Hoy, en 22 Minutos Con, hemos tenido el placer de hablar con Carlos Iglesias, director y actor de ‘La Bala’, y con una de las protagonistas, Silvia Marsó, quien interpreta a Mercedes en la película.

Entrevista Carlos Iglesias

P: La Bala está inspirada en la historia de los hermanos toledanos Fernando y Miguel Ángel Garrido Polonio, quienes consiguieron recuperar los restos de su tío, muerto en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo afrontaste el equilibrio entre respetar la verdad de esos hechos y construir una narrativa cinematográfica que también necesita ficción y dramatización?

Carlos: Es fácil, porque la propia historia de los hermanos Garrido conlleva una parte de la España más profunda: a ellos les mataron a un abuelo por socialista y lo enterraron en una fosa comun. Por lo tanto, estan ligadas las dos historias que yo cuento: una pertenencia a una familia de izquierdas y un tio que se va a la División Azul a Rusia —en la pelicula, es una tía—.

La forma de encauzarlo es muy sencilla: tienes que tener una buena historia y una estrategia clara para contarla. Vamos a empezar creyendo que vamos por un camino, para despues hacer, convenientemente en su momento, un cambio y llegar a una conclusión distinta y sorprendente, diferente de lo que la gente piensa que va a ocurrir.

El thriller es justamente eso: una averiguación que se va desarrollando a lo largo de una investigación.

P: La Bala parece abordar temas intensos y de peso. ¿Recuerdas el momento, la necesidad personal o artística concreta que encendió la chispa inicial del proyecto?

Carlos: El impulso siempre ha sido unificar esta España tan dividida ideologicamente, una división que ahora considero incluso peor que cuando yo era un chaval.

Entonces, el impulso último ha sido: «Vamos a llevarnos un poco mejor, entendiendo que tenemos una raíz que se parece mucho, mucho, y que si ponemos un poco de voluntad, es fácil darnos la mano, siempre y cuando seamos capaces de curar esas heridas que tenemos en el corazón.»

P: A lo largo de tu filmografía has trabajado con temas como la memoria, las raíces y la identidad. ¿Cómo dirías que encaja La Bala dentro de ese recorrido temático?

Carlos: La memoria, obviamente. Está ligada a películas como Un franco, catorce pesetas, que habla de la inmigración española en Centroeuropa en los años 60. No cabe duda de que la memoria es la base de todo.

P: Cuando comenzaste a desarrollar la historia, ¿tenías claro desde el principio el mensaje o reflexión que querías que transmitiese la película?

Carlos: Totalmente. Es el fundamento. A partir de tener una idea y querer contar algo, ya tienes una base. Ahora vamos a buscar las piezas para montar el puzle.

La pieza fundamental fue la que encontré yo en los hermanos Garrido, cuando me enteré de la odisea que habían pasado para ir a Rusia. Una vez que tenia ese dato, ya podía unirlo a otros datos que tenía y de ahí crear una estructura.

Obviamente, compartí el guion con mi mujer, con Eloísa Vargas, que es la que hace de mi hermana, y con mi hija, que interpreta a María. Compartirlo con ellos fue muy importante.

Después, decidí testar con los actores si realmente creían que el guion era lo que pretendeía o no. Y absolutamente todos contestaron, al poco tiempo de haberlo leído, que querían hacer esta película sí o sí. Entonces me sentí respaldado por ellos.

P: ¿Qué aspecto del guion fue el más difícil de definir desde el principio?

Carlos: No fue dificil, pero tuve que consultar con la Guardia Civil cómo se analiza la munición, si se puede determinar con tantos años cómo fue disparada una bala. Entonces, los hermanos Garrido me presentaron también a gente de su entorno, algunos de ellos jefes de balística, con quienes estuve hablando. Todos coincidían en que hoy en dia se puede analizar una bala con 80 años, oxidada y que ha estado enterrada gran parte del tiempo, para determinar quién la disparó y a qué distancia.

P: ¿Hubo alguna escena que requiriera su planificación especialmente milimétrica —bien por su carga emocional, por su complejidad técnica o por el riesgo interpretativo— y que supusiera un reto para ti como director?

