Tras dar la vuelta al mundo, Quevedo ha decidido que ya era hora de volver a casa. Con ‘El Baifo’, su esperado tercer disco, el artista firma el trabajo más personal de su carrera. Logra rendir homenaje a las Islas Canarias y situar a su tierra natal en el centro del mundo.
Quienes son muy fans de Quevedo llevaban meses esperando descubrir qué tenía preparado el artista y con qué sorprendería en esta ocasión. Algunas veces, la industria y el éxito pueden desbordar, y la mejor terapia es volver al barrio, a la tierra de origen. En el archipiélago, la expresión «se me fue el baifo» —baifo significa cabrita o cabra pequeña— se utiliza cuando alguien pierde el control, se despista o se olvida de lo que iba a hacer. Precisamente, para no perder aquellos valores que la fama suele arrebatar, Pedro ha bautizado así su álbum.
El disco abre con Está en casa, una intro donde confiesa: «Volé por todo el mundo con un ala rota. Y vieron que volé, no que tenía un ala rota», retratando la visión del público sobre él: alguien que triunfó, pero que en el fondo sentía un profundo dolor a causa de la fama.
Se trata de un claro ejemplo de lo mal que puede pasarse, por mucho dinero y éxito que se tenga. Después, el tono cambia: esa melancolía se transforma en el perreo de siempre, ya que en Caprichoso reaparece ese Quevedo que domina el reguetón a su antojo.

Si se habla de esencia, el recorrido continúa con El Baifo, tema que da nombre al álbum. Se trata de un reguetón con ese toque antiguo, cargado de referencias a la isla donde creció el artista. Siguiendo esa misma línea, aparece Gáldar, donde la primera colaboración se hace presente con Tonny Tun Tun, incorporando ritmos salseros en su parte final. Un enfoque distinto se aprecia en Al golpito, que introduce un tono musical diferente a lo habitual. Y, aunque Quevedo resuelve con solvencia su parte, la colaboración de Nueva Línea no termina de encajar del todo.
El recorrido continúa con Scandic, adelanto del que ya se había podido disfrutar. Se sitúa fácilmente entre los mejores reguetones del disco, gracias a la combinación de un ritmo fiestero que evoluciona, en su tramo final, hacia un tono algo más oscuro y marcado por el desamor.
Quienes siguen al artista desde hace años van a disfrutar mucho de Algo va a pasar. En este tema regresa el conocido combo canario, formado por Quevedo, La Pantera, Lucho RK y Juseph, donde el «fronteo» se erige como pieza principal. Por su parte, Hooka y Calor funciona como un tema correcto que, sin destacar principalmente, mantiene la coherencia con la temática general del disco.
Uno de los aciertos de El Baifo es que, pese a mantener una línea coherente, incorpora temas con ritmos y esencias diferenciadas. Flakito aporta un aire distinto, con un tono pausado, mientras que 2010ypico recurre a la nostalgia de aquellos años «mejores» a los vividos actualmente.
Sin embargo, uno de los cortes más personales y sorprendentes es Mi balcón. Se presenta como una pieza más lenta, con un tono triste y muy nostálgico, en la que el artista abre una puerta a su vida cotidiana. En ella se habla de los niños jugando, de la mítica calle de Triana, de despertarse con los pájaros y el sol tempranero, de las canciones de los abuelos y de la paz que aporta contemplar el mar.
Entonces llega La Graciosa. Se posiciona como la mejor canción del disco y como una clara candidata a convertirse en el tema del verano. Quevedo firma aquí una colaboración histórica con Elvis Crespo, una leyenda absoluta de la música tropical. El contraste entre el tono más grave del canario y los registros agudos del puertorriqueño resulta especialmente efectivo, con referencias a las islas y al «jangueo» local. También destaca el cambio de ritmo en su tramo final, que refuerza la dinámica del tema.
Si se habla de aciertos, es necesario mencionar a Ni borracho, un himno coincidiendo con la temporada de carnavales. El tema aborda una declaración personal del artista: tras haber recorrido el mundo entero, no se mudaría de sus islas bajo ningún concepto, es decir, «ni borracho». Independientemente del origen del oyente, se trata de una canción que invita a la fiesta y evoca el espíritu festivo de las islas.
El disco cierra con Hijo de Volcán, donde colabora con el grupo folclórico Los Gofiones. Se trata de la canción más personal del álbum, donde vuelve a aflorar la sensación de soledad que arrastra Quevedo. Presume de ser «humilde y arrogante, las dos con motivo», en una lucha entre el chaval corriente y el artista en el que se ha convertido. También evoca la nostalgia de los inicios, cuando no tenía nada que perder e idolatraba a sus ídolos, aunque tras conocerlos reconoce su decepción.
En líneas generales, se trata de un disco muy sólido, con constantes alusiones a las islas, pero sin perder la esencia que caracteriza a Quevedo. Al mismo tiempo, logra algo que muy pocos artistas consiguen: seguir siendo fiel a él mismo, a sus raíces, a su tierra, a sus islas tan queridas. Gracias por este álbum, Pedro.