“Quiero que Madrid sienta el terremoto”, el terremoto era, sin duda, la ecléctica mezcla de hip-hop, blues, techno, salsa y muchas acrobacias

A las 21.00 del pasado sábado el Wizink Center acogía, al ritmo de R&B y Willie Colón, a un público que esperaba ansioso por despedirse de Nathy Peluso en su último concierto del Calambre Tour. 

Media hora más tarde, entre los aclamos del público, una sombra sobre fondo azul daba inicio al concierto con la fuerza de Celebré y SANA SANA. Acompañada por las piruetas y bailes de la artista sobre el escenario, aunque la banda de media docena de músicos tampoco pasaba desapercibida. Peluso no dudaba en dejar de cantar para que las trompetas y la percusión tomaran las riendas del espectáculo en PURO VENENO o MAFIOSA. Marcando el contraste, la voz atormentada de Peluso en AGÁRRATE inundaba el pabellón con un desgarro de notas largas que callaron al público y lo inundó de linternas encendidas.

La transformación del espectáculo apenas nos recuerda a la Nathy Peluso de hace año y medio cuya melena ondeaba con cada giro. La aparición de nuevos temas dan un aire renovado al espectáculo que, sin embargo, nos deja con el anhelo de la mítica Sandunguera. Ahora bien, durante estos dos años, Peluso se ha mantenido fiel a su carácter mezclando hip-hop, música latina y electrónica en un mismo espectáculo. Haciendo de este una experiencia auditiva y visual única, marcada por el baile, los juegos de luces y la música en directo.

“Calambre estará para siempre, pero esta gira ha terminado. Y es algo maravilloso para mí, porque he aprendido que los finales son maravillosos. Me traen cosas maravillosas. Si calambre no lo hubieran escuchado, Calambre no seria la leyenda que es…” aseguró pasando el ecuador del concierto.

Nathy Peluso llegaba a la culminación del espectáculo con miles de manos al aire en BUSINESS WOMAN. Sin embargo, el éxtasis  del concierto se anunciaba entre alarmas, sirenas de policía y flashes para introducir EMERGENCIA, con la que temblaba el pabellón por los saltos del público. Público con el que no reparó en interactuar lanzando rosas o, siguiendo la tendencia de Rosalía, bajando a cantar con él sin escatimar en selfies, autógrafos y abrazos.

Tras hora y media el pabellón cerraba el concierto con la versión propia del mítico tema Vivir Así Es Morir de Amor para acabar entre los brazos de sus compañeros y los vítores del público.

Fotografías: Mateo Esteban

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