Una habitación en la casa de Vilhelm Hammershøi en Strandgade, Copenhague, con la mujer del artista, 1902 Fuente: Museo Nacional Thyssen-BornemiszaUna habitación en la casa de Vilhelm Hammershøi en Strandgade, Copenhague, con la mujer del artista, 1902 Fuente: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Noventa óleos y dibujos reconstruyen la mirada íntima del maestro danés, «El ojo que escucha», en una muestra que reivindica su lugar entre la pintura europea de los siglos XIX y XX, antes de viajar a la Kunsthaus Zürich.

Hay exposiciones que irrumpen; otras, en cambio, se imponen en voz baja. La nueva retrospectiva dedicada a Vilhelm Hammershøi pertenece a esta última categoría: no busca el estruendo, sino la pausa. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge la primera gran revisión en España de un pintor que hizo del silencio su materia prima y de la penumbra un lenguaje propio.

La muestra reúne cerca de 90 óleos y dibujos, junto a obras de algunos de sus contemporáneos, para trazar una lectura completa de una trayectoria breve y concentrada: apenas más de 400 piezas en 51 años de vida, pero de una coherencia excepcional. Considerado uno de los artistas daneses más relevantes del cambio de siglo, su nombre quedó relegado tras el avance de las vanguardias y no comenzó a recuperarse hasta finales del siglo XX.

Los interiores vacíos, las figuras de espaldas, las habitaciones desnudas, donde la luz se filtra como un susurro, componen un universo de ambigüedad persistente. Nada parece suceder y, sin embargo, todo está a punto de ocurrir. Esa tensión contenida ha abierto, con los años, nuevas interpretaciones críticas y diálogos con otros artistas europeos.

El subtítulo de la exposición, El ojo que escucha, apunta a esa cualidad casi musical de su pintura. Hammershøi concebía el silencio como ritmo y estructura: cada puerta entreabierta, cada pared desnuda, cada sombra prolongada funciona como una nota.

La muestra aborda también la presencia decisiva de Ida Ilsted, su esposa y modelo habitual; la depuración progresiva de los espacios domésticos y los paralelismos entre sus interiores, arquitecturas y paisajes; así como la manera en que el artista se autorretrató simbólicamente en los últimos años.

Obras de Hammershøi

Tras su paso por Madrid, el proyecto viajará a la Kunsthaus Zürich, consolidando el renovado interés internacional por una obra que, sin grandes gestos, continúa interpelando al espectador.

El catálogo, realizado con el apoyo de la New Carlsberg Foundation, acompaña esta reivindicación serena pero firme de un pintor que convirtió la quietud en experiencia estética.

Por Jimena Cabrera Gilabert

Estudiante de periodismo. Me encanta escribir sobre música, sucesos, moda y literatura, aunque también disfruto mucho de la locución en radio.

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