Del falso progresismo de su casting a su existencia junto a las películas: analizamos por qué esta nueva adaptación es un error tras el lanzamiento de su primer tráiler.
Navidad de 2026: El estreno de la nueva serie de Harry Potter ya tiene fecha y un primer tráiler que está dando mucho de qué hablar. No obstante, el debate se mantiene desde que se anunció la producción.
¿Por qué existe esta serie? Warner y HBO esgrimen la «mayor fidelidad» a los libros como argumento, cuando probablemente el verdadero motivo (como suele ocurrir) es don dinero. Sin embargo, hacer cine y televisión va mucho más allá de eso, y por esta y otras razones, esta serie es un error.
El problema de la fidelidad
La fidelidad de una adaptación o remake al material original es un debate constante entre los espectadores, ya sea en las versiones live-action de clásicos animados de Disney o en las adaptaciones de obras literarias. Se cuestiona la necesidad de repetir una película si ya existe en animación, pero si el remake apuesta por innovar, suele ser criticado, mientras se alaban copias literales aunque sean menos atractivas (sí, me refiero a Cómo entrenar a tu dragón). El caso de los libros es aún peor: si Guillermo del Toro reinterpreta a Frankenstein con un enfoque más fantástico e inventa personajes, no suele haber polémica. Sin embargo, si Emerald Fennell adapta Cumbres Borrascosas desde un prisma romántico y erótico, se genera un gran debate. Aun así, la primera ha ganado tres Óscars y la segunda está siendo un éxito en taquilla.
Las películas de Harry Potter no fueron 100% fieles a los libros, y especialmente a partir de la quinta entrega se introdujeron modificaciones sustanciales. Aun así, captaron la esencia de la obra: la propia autora estuvo siempre involucrada y dio su visto bueno, y toda la saga funcionó de manera excepcional.
Adaptar implica modificar el material original para que encaje en el nuevo medio en el que se narra la historia. Lo que en un libro se desarrolla en veinte páginas, el cine puede mostrarlo en dos planos de manera más efectiva que en una escena calcada.
Ser completamente fiel es imposible, ya que daría lugar a proyectos con ritmos forzados y no garantiza la calidad. Además, quien adapta tiene derecho a aportar su propia perspectiva. Por tanto, que la serie asegure que será muy fiel a los libros no constituye una motivación ni un argumento sólido. Queda por ver si mantiene su promesa; yo lo dudo, especialmente tras la selección de los actores.
El falso progresismo de su casting
Los directivos de Warner, de su nueva propietaria Paramount y de parte de las grandes compañías de entretenimiento de Hollywood han mostrado públicamente su cercanía con el racista (machista, abusador y autoritario) número uno de Occidente: Donald Trump.
En este contexto, la serie plantea una imagen progresista —o, como dice la derecha, de «woke»— mediante decisiones de casting como elegir a una actriz racializada para interpretar a Hermione y a un actor negro para el personaje de Snape. Sin embargo, las apariencias no engañan a nadie; es que el falso progresismo del casting afecta directamente a la historia: a Harry le parece sospechoso y le cae mal el profesor negro. James Potter acosaba a un chaval negro. Ahora la historia tiene un componente racista que hace a los personajes protagonistas problemáticos y que no está por ninguna parte en el libro. ¿No iba a ser esto una adaptación fiel?
La estética y lo visual
El tráiler de la serie ha desvelado que el diseño de producción, el vestuario y el maquillaje son muy similares a los de las películas, lo que deja poco margen para que esta serie tenga su propia identidad. No es casualidad: Warner Bros. necesita poder seguir vendiendo el merchandising y los parques temáticos que tiene basados en la franquicia cinematográfica.
Además, se trata de una estética profundamente arraigada en la cultura popular, por lo que intentar cambiarla no solo es absurdo: es imposible. Esto ha provocado que el tráiler genere una sensación irreal en la que todo resulta familiar, aunque aparezcan elementos claramente nuevos. En ellos destaca el vestuario del personaje de Snape, cuya apariencia —con cuero y cremalleras— es horrenda, siendo uno de los aspectos más comentados.
Las películas ya existen
Las películas merecen su propio apartado dentro de este debate. La saga de Harry Potter es una de las más exitosas de la historia del cine. De hecho, es la única franquicia que se mantuvo consistente en recepción, de principio a fin, tanto en la recepción de la crítica como del público y también en taquilla.
Todas las entregas cuentan con la etiqueta «Certified fresh» en Rotten Tomatoes y, en IMDb, sus puntuaciones oscilan entre el 7,5 —correspondiente a Harry Potter y la cámara secreta y Harry Potter y la Orden del Fénix— y el 8,1, de Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte II).
En términos de recaudación, la menos taquillera fue Harry Potter y el prisionero de Azkaban, con casi 800 millones de dólares, mientras que la más exitosa fue Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte II, que superó los 1340 millones de dólares.
Se trata de cifras vertiginosas y una continuidad en el éxito que ninguna otra saga larga ha logrado mantener. A ello se suma la vigencia de la franquicia a través del merchandising, los parques temáticos y los estudios visitables, así como su enorme impacto en la cultura popular. Todo ello demuestra que no estamos ante un caso de fracaso que merece ser rescatado, como ha ocurrido con los repetidos intentos de reboot de Terminator.

A esto se suma que Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte II apenas tiene quince años. La trilogía de Animales fantásticos, el único spin-off que ha tenido la saga hasta ahora, concluyó hace apenas cuatro años. En este contexto, una nueva adaptación ni siquiera puede justificarse con traérsela a nuevas generaciones.
Los tiempos de producción actuales
El otro milagro de las películas fue completarse en diez años, logrando que el crecimiento de los actores infantiles coincidiera con el de los personajes que interpretaban. HBO ya ha confirmado que no habrá una temporada por año, ya que no resulta viable logísticamente.
No es sorpresa en una industria en la que el público ha esperado incluso tres años para nuevas temporadas de Stranger Things o Miércoles. El problema es que, para cuando Harry alcance los dieciocho años dentro de la historia, el actor podría aparentar una edad muy superior.

En definitiva, la serie parece arrastrar numerosas decisiones cuestionables desde su origen, pero la conclusión más evidente es que pretender ponerse a la altura o reemplazar a las películas es un suicidio creativo e incluso rezuma maldad.
Harry Potter es la sintonía de John Williams, Robbie Coltrane haciendo de Hagrid y el Hogwarts que vimos por última vez, literalmente, en 2022. ¿Por qué cambiar eso? ¿Por dinero? Qué triste. Avada Kedavra a esta serie. Y lo peor es que en diciembre romperá algún récord de visionado. Así nos va.