El monte de los aullidos llega tras cuatro años de pausa, con diez canciones que demuestran que su esencia musical sigue intacta
Tras cuatro años de silencio, Fito & Fitipaldis vuelven al panorama musical con El monte de los aullidos, su nuevo disco, lanzado el pasado viernes. El álbum, compuesto por diez canciones, marca un regreso esperado y sentido. Destaca especialmente ‘Los cuervos se lo pasan bien‘, que en apenas unos días ya supera el millón de reproducciones en Spotify, cifra totalmente merecida.
Se trata de un disco introspectivo, melancólico y luminoso a la vez, que suena a madurez, reconciliación y honestidad. Está disponible en formato CD, vinilo, digital e incluso en cassette “una frikada de Warner”, según el propio Fito, aunque para Warner es más un regalo para los fans.

Fito ha confesado que la gira anterior, la de Cada vez cadáver, fue especialmente dura para él: terminó con mucha ansiedad y una sensación de vacío. “Fue muy complicada, acabé roto”, ha reconocido. Gracias a la terapia y a tomarse su tiempo, ahora se siente mejor.
Tardó 7 años en sacar ese disco, ya que pasó por una etapa de crisis artística y personal. Y no es de extrañar, Fito lleva más de cuarenta años en la música y catorce discos a sus espaldas, entre su etapa en Platero y Tú (1989–2001) y Fito & Fitipaldis (2001–presente).
“Cómo pude pensar que había algo mejor que escribir una canción. No hay nada mejor”, afirma ahora, reconciliado con la música. Este nuevo disco ha funcionado como una brújula, una forma de volver a encontrarse. Aunque las letras son tristes, él insiste: “Yo no hago poemas, hago rock”. Y eso se nota.
Para Fito, este disco ha sido “un puto sueño”, y no ve la hora de salir a cantarlo.
Tras su anterior gira, que fue mentalmente agotadora, Fito vuelve con energía renovada y un tour de treinta fechas por toda España que durará casi seis meses. “La gira es el pretexto de que el trabajo está terminado”, explica. Cada concierto es importante para él.
El mayor reto, reconoce entre risas, es el setlist. Tiene demasiadas canciones que ya son parte de la cultura musical española, pero no puedo cantarlas todas. “No soy Bruce Springsteen, no puedo estar siete horas en el escenario”. Aun así, promete incluir al menos seis temas del nuevo disco.
Las entradas salieron a la venta el 30 de abril, meses antes del lanzamiento del álbum, algo poco habitual en su carrera. “Fue una muestra suprema de confianza”, dice. Las entradas se agotaron no por el disco, sino por lo que representa Fito, sus fans saben que haga lo que haga les va a gustar. Esas entradas vendidas no son por el álbum, sino por él, por la gente que le quiere y que confían en él. “Mis fans saben que lo que haga, lo haré de corazón”.

En tiempos en que los artistas anuncian giras con más de un año de antelación y los precios se disparan, Fito mantiene su postura ética. “La vida ha subido, pero no debería ser caro. No es una primera necesidad como el pan, pero debería serlo. La cultura es de primera necesidad”.
Fito también habló de lo que significa escribir canciones: “Cuando escribo, desaparece el mundo”, tiene que estar a tres centímetros de él. Esto, antes lo hacía con drogas, por suerte ya no.
No busca producir sin parar ni llenar estanterías de canciones, sino escribir solo cuando tiene algo que compartir. No quiere hacer discos por acumular bellotas, como en Platero y Tú. En 10 años de grupo, sacaron 7 discos, ahora tarda mínimo cuatro años por disco. “Grabo cuando lo necesito”, es un proceso, debe olvidar el disco anterior, encontrarse y ya comenzar con el nuevo álbum, esto es un proceso largo.
Escribir es su refugio, su manera de estar bien, aunque también reconoce que le gusta gustar: “Escribo para mí, pero me gusta que mi música guste. En el proceso de creación no hay nadie más; después ya pienso si gustará”.
Normalmente, Fito escribe las letras antes que los títulos, pero esta vez fue distinto. En la libreta donde compone escribió directamente “El monte de los aullidos”. No sabía por qué, simplemente le gustaba cómo sonaba. Desde entonces, supo que ese sería el nombre del disco, y lo colocó en el centro de la portada.
Otras canciones, como Volverá el espanto, también nacieron del título. “Era inevitable”, dice. “Hay guerras 24 horas al día”. Por fechas, coincidió más con la de Ucrania que con la de Palestina, pero no habla de una guerra concreta, sino de todas. De la rabia. Y “la rabia se merece una canción”.
Fito no deja de agradecer a su banda: “Siempre soñé con ser el peor de mi grupo. No llegaría a nada sin la gente que me rodea”. Para él, su grupo “no es solo un equipo, es un puto sueño, algo irremplazable”.
Musicalmente, El monte de los aullidos mantiene la esencia inconfundible de Fito: guitarras limpias, letras que suenan a calle y noches de bar, y una producción honesta, sin artificios. Tiene una marca de agua distinguible, una esencia única. Es un disco que suena a banda, a verdad y a oficio, con esa mezcla de nostalgia y energía que solo Fito & Fitipaldis saben transmitir.
También habló de cómo ha cambiado la industria. Explicó que no puede ser como los “cantantes actuales”, que lanzan singles, adelantan temas meses antes de que salga el álbum o buscan la “viralidad”. A él no le sirve una sola canción para expresarse: necesita diez. “No puedo definirme en una canción”, afirma.
Además, quiso defender a las nuevas generaciones de grupos de rock, como Arde Bogotá o Viva Suecia, a los que algunos critican por no considerarlos “rock”. “Es gente que no tiene herramientas para verlo”, defiende. “Las referencias cambian. Antes veníamos del blues, ahora muchos vienen del hip hop. Pero el rock sigue ahí. Hay mucho rock en una guitarra acústica o en un cantante sin banda”.
Después de cuatro años de silencio, Fito no regresa para reinventarse, sino para reafirmarse. El monte de los aullidos es la prueba de que no hace falta seguir las tendencias para seguir siendo necesario. Su música no busca adaptarse: resiste. Y mientras lo haga, sus seguidores estarán ahí, aullando con él.