Sony Pictures Animation presenta una propuesta diferente a la habitual: una auténtica carta de amor al baloncesto, poblada de personajes muy carismáticos.
Sony Pictures Animation vuelve a salirse de la ruta habitual con una propuesta enérgica, construida como una auténtica carta de amor al baloncesto y sostenida por un reparto de personajes que cautivan desde el primer minuto. Goat apuesta por el ritmo, el humor y el espíritu competitivo para desarrollar una historia deportiva que logra conectar tanto con el público joven como con el espectador más cinéfilo.
La película, titulada en España Goat (Como cabras), llegó a los cines el viernes 13 de febrero. Su estreno ha pasado algo desapercibido por el ruido mediático generado por Cumbres Borrascosas, con Margot Robbie y Jacob Elordi, pero no conviene perderla de vista. La cinta confirma que el estudio sigue consolidando una identidad visual propia y competitiva, colocándose ya en la misma división creativa que gigantes como Disney y DreamWorks Animation.
En GOAT seguimos a Will, una cabra que rompe el molde de su entorno al perseguir un objetivo que parece imposible para todos los demás: jugar al ruggeboll al máximo nivel. La película construye su viaje como una historia de superación deportiva con ADN clásico, pero con energía moderna. El mensaje es claro y directo: soñar a lo grande no es ingenuo si estás dispuesto a pagar el precio del esfuerzo.
El guion brilla especialmente cuando se centra en la lucha interna de Will entre lo que es y lo que quiere llegar a ser. Esto convierte al protagonista en alguien fácil de apoyar, pues no comienza como elegido, sino como un competidor inesperado que debe ganarse su lugar.
Uno de los aspectos más interesantes del filme es cómo representa el deporte a nivel mediático. No solo se muestran los partidos, sino también lo que los rodea: la presión de la prensa, la narrativa que construyen los periodistas y el constante ruido de las redes sociales, donde cada jugada puede convertirse en tendencia y cada error en sentencia pública.
La película acierta al reflejar cómo la imagen del jugador se distorsiona fuera del campo y cómo la obsesión por la fama, las estadísticas y el reconocimiento puede afectar a equipos y egos cuando el talento no va acompañado de compañerismo.

También hay espacio para señalar los defectos del éxito y la cara oculta de la fama. La ambición por ser el mejor se presenta como motor, pero también como riesgo cuando desplaza valores básicos como la lealtad, la humildad y el juego colectivo. En ese equilibrio reside buena parte del corazón de la película, que quizá no siempre es sutil, pero sí honesta y efectiva. A pesar de sus imperfecciones y algunos atajos narrativos, logra algo importante: dejar al espectador con ganas de esforzarse más en lo que ama, aunque el mundo le diga que no encaja. Solo por intentarlo y soñar, ya ha merecido la pena.
También es justo señalar que la película no termina de ser redonda. Por momentos, el guion se dispersa con chistes, gags y pequeñas situaciones cómicas orientadas al público infantil, lo que rompe ligeramente el ritmo de la historia principal. No estropean el conjunto, pero algunas escenas pierden fuerza dramática y ciertos conflictos se resuelven con demasiada ligereza.
Aun así, estas imperfecciones quedan bastante compensadas por un apartado visual descomunal y una puesta en escena de los partidos que convierte cada encuentro en un auténtico espectáculo de luces, sonido y energía de grada.
El protagonista funciona muy bien porque tiene un trasfondo emocional claro y reconocible, y no es el único en destacar. Personajes como Jett Fillmore aportan profundidad al relato, con motivaciones y heridas propias que enriquecen el equipo. No todas las subtramas impactan por igual; su efectividad depende del espectador y de su relación con la competencia, la presión o el fracaso. Aun así, el intento de dotarles peso se nota y se agradece.
La banda sonora se muestra muy potente, acompañando los momentos clave con intensidad y emoción, y elevando varias secuencias por encima de lo esperado. Más allá de sus pequeños fallos, Goat es una de esas películas que brillan en pantalla grande, donde su espectacularidad deportiva y visual se disfruta al máximo.
Todavía es pronto para catalogarla como una de las mejores películas animadas del año. Sin embargo, Sony Pictures Animation sigue decidida a revolucionar el cine de animación con un estilo híbrido entre 2D y 3D, que continúa generando interés y debate.
Goat (Como Cabras) ya está disponible en cines desde el pasado 13 de febrero. Es una película recomendada para disfrutar en familia o para los aficionados al baloncesto, así como para quienes disfrutan de títulos como Zootropolis de Disney o Los Tipos Malos de DreamWorks.