no lo terminen por acompañar del todo.
Capitán América: Brave New World es una buena película, en definitiva, para acudir al cine solo o acompañado; en familia, en pareja (ahora que estamos en febrero, el mes del amor), con amigos. Cualquier excusa, al fin y al cabo, es buena para ir al cine —de sobra saben que no importa tanto la película, sino el hecho de reservar un asiento—. Y en el caso de ésta, hombre, cuando la vean, coincidirán conmigo en que mientras esperamos la llegada de los Thunderbolts y de Pedro Pascal no está nada mal, ¿no?