Massih Parsaei estrenó su primer largometraje, Lovers Sleep Alone (Los amantes duermen solos), en el Festival de Cine de San Sebastián. La película sigue la vida de Iman, quien, tras emigrar de Teherán, se enfrenta a las dificultades existenciales de vivir en Berlín.

Sumido en la soledad y en una vida que parece congelada ante el paso del tiempo, Iman nos deja ser testigos en primera persona de su interior emocional. De día, trabaja cuidando a un anciano (quien a ojos de los demás presenta como su padre) y lavando camiones. De noche, queda con un señor para tener sexo en un parque. Y será la visita de su prima la que rompa de alguna forma con la atemporalidad de sus días.
Tras una conversación con Massih, nos cuenta que la dificultad de este primer largometraje radica en lo personal que es. Cuenta que no es tanto la trama ni la historia en sí como el viaje sensorial y emocional que experimentamos como audiencia durante la cinta. «Nunca quise realmente hacer una película que estuviera muy guiada por la trama» explica Massih. «Quería mostrar el estado de una persona que está en el exilio y que, de alguna manera, se encuentra en este espacio intermedio de dejar todo atrás, pero que ha crecido con todas estas imágenes de cómo cree que debería vivir, y teniendo que apartarlas y empezar de nuevo.» Recordemos que Massih también es originalmente de Teherán, y ahora vive en Berlín, igual que el protagonista.
Sin embargo, aunque la película contenga ese vínculo sentimental con su director, eso no le quita la capacidad de que sea el espectador quien complete su significado. «Siempre pensé que yo empezaría a descubrir este proceso, o esta historia personal, y mi deseo es que el público termine la película conmigo, en realidad» explica Massih.
Además, aunque Iman es el foco central, la idea principal de Lovers Sleep Alone se explora a través de los otros personajes. El propio título es a la vez literal y metafórico, por el elemento de los camioneros que duermen solos en sus cabinas (imagen principal de la película, que aparece varias veces como recordatorio simbólico) o por el paciente enfermo al que Iman cuida. Hay muchas referencias que juegan con el sueño y la soledad, con la cercanía y la intimidad sin querer o poder obtener una respuesta. Es la paradoja de los amantes, de la dualidad, frente a la ausencia de compañía.
Parsaei tardó cinco años en llevar a cabo el proyecto, y el guion pasó por varias etapas de cambio. La única constante siempre fue el personaje de Iman, quizás un alter ego del director buscando la expresión artística correcta. «De alguna manera, siempre reescribía y reescribía, y no me gustaba el guion. Así que, en algún momento, en realidad solo tenía al personaje, Iman. Y empezamos un proceso muy, muy largo de recorrer la ciudad de Berlín y buscar lugares, porque sabía que el foco de la película para mí era cómo los cuerpos, no solo el de Iman, sino cómo los cuerpos se sienten en los espacios de la ciudad y cómo se comportan».
«Fue un proceso muy largo, durante un año, siempre estábamos con mi equipo yendo a localizaciones, y ni siquiera sabía qué escena iba a suceder en esos espacios. Simplemente buscábamos espacios que, como imagen, pudieran darte una sensación específica. Y entonces lo recopilamos todo. Me fui solo, empecé a escribir escenas para los lugares que habíamos encontrado, y después íbamos a los lugares, hacíamos la escena de alguna manera nosotros mismos, y o bien funcionaban o no funcionaban, y entonces nos levantábamos, nos íbamos y volvíamos a reescribir».
«Pero la idea era, de alguna manera, no hacerle parar nunca, y que siempre esté en la búsqueda, aunque tampoco sabe qué está buscando. Es decir, no quería que él lo supiera específicamente. No quería que el personaje supiera que hay algo mal en ello, que hay un problema. Quería simplemente mostrar esta vida»