Carlos: Hay una escena al final de la película donde necesitábamos un maestro de armas porque es algo muy delicado. Íbamos a disparar realmente con balas de fogueo, ya que no llevan plomo. El armamento solo puede tocarlo él y el actor que va a hacer la secuencia. Además, hay que coordinar todo de una forma determinada para que nadie se haga daño, manteniendo la distancia adecuada entre los dos actores que simulan matarse.

Todo esto hubo que coordinarlo muy bien en un dia que llovía a mares y teníamos que recrear Rusia, lo cual implica un equipo de vestuario más elaborado, ya que estamos en plena batalla y hay que envejecer y ensuciar los trajes. Digamos que todo es más complejo que cuando haces una escena real que, como estamos vestidos ahora, podríamos hacerla.

P: Sobre el reparto y la dirección de actores, ¿qué criterios utilizaste para la elección del reparto?

Carlos: El casting lo decidí yo, aunque no sabía si aceptarían o no. Desde el momento en que estaba escribiendo, ya tenía en mente a los actores que podrían hacerlo. A algunos los conocía, como a Silvia Marsó, con quien había trabajado antes; a otros, como a Miguel Rellán y Manuel Morón, no los conocía personalmente. Entonces te quedas pensando: ¿y si les mando el guion y no les gusta? Pero decidí probar suerte. Son actores de una categoría maravillosa en este país, muy conocidos y, sobre todo, excelentes intérpretes.

Una vez que aceptaron, me aportaron muchas cosas, además de que les di libertad. Siempre les digo a mis actores que el director debe estar 100% enfocado en la obra, pero que su única responsabilidad es su personaje. Por eso les pido que me aporten ideas que a mí ni se me habrían ocurrido. Por ejemplo, Rellán me dijo: «¿qué te parece sí me visto así?», «¿y si cojeo un poco?». Me hizo una composición de personaje muy cercana y además me comentó: «he sido maestro de escuela en este pueblo», porque siempre ha tenido curiosidad por lo que ha pasado ahí.

P: ¿Cómo gestionaste las escenas emocionalmente más intensas con el reparto?

Carlos: La intensidad es imprescindible en el cine, quiero decir que me gusta condensar situaciones para realmente emocionar. Te tiene que vibrar algo en ti, ya sea la risa porque sea una comedia disparatadas, o bien hacerte llorar como un tonto, o dejarte una reflexión. Eso es lo que intento en esta película. No tanto que la gente se ponga a llorar, sino crear una reflexión que permita hablar con el vecino o con un familiar que piensa diferente a ti. Eso es lo que pretendo, y creo que, según el test que hice con más de mil personas, funciona de maravilla. 

P: Sobre el rodaje, ¿cuál fue el mayor reto organizativo y cómo lo resolvió el equipo?

Carlos: El mayor reto en un rodaje siempre es el presupuesto disponible, porque no puedes permitirte perder ni media jornada. Todo lo planificado debe ajustarse estrictamente al dinero que tienes. Por eso, si llueve cuando no debe, si hace sol y debería hacer sombra, o cualquier imprevisto, pierdes un día que es irrecuperable cuando el calendario está tan apretado. Así que, el mayor desafío siempre es gestionar el dinero y conseguir la mayor cantidad posible para hacer la película de manera digna.

P: ¿Cuál consideras que fue la decisión técnica —ya sea en localización, cámara o iluminación— para lograr la atmósfera única de La Bala?

Carlos: La parte técnica siempre la dejo en manos de mi director de fotografía. En este caso, fue Tote Trenas, que sabe muchísimo más que yo sobre el tema. Yo le compartía cómo había imaginado ciertas escenas al escribir el guion, y él me ofrecía las soluciones técnicas más adecuadas para conseguirlo. 

P: ¿Hay algún momento durante el proceso en el que sintió que la película “encontraba su verdadera esencia” o “se definía por completo”?

