La novia

Una película arriesgada, visualmente hipnótica y con una Jessie Buckley que en 2026 está siendo imbatible.

Hay películas que no aspiran a gustarle a todo el mundo, y esa honestidad ya es, en sí misma, una declaración de intenciones. ‘La Novia’, segundo largometraje de Maggie Gyllenhaal como directora, es exactamente eso: una obra que incomoda, que seduce y que desafía, construida sobre uno de los grandes mitos de la literatura universal.

Frankenstein lleva casi dos siglos siendo una metáfora de todo aquello que la sociedad crea y luego rechaza. Gyllenhaal entiende esto a la perfección, y en su reinterpretación el monstruo —encarnado por Christian Bale — viaja a Chicago en busca de la Dra. Euphronious para pedirle que cree a su compañera, movido por un deseo tan antiguo como el ser humano: no estar solo. Esa soledad existencial, la de quien puede rozar la eternidad pero no puede sentarse a la misma mesa que los demás, es el punto de partida de todo lo que viene después.

Aun así, ‘La Novia’ es, de principio a fin, de Jessie Buckley. La actriz irlandesa, que ya dejó sin palabras a medio mundo con su interpretación en Hamnet (nominada al Oscar), vuelve a demostrar aquí que juega en otra liga. Buckley no interpreta a sus personajes: los habita y los lleva al límite. Su doble papel como Ida —que se niega a ser simplemente «la novia de»— y como la propia Mary Shelley, que aparece intermitentemente como una voz en su cabeza, lo deja claro desde la primera secuencia. Hay momentos en los que la línea entre Ida y Shelley se difumina hasta hacerse irreconocible, y esa ambigüedad, lejos de confundir, es uno de los grandes aciertos de la película.

‘La Novia’ no es solo una historia de amor. Es la historia de alguien que abre los ojos por primera vez y decide que el mundo que encuentra no le gusta. Ida ha sido creada para ser compañía, para ocupar el lugar que otros le han asignado, y lo primero que hace es negarse. A su alrededor crece un movimiento de mujeres que adoptan su estética para reclamar sus derechos en una sociedad que lleva siglos sin escucharlas.

La trama tiene también su lado más policial, varios detectives intentan seguirle la pista a Frankenstein y a Ida. Entre ellos aparece Penélope Cruz, en el papel de una investigadora que lleva toda su carrera siendo ignorada por sus compañeros y que encuentra en este caso la oportunidad perfecta para demostrar lo que vale.

Con sus dos horas de duración, la película no se hace larga. Su tono bizarro y, a ratos, deliberadamente irreal no es para todo el mundo. Hay momentos en los que la película se vuelve tan extraña que uno se pregunta dónde se ha metido. Pero son precisamente esos momentos los que la diferencian de todo lo demás.

La Novia es el tipo de película que recuerdas cuando te preguntan qué has visto últimamente. No porque sea perfecta, sino porque es completamente suya. Y, para quienes quieran comprobarlo, hoy, viernes 6 de marzo, llega a los cines.

Por María Peinado Lafuente

Periodista. Puedes leerme también a través de mis redes sociales. Instagram y Twitter: maria_peinado22

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