En medio del paraíso isleño de Las Antillas, una numerosa familia lucha por salir adelante con la única opción que parece quedarles.
Esta primera temporada de Bandi, que acaba de lanzar Netflix, consta de 8 episodios y se desarrolla en la isla de Martinica, en el Caribe. El apego familiar, la deliberación entre el bien y el mal y la falta de oportunidades en el bajo mundo hacen de este thriller criminal, la nueva sensación de la plataforma de streaming.
Una madre y sus diez hijos de distintas edades, divididos entre: los pequeños y los mayores, viven humildemente el día a día. En un barrio donde no abunda ni el dinero, ni las oportunidades, parece que esta familia encuentra un refugio sano en casa. Construida a base de los buenos valores que intenta inculcarles la matriarca: vela por los tuyos y aléjate del mundo de las drogas. Ella, muere en un accidente de moto mientras iba a trabajar. Y acaba enterrada junto a su hijo, también fallecido hace años, Dylan.
La familia LaFleur queda huérfana y atraviesa el duelo como puede. Los mayores, ahora lidian bajo la presión de los asistentes sociales y de pagar las facturas. El primogénito Marvin, es el más sereno y partidario de hacer las cosas bien. En cambio, Kingsley y Kylian, se meterán de lleno en el narcotráfico. Cada uno, a su manera. Ambos con un objetivo común, sacar la familia adelante.
Esta serie de drama y acción opta por un elenco de actores y actrices muy jóvenes que lo bordan. Impacta la naturalidad y crudeza con la que actúan. Resuelve los conflictos de una trama de tráfico de drogas: grandes aspiraciones, lealtad, traición, involucrar a los tuyos, decisiones difíciles… ¿Mantener la fe o llevarte tu parte del pastel?
La comparo con otras referencias televisivas de éxito que ponen la mirada en la comunidad negra y la calle. Como Ciudad de Dios, donde también hay niños que manejan armas y drogas. Top Boy, que usa un soundtrack marcado por artistas locales de rap. O Snowfall, con similitud en personajes como Franklin, un chico joven, tranquilo, calculador y ambicioso como lo es Kylian en Bandit.
Este show representa la infinita pirámide en el narcotráfico, siempre habrá un pez todavía más gordo. Una serie que no pierde la tensión en ningún episodio y que muestra la vulnerabilidad del pueblo martiniqués en un paraíso turístico que solo los ricos disfrutan. El Caribe europeizado muestra la lucha de clases, el simbolismo del anillo de los LaFleur o un póster de Tony Montana, que serán claves para comprender la historia los bandidos de Martinica.
Bandi consigue dar la sensación constante de inquietud y presión: cada decisión pesa, cada paso puede ser el último. Genera una mezcla de angustia, empatía y adrenalina que te mantiene enganchado, pero también invita a reflexionar sobre las circunstancias que empujan a estos jóvenes hacia ese camino. Es una serie que se siente real y muy cercana.
Ese contraste entre la ternura de una cena familiar y la frialdad necesaria para negociar con cárteles crea una dualidad narrativa muy potente. Nos recuerda que, detrás de cada bandido hay un niño que simplemente no tuvo otra opción que crecer a golpes de realidad.
La recomiendo a quienes gocen de thrillers intensos y humanos, con personajes complejos y un trasfondo social potente. Es de esas series que no solo entretienen, sino que también dejan huella. Tras el final de los 8 capítulos, la historia queda suspendida en un punto de máxima tensión que deja muchas preguntas en el aire y el destino de los personajes totalmente incierto. Sin duda, me ha dejado con ganas de ver en que deparará todo en la segunda temporada.