Carlos: Sin duda, fue en Manzanares, cuando después de la proyección 700 personas se pusieron de pie y nos aplaudieron durante cuatro minutos. Fue un momento impresionante. La gente se acercaba a decirnos que la película era necesaria y nos agradecían haberlo hecho. Ahi fue cuando realmente comprendí la dimensión del proyecto. Uno la ve tantas veces durante el proceso que a veces pierde perspectiva. Recuerdo también cuando Miguel Rellán me dijo: «Tú no sabes lo que has escrito». Y luego añadió, entre risas, «Si me sacas de esta película, te mato».

P: En cuanto a la construcción estética, ¿cómo crees que las localizaciones y los sets han contribuido a definir el estilo visual de La Bala?

Carlos: Tuvimos la suerte de rodar aproximadamente 90% de la película en Ciudad Rodrigo, una localidad que ha conservado muy bien su estética de época. Esto nos brindó un plató natura excepcional, capaz de representar desde el presente hasta épocas como la Edad Media. Además, contamos con el privilegio de poder grabar en la la catedral y varias iglesias, espacios que no suelen estar disponibles para rodajes. En ese sentido, el apoyo de la ciudad fue incondicional y fundamental para definir el estilo visual de La Bala

P: No solo diriges La Bala, sino que también interpretas uno de sus personajes, ¿cómo lograste equilibrar el papel de director con el de actor, gestionando ambas responsabilidades al mismo tiempo durante el rodaje?

Carlos: A todos os parece un milagro, peor para mí es lo más fácil del mundo. Así, el director, el guionista y el actor están de acuerdo en todo. Estás en el set, dices «acción», actúas y luego miro al cámara y le preguntas si voy a verla o no. Cuando me dice «ven a verla», voy, revisola toma, comparto criterio con él y quizá con el actor o actriz que tenga la secuencia. Si está bien, la doy por buena y pasamos a la siguiente.

El mayor problema, sobre todo en las secuencias de grupo, es que tiendo a fijarme más en lo que hacen los demás que en lo que hago yo. A veces estoy peor que el resto del grupo porque no me centro todo lo tanto como debería en mi personaje. Quitando eso, que es el mayor handicap que le veo, el hecho de que coincidan en una sola persona el guionista, el director y el actor es una ventaja increíble: no tienes que discutir con nadie. Muchas veces no he estado de acuerdo con alguna parte del guion, pero cuando el trabajo no es tuyo, tienes que trabajar y no decir nada.

P: Cuando te toca estar delante de la cámara, ¿qué te resulta más complicado: exigirte como actor o exigirte como director cuando estás frente a la cámara?

Carlos: Creo que la novedad para mí es la ficción, porque he sido muchas más veces actor que director. Pero, posiblemente, la mayor complicación está en que si esto sale ma, todas las leches me las llevo yo. Y no por ser actor, sino por ser director. Los méritos llegan, claro, pero normalmente llegan antes las bofetadas.

Al final, toda la responsabilidad es mía, y esa carga pesa mucho. Piensas: «tanto tiempo invertido, tanto dinero, tanta energía de la gente… y si después sale un churro…». Aún así, yo he hecho todo lo posible: lo que no haya alcanzado por falta de inteligencia o por fallta de presupuesto, no podía hacer más.

Y es que no cabe duda de que muchas veces el hundimiento llega por el presupuesto. Hay películas mediocres que tienen un exito brutal unicamente porque cuentan con dinero para publicitarse. Esa es la realidad.

P: En cuanto al mensaje y el impacto emocional de La Bala, ¿qué reflexión te gustaría que el espectador se lleve consido al salir de la sala?

Carlos:  Sobre todo, que se hable de ello. Que cada espectador reflexiones, desde su propia mentalidad y humanidad, si es aceptable que a estas alturas de nuestro país siga habiendo personas enterradas bajo una cuneta o si, de una vez por todas, debemos sacarlas de una puñetera vez y devolverles la dignidad que merecen. No concibo que la respuesta sea dejarlas ahí. Estoy convencido de que cualquiera que imaginara a su madre en esa cuneta querría recuperarla.

P: Mirando atrás en tu trayectoria, ¿qué dirías que aporta La Bala que no estaba presente en tus trabajos anteriores?

