Regresan los Peaky Blinders, con Cillian Murphy interpretando a un Tommy Shelby acechado por su pasado, presente y futuro.
En 2022, Peaky Blinders concluía un exitoso recorrido televisivo de seis temporadas, pero su creador, Steven Knight, siempre afirmó que el plan desde el principio era llevar la historia al cine. Así llega Peaky Blinders: El hombre inmortal, con Cillian Murphy retomando el papel de Tommy Shelby tras el éxito de Oppenheimer.
Han pasado varios años desde el final de la serie: Tommy Shelby está retirado, y ahora es su hijo mayor (e ilegítimo), Duke (Barry Keoghan), quien lidera a los Peaky Blinders mientras la II Guerra Mundial se cierne. Los nazis planean utilizar a la banda para ejecutar su plan de atacar Inglaterra. Con el caos desatado por su hijo, Tommy deberá considerar abandonar su retiro y regresar a las calles de Birmingham.
Es habitual que series de éxito pasen al cine al finalizar su recorrido televisivo (Downton Abbey, Sexo en Nueva York…), pero suelen hacerlo con filmes que se sienten como capítulos alargados. El primer acierto de El hombre inmortal es aprovechar el medio y el lenguaje cinematográficos para contar su historia en todos los aspectos: no solo el visual y estético, sino también el narrativo. Esta historia solo podía contarse en una película; así lo demanda, y merecía ser vista en la gran pantalla. Sin embargo, en España, Netflix ha decidido no darle ni siquiera un recorrido limitado en cines, como sí ocurrió con Frankenstein, y estrenarla directamente en la plataforma el 20 de marzo. En Reino Unido, sí se proyectó en salas.
Solo queda recomendar disfrutar de la película con la mayor inmersión posible desde el salón de casa, porque atrapa desde la primera escena. Una fotografía preciosa y oscura, una banda sonora que empieza con un piano misterioso interrumpido por un sonido rockero, y Tim Roth, quien interpreta al villano de la función, diciendo «Heil fucking Hitler». Es puro Peaky Blinders: fascinante y apabullante, y un ejemplo perfecto de cómo Tom Harper (quien ya dirigió capítulos de la serie) construye la atmósfera para la historia que la afilada pluma de Steven Knight ha creado.
La deconstrucción psicológica de Tommy, a través de su relación con lo místico de la cultura gitana, es una evolución perfecta de lo que ya se exploró, en especial en la última temporada, y adquiere nuevos matices al presentarse como un antihéroe venerado y retirado. Todo esto remite a la figura de la querida tía Polly (Helen McCrory), matriarca de la familia con una profunda conexión espiritual que continuó ejerciendo como consejera cuando Tommy y sus hermanos asumieron el liderazgo. Además, este aspecto permite la incorporación de Rebecca Ferguson en un rol que quizás no destaque de forma individual, pero que encaja a la perfección en el gran plan y en el arco de un Tommy que se enfrenta a su pasado, presente y futuro.

El hombre inmortal se desarrolla como una magnífica historia crepuscular que refleja una era acabada hace mucho, pero de la que aún quedan vestigios y memoria, representada por Tommy, y otra nueva, basada en lo que funcionó, pero sin el mismo estatus, liderada por su hijo. Barry Keoghan logra que Duke resulte atractivo y fascinante, a la vez que alguien a quien cuesta tomar en serio e incluso por quien compadecerse. Se entiende por qué los jóvenes le admiran, mientras los mayores solo lo ven como una sombra de lo que fue su padre. Su relación con él no se caracteriza precisamente por el cariño o el respeto; parece basarse más en la veneración de la figura.
Tanto su hijo como la gente de Birmingham perciben a Tommy Shelby como algo más que un criminal, un líder o un padre. Es más que alguien a quien amar, temer o respetar: es un dios.
Es un hombre inmortal.