‘Secret Level’ es la nueva apuesta doble de Prime Video por los videojuegos y la animación en una producción hecha de capítulos breves que expanden el universo y la historia de algunos de los personajes más famosos del mundo de las videoconsolas. Llegará a la plataforma de streaming el próximo día 10 de diciembre, aunque en 22 minutos con hemos tenido la oportunidad de verla con antelación. Éstas son nuestras primeras impresiones.
Siempre digo que en el cine hay que saber a lo que uno se enfrenta. Secret Level, en su caso particular, no nace como una serie de televisión, sino más bien planteada como toda una… experiencia. Una donde Amazon Prime Video se ha propuesto que algunos de los protagonistas de los videojuegos más populares de los últimos años cobren vida en la pequeña pantalla, expandan su intrahistoria o contexto personal en un capítulo brevísimo y repleto de acción y vuelvan a marcharse justamente por donde han venido. ¿Lo sorprendente? Que la idea, quizá loca sobre el papel, no es que cumpla con creces las expectativas, sino que las supera sin despeinarse y en mitad de un contexto donde la animación está de moda por el éxito innegociable de proyectos como Arcane, lo que también complica en gran medida el panorama a la competencia; aunque a Secret Level, ciertamente, no le haga falta competir con nadie, pues brilla por sí misma y sin necesidad de comparaciones oportunistas.
La apuesta del gigante azul por la cantidad en esta ocasión no le resta calidad al conjunto, como sí cabría esperarse en un inicio, sino que, por contra, crea al menos una historia para cada quien: para gustos, los colores o los episodios de Secret Level. Cada capítulo es independiente, tiene su propia trama, con sus ciertas vueltas de tuerca inesperadas y giros incluidos, y conecta de algún modo tácito con sus convecinos dentro de lo que parece ser un entramado mayor.
La brevedad y rapidez con que se sucede todo, contrariamente a las expectativas que genera el toparse con capítulos de un cuarto de hora de duración aproximada cada uno, termina siendo la llave para que el espectador disfrute sin aburrirse o comprometerse en exceso, algo necesario en esta era de la instantaneidad, por suerte o por desgracia para Hollywood. Secret Level es, sí, una vía rápida para alcanzar ciertos fines justificables: el entretenimiento exprés, el escapismo de la realidad, o del ajetreo que acompaña siempre a los días de Navidad, poder deleitarse con algo fiable e indudablemente efectivo sin precipitarse al abismo que es la sobresaturación de contenidos de las plataformas de streaming.
La animación parece sacada de otra galaxia, y nunca mejor dicho. Respeta el diseño arcade que le sienta tan bien a los personajes en esta clase de ocasiones pero a la vez los dota de cierto realismo para que su adaptación se sienta vívida y notablemente cercana. Hay ocasiones donde parece mentira estar frente a un producto animado, y eso se agradece enormemente, a sabiendas de que al oír hablar de animación uno tiende, por sibilina costumbre, a mirar cada fotograma con microscopio.
La parte más negativa es que la serie tiene un público objetivo claramente limitado. No puede ser para todo el mundo, porque no a todo el mundo le gustan los videojuegos (o no puede permitirse jugarlos) ni todos aquellos los que los disfrutan habrán jugado a la totalidad del plantel que ofrece la producción. Secret Level, eso sí, es una buena ocasión para permitirse descubrir nuevos universos jugables, quizá hasta ahora desconocidos por el espectador (y jugador), y tomar nota con papel y boli para enviarle luego la posterior carta a Sus Majestades de Oriente.
El futuro, y quizá también el presente, ya le pertenece a producciones fantásticas, atrevidas, valientes, estupendas y visualmente explosivas como ésta.