Hernán Zin es periodista, cineasta y escritor, conocido por su trabajo en zonas de conflicto y por retratar historias humanas en contextos extremos. Tras años cubriendo guerras y crisis humanitarias en lugares como Afganistán o Somalia, decidió volcar su mirada en Gaza, donde documentó de manera única la vida de los civiles atrapados en el conflicto.
Su trabajo más reciente, Todos somos Gaza, ha sido nominado al Premio Goya al Mejor Documental y se ha convertido en un referente internacional al visibilizar la realidad de los niños y las familias que viven bajo el bloqueo y la violencia constante. La película combina el rigor periodístico con la fuerza del testimonio directo, ofreciendo una mirada cruda y humana sobre el conflicto palestino. Narra la vida de tres niños —Mohamed, Bizan y Udai— y ofrece la visión de cada uno: sus miedos, sus sueños y sus pensamientos.

Hernán Zin: Gaza, los niños como objetivo y la transformación del documental
Hernán Zin llevaba años documentando zonas de guerra cuando, en 2006, llegó a Gaza. Nunca había visto un conflicto así. «Nunca había visto un conflicto donde los niños fueran el principal objetivo… En Afganistán, donde he estado tantas veces, el ratio de muertos civiles es del 4 %. En Ucrania es del 2 %. En Gaza es casi del 80 %. Y de ese 80 %, el 60 % son niños», explica Zin.
En aquel entonces, Hamás todavía no estaba al frente de la Franja de Gaza. La Autoridad Palestina gestionaba la región, pero ya había comenzado un bloqueo estricto que convertía a la población en «una suerte de esclavos modernos: no podían salir, no podían viajar, no podían hacer nada».
La vida cotidiana estaba marcada por la escasez de alimentos, medicinas y suministros básicos, mientras la movilidad de los habitantes quedaba limitada por puntos de control y cierres constantes. Esta situación, que se prolongaría durante años, afectaba especialmente a los niños y jóvenes, restringiendo su acceso a la educación, la recreación y cualquier oportunidad de futuro fuera del territorio.
La situación mejoraba y empeoraba de manera intermitente hasta que, años después, en 2014, se estrenó el documental Nacido en Gaza, que retrata la vida de diez niños palestinos durante la ofensiva israelí de ese mismo año, convirtiéndose en los portavoces de otros muchos que perdieron la vida.
Adentrarse en la zona suponía un riesgo enorme, algo que Zin describe como «el trabajo más difícil de mi vida, a nivel documental». A pesar de todo, la recepción del público fue inmediata: «Recibía en Instagram cientos de mensajes de espectadores preguntando por los protagonistas: «¿Qué pasó con Mohamed?» «¿Qué pasó con Hamada?» «¿Qué pasó con Bissac?» Y yo decía: bueno, venga, voy a responderlo».
Así fue como nació el documental Todos somos Gaza, una cinta que ha buscado a los protagonistas de la primera entrega para mostrar la evolución de sus vidas, envueltas, tristemente, por la guerra.
Zin ve Gaza como un lugar, pero también como un símbolo. En el documental se observan planos de torres y edificios derrumbándose, una imagen de significado literal pero también metafórico. «Las que caen son como un símbolo, como las Torres Gemelas. Son las torres de los valores occidentales», dice, comparando la destrucción física con la erosión de principios internacionales.
Para él, esta guerra marca un antes y un después: «Había un mundo antes de Gaza y ahora hay un mundo después de Gaza…». De ahí la indirecta lanzada con el propio título del documental: a pesar de tratarse de un conflicto en un lugar concreto, abarca al mundo entero, a todos.

