Marisol Donis, las historias reales de las ‘locas’ que nunca lo estuvieron | Fuente:La Esfera de Los LibrosMarisol Donis | Fuente:La Esfera de Los Libros

Marisol Donis rescata la historia silenciada de mujeres encerradas en manicomios por desafiar las normas sociales y familiares

No estaban enfermas, pero fueron diagnosticadas. No estaban locas, pero fueron encerradas. Durante los siglos XIX y XX, miles de mujeres fueron apartadas de la sociedad bajo etiquetas médicas que ocultaban una realidad incómoda: su libertad. El ensayo Mujeres grises sobre fondo negro reconstruye este sistema de control y devuelve la voz a quienes la perdieron. La obra invita a reflexionar sobre cómo la sociedad construye normas y castiga a quienes no encajan en ellas.

La obra de Marisol Donis expone cómo la psiquiatría fue utilizada como herramienta de control social. Conceptos como “histeria” o “insania moral” justificaron el internamiento de mujeres independientes, críticas o alejadas del rol tradicional. Además, la autora demuestra cómo los médicos, lejos de ser neutros, se convirtieron en instrumentos del poder familiar y social, reforzando estigmas que hoy resultan insoportables.

En muchos casos, ni siquiera era necesario un diagnóstico riguroso. Bastaba con incomodar. Leer ciertos libros, elegir pareja sin consentimiento familiar o cuestionar la autoridad masculina podía ser suficiente para acabar en un manicomio. La decisión recaía en el entorno cercano: padres, maridos o hermanos, respaldados por un sistema legal que legitimaba estos ingresos. Esta dinámica revela un entramado de control que atravesaba todos los ámbitos de la vida femenina.

Los centros psiquiátricos, lejos de ser espacios de curación, funcionaban como lugares de aislamiento. Mujeres sanas convivían con pacientes graves, privadas de derechos y sometidas a tratamientos agresivos. Instituciones como Valladolid, Conxo, Ciempozuelos o el sanatorio del Doctor Esquerdo reflejan una práctica donde lo social y lo moral pesaba tanto como lo clínico. Recuperar la memoria de estas mujeres permite cuestionar nuestro presente y reflexionar sobre la forma en que las voces femeninas continúan siendo silenciadas.

El libro también recupera historias concretas que desmontan el relato oficial. Las «locas». Mujeres como Hersilie Rouy, encerrada durante años sin enfermedad; Elizabeth Packard, internada por su propio marido; o Juana Sagrera, víctima de intereses familiares, evidencian un patrón común: la reclusión como castigo. Otros casos menos conocidos muestran cómo la simple autonomía podía ser suficiente para ser considerada peligrosa y etiquetada como “loca”.

El denominador común en todos estos casos no era la enfermedad, sino la incomodidad que generaban. Rasgos como el deseo de independencia, el carácter fuerte o la desobediencia eran reinterpretados como síntomas. La obra de Donis deja claro que la represión de la libertad femenina no era un accidente, sino una estrategia sistemática de control social que atraviesa la historia.

Mujeres grises sobre fondo negro

Si eres amante de la literatura, el título inevitablemente remite a Mujer de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes. Pero donde Delibes utiliza el color rojo para resaltar la vida, la individualidad y la presencia de su protagonista, Donis opta por el gris, un tono que sugiere apagamiento, anonimato y pérdida de identidad. El “fondo negro”, por su parte, refuerza la idea de un entorno opresivo, oscuro, donde estas mujeres quedaron atrapadas. La inversión cromática no parece casual. Frente a la mujer que destaca y es recordada, aquí aparecen mujeres diluidas, invisibilizadas por un sistema que las silenció.

Las locas que nunca lo estuvieron

El título funciona también como declaración simbólica, ya que no habla solo de historia, sino de memoria. De quiénes fueron visibles y quiénes quedaron relegadas a la sombra. Además, plantea la reflexión sobre cómo la libertad femenina ha sido patologizada a lo largo de los siglos, y sobre la importancia de recuperar estas voces para entender el presente. Más allá de la reconstrucción histórica, el libro plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto han desaparecido estas formas de control? La obra invita a mirar el presente con espíritu crítico y a reconocer que, aunque los métodos hayan cambiado, ciertos mecanismos de silenciamiento aún persisten.

Por Jimena Cabrera Gilabert

Estudiante de periodismo. Me encanta escribir sobre música, sucesos, moda y literatura, aunque también disfruto mucho de la locución en radio.

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