La película dirigida por Anthony Maras pone su foco sobre el pronóstico meteorológico del día que cambió el rumbo de la II Guerra Mundial
El próximo 2 de octubre se estrenará en cines en España Tiempo de Victoria (Pressure), la cinta protagonizada por Brendan Fraser y Andrew Scott que nos da una nueva perspectiva sobre las horas previas al conocido como ‘Día D’. El día del desembarco en Normandía. Uno de los episodios más recordados de la II Guerra Mundial. Un evento que contribuyó a cambiar las tornas de la contienda. Y este 2026 podremos disfrutar de una visión desconocida sobre este acontecimiento bélico. Una que disecciona las horas previas a ese 6 de junio de 1944, cuando los Aliados abrieron el frente occidental que dominaba la Alemania nazi.
Anthony Maras (Hotel Mumbai, The Palace) dirige una cinta en la que la tensión se construye de manera genial. El australiano narra una historia sobre la decisión que el general Eisenhower —interpretado por Brendan Fraser— debía tomar acerca del ‘Día D’: si posponerlo o no. Y es que el Desembarco de Normandía estaba planeado para realizarse el día 5 de junio de 1944. Pero el pronóstico meteorológico sobre el clima de esa mañana cambió todo. El meteorólogo escocés James Stagg —interpretado por Andrew Scott— convenció a Eisenhower de posponer una operación militar tan delicada. Y esta decisión fue clave.
Parece casi mentira que, alrededor de todo esto —un pronóstico meteorológico— se pueda crear una película tan tensa como la que consigue Maras. El director australiano juega con la división de bandos, ya que estadounidenses y británicos estaban juntos, pero había intereses cruzados. Y todo esto lo encarna de manera fantástica un Andrew Scott que interpreta a un personaje contenido, serio y amargo como es Stagg. Alguien que no cae demasiado bien a nadie y que mantiene una actitud comedida y mesurada. Como aguardando su momento. Por eso, cuando llega, ese destape emocional nos golpea tan de lleno. Scott mantiene un nivel excelente a lo largo de toda la película, navegando en un mar de emociones que permanece calmado. Hasta que, como la tormenta que él mismo pronostica, todo estalla.
Alguien menos contenido y más visceral y tempestuoso es el general Eisenhower, interpretado por Brendan Fraser, quien encarna a alguien opuesto en carácter a James Stagg. Eisenhower era el hombre del que dependía la decisión final, y la presión a la que se ve sometido durante toda la película resulta abrumadora. Su personaje es alguien que choca, un hombre que debe manejar todos los caracteres que le rodean. Y Stagg debe convencerle de retrasar una operación militar que llevaba más de un año en el horno. Brendan Fraser lo interpreta de manera más que convincente, transmitiendo cada variación emocional. Pero también su determinación ante las dudas.
Anthony Maras logra crear fricción prácticamente alrededor de todos los personajes, haciendo que enfrenten conflictos dentro del conflicto. Decisiones que tomar, equivocaciones, moderaciones de posturas, enemistades que pasan a ser amistades, etc. Todos cambian, mutan y se transforman. Nadie permanece estático ni es igual a como empieza la película. No podrían serlo, estando en una situación tan crítica. Maras comprende esto a la perfección y por eso nos proporciona momentos que lo ponen de manifiesto. Cada uno de esos cambios. Siempre, con la tensión y un drama creciente de fondo.
Visualmente, la película resalta especialmente. Jamie D. Ramsay (All of Us Strangers) es el director de fotografía encargado de plasmar la intención que pretende transmitir Anthony Maras en cada momento. Y vaya si lo consigue. Desde esa anticipación inicial, que pone en el punto de mira a James Stagg. El escocés aparece “amenazado” por el cañón de un tanque en el encuadre del plano que retrata su llegada a Southwick House, la mansión que sirvió como cuartel general de la operación. Una premonición sobre lo que va a ser su estancia allí. Su propia gente dudando de él, cuestionándolo y tratándolo de forma hostil. Pero más allá de ese detalle al principio de la película, Ramsay retrata un escenario imponente, recto y señorial. A través de una simetría que refleja ese orden y mando militar y que, más adelante, se ve desdibujada por la imparable fuerza de la naturaleza.
Ahora, como el propio James Stagg diría, debemos enfrentar los hechos. Y estos nos hablan de que Tiempo de Victoria es un relato diferente sobre la II Guerra Mundial, tan manida y retratada. Esta película vive en el conflicto, la tensión y la incertidumbre constantes antes de la decisión final. La decisión que un meteorólogo escocés logró modificar y que acabó siendo trascendental para el devenir de la contienda.