“El gran final” cierra la historia iniciada en TV y que pasó al cine, donde termina con una excelente y emotiva tercera película
“Larga vida a Downton Abbey”, se dice en Downton Abbey: El gran final. No hay mejor frase que encapsule el cierre de una historia que empezó en 2010 con una serie de TV que se extendió hasta 6 temporadas y después pasó al cine, con dos películas y ahora una tercera que supone la despedida de los Crawley y su servicio.
El gran final cuenta con los rostros habituales (Hugh Bonneville, Michelle Dockery, Penelope Wilton, Jim Carter…) y el de Paul Giamatti (Los que se quedan, Entre copas) que regresa a Downton tras aparecer en la cuarta temporada, interpretando al hermano de Cora (Elizabeth McGovern).
Este film se comporta como un capítulo más de Downton, con sus fiestas en Londres, ferias agrícolas y escándalos de la alta sociedad. Un lugar familiar tras la salida de la zona de confort que supuso Downton Abbey: Una nueva era. Y en ese clasicismo reconfortante, se habla de relevo generacional, de cambios sociales y de cerrar capítulos y abrir otros, como no podía ser de otra manera. Se hace de manera elegante, solemne y emotiva, pero sin caer en lo trágico o lo melodramático.
La habilidad de crear un final que llegue al corazón y se sienta apropiado sin ser lapidario de Julian Fellowes (guionista y creador de la serie) y Simon Curtis (director) es admirable, y exactamente lo que Downton merecía. A fin de cuentas, siempre ha sido una historia sobre la vida misma de sus personajes, de la aristocracia británica del siglo XX y de Downton como institución. Y nada de eso acaba, simplemente continúa y evoluciona, pero evidentemente, implica una despedida para unos Lord y Lady Grantham que han visto como el mundo ha dejado de pertenecerles, o para un mayordomo y una cocinera que ya han cumplido, y ahora deben dar paso a la nueva generación.
En definitiva, estamos ante un precioso capítulo de cierre con el que decimos adiós a Downton con la cabeza bien alta y no llorando porque se acabe (bueno, quizás un poco sí), si no celebrando que haya ocurrido.