La grabación y realización de Todos somos Gaza fue un desafío logístico. Cuando Zin intentó entrar en el lugar del conflicto, se encontró con calles bloqueadas y túneles cerrados. En ese momento, los reporteros no podían acceder; solo llegaban cifras.
Por tanto, tuvo que contactar con un equipo local de las comunidades de Gaza, trabajando 24 horas, fines de semana incluidos, y coordinando la filmación con cámaras anguladas y quietas para capturar la realidad de los niños. Además, mantenía una constante comunicación con el director, quien no podía estar presente físicamente.
Aquí cabe destacar la importante labor del periodismo, ya que muchos perdieron sus vidas intentando contar al mundo lo que allí ocurría. De hecho, si sumamos todas las muertes de periodistas de todos los conflictos en los últimos 200 años, seguirían siendo menos que en la guerra de Gaza.
Las redes sociales eran y son otra vía crucial de comunicación entre las personas aisladas y el resto del mundo. Zin señala la reciente adquisición de TikTok por un grupo liderado por Larry Ellison, que posee vínculos políticos capaces de influir en la promoción de contenido en la plataforma y, en este caso, en la eliminación de numerosos vídeos de usuarios palestinos y de información sobre el conflicto.
Esta reconfiguración del contenido muestra cómo los algoritmos pueden ocultar información y favorecer intereses políticos. «Ya no ves nada de Gaza… Se empieza a mostrar lo que interesa a ciertos grupos y se oculta lo demás». Este control de la información tiene consecuencias directas en la percepción pública y en la capacidad de la ciudadanía para formarse opiniones basadas en hechos.
El director advierte que la automatización también ha llegado a la guerra. En Gaza, se utilizan sistemas como Galvander y empresas como Palantir para identificar objetivos civiles de manera industrial y automatizada. «Imagínate que antes un mando militar tardaba una semana en elegir 20 objetivos. Ahora Galvander te da 100 al día, reconoce caras, voces, cruza información… y lanza misiles sin decisión humana directa. Es la muerte industrializada», señala Zin.
Esta combinación de tecnología, desigualdad y poder concentrado lleva, según él, a un retroceso de los derechos humanos y de los valores occidentales. «Todo lo que se estableció tras la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido. Lo que no ha desaparecido siempre favoreció a los países del norte. Ahora nadie se lo cree, y el que tiene poder manda», afirma Zin
Para el director, vivimos un mundo donde un puñado de milmillonarios controla la mayoría de los recursos, mientras la población global queda cada vez más desprotegida y fragmentada.
A pesar de este panorama, Zin mantiene su compromiso ético. Cree en la necesidad de crear espacios de comunidad para periodistas y cineastas, donde se pueda trabajar sin la presión de los algoritmos y las grandes corporaciones. «Queremos espacios independientes… para guionistas, para periodistas, para unirnos», afirma.
Y aunque reconoce la dificultad de mantener la humanidad en un mundo digitalizado y controlado, sigue luchando con su trabajo: «Tengo mucho por lo que luchar y yo sigo luchando… ahora estoy con la ficción, pero hay mucho para luchar».

Hernán Zin: algoritmos, poder y el nuevo mundo digital
Para Hernán Zin, la tecnología no es neutral. «El algoritmo te muestra lo que tú quieres ver», explica, y advierte sobre cómo este mecanismo polariza la sociedad y alimenta discursos de odio, especialmente contra la inmigración. Critica que en España existan movimientos que demonizan a quienes sostienen la economía y los servicios del país: «España es lo que es por la inmigración… deberían aplaudirnos. Y sin embargo, veo gente joven muy comprometida con un discurso racista que no entiendo», añade.
Zin apunta a la concentración de poder detrás de plataformas digitales. Señala que la compra de TikTok por Larry Ellison y la reconfiguración del contenido muestran cómo los algoritmos pueden ocultar información y favorecer intereses políticos. «Ya no ves nada de gas… empieza a mostrar lo que interesa a ciertos grupos y oculta lo demás», afirma. Este control de la información tiene consecuencias directas en la percepción pública y en la capacidad de la ciudadanía para formarse opiniones basadas en hechos.
La influencia de su trabajo no se limita a la concienciación. Zin recuerda cómo su labor en Camboya, documentando redes de abuso infantil, llevó a que los responsables fueran procesados por el Parlamento Europeo. «Nos quedamos un año siguiéndolos y al final se llevó al Parlamento Europeo. Fueron presos», cuenta. Esta experiencia demuestra que el documental y la investigación pueden generar cambios concretos en políticas y hacer justicia a nivel internacional.