Carlos: En mis películas anteriores siempre me he ido a un pasado que, aunque se relacionaba con el presente, acababa teniendo mayor protagonismo en la historia. En La Bala, en cambio, el protagonista absoluto es el presente y la pregunta de qué vamos a hacer con la información que la película pone sobre la mesa.

Entrevista Silvia Marsó

P: En la película interpretas a Mercedes, ¿cómo describirías a tu personaje en tres palabras y por qué?

Silvia: Auténtica, transparente y honesta. Mercedes es una mujer que viaja a Rusia para buscar a una persona fallecida en la División Azul, alguien con quien no tiene relación directa, pero cumple una promesa hecha a su abuelo: darle una sepultura digna. Detrás de esta historia personal hay un tema de justicia y dignidad humana.

Mercedes aporta al relato un debate necesario y provoca en Julián —quien al principio mantiene una visión ideológica radical y muy diferente— un cuestionamiento profundo. Ella le está enseñando otras perspectivas, provocando un debate que hace que empaticen entre ellos, produciéndose algo muy mágico y humano, reconocible y comprensible.

Creo que es un contrapunto esencial pra Julián, que remueve su conciencia. Creo que Mercedes quizás esta ahí para sostener la intención del director, Carlos Iglesias, quien través de este personaje expresa sus propias ideas y mensajes.

P: ¿Qué aspectos de Mercedes te resultaron más complejos de interpretar?

Silvia: Lo más complicado para mí fue entender y transmitir cómo alguien puede sentirse atraído por un sacerdote. Sin embargo, más allá de las ideologías y las creencias, por encima de todo está la empatía y la conexión humana entre los personajes de Julián y Mercedes. Eso queda patente.

P: ¿Qué te atrajo de formar parte de un proyecto basado en hechos reales, y cómo influyó eso en tu forma de interpretar a Mercedes?

Silvia: Como actriz, siempredefiendo a mis personajes, sean ficticios o reales, cómicos o dramáticos, ytrato de hacerlos míios. Pero como espectadora, esta película me conmueve aún más. Cuando leí el guion, me impactó especialmente esa vertiente conciliadora que tiene, tan necesaria hoy día en una la sociedad tan polarizada. También me emociona reacción la reacción de Elisa Hipólito, que interpreta a una joven de la familia de Julián, alguien inocente que se hace preguntas al final de la película. Esa mirada de alguien que no sabe lo que ocurrió es muy poderosa. Todo eso me conmueve porque creo que es muy necesario hoy día que la gente joven esté informada.

P: ¿De qué manera crees que tu personaje aporta a la reflexión histórica y emocional que propone la película?

Silvia: Mi personaje es esencial como contrapunto porque esa otra mirada para abrir el debate. Es quien provoca la reflexión y, en parte, la transformación de Julián. Bueno, la transformación de este personaje más bien la provoca, en realidad, la bala. Pero ese cambio que atraviesa el cura Julián se ve respaldado por Mercedes, que debate con él constantemente a lo largo de la película.

P: ¿Qué esperas que el espectador vea o entienda de tu personaje que quizás no esté explícito en el guion?

Silvia: Me gustaría que el espectador entienda que no se pueden tener prejuicios. Que una persona como Mercedes —tan ideológicamente de izquierdas, tan libre, tan independiente— pueda enamorarse de un cura fascista, y que comprendan que algo así puede ocurrir.

P:  ¿Qué te llevas personalmente de este proyecto?

Siilvia: La emoción de haber trabajado con Carlos, al que adoro desde que coincidimos en Manos a la obra cuando éramos jovencitos. Después volvimos a encontrarnos en Los muertos no se tocan, nene, la película de José Luis García Sánchez, donde interpretábamos un matrimonio muy mal avenido. Ha sido una ilusión enorme volver a trabajar con él y con su familia. Y, además, la emoción de formar parte de un reparto tan querido y admirado, con el que ha sido un auténtico disfrute trabajar.



Por Verónica Orcajo

Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Lo que más me apasiona es leer y escribir: dos aficiones con las que me defino y las considero más que esenciales en mi vida.

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