Las películas del Conjuro (The Conjuring en Estados Unidos) son mundialmente conocidas por haber revolucionado el género del terror. ¿Pero qué hay de verdad en ellas?
Si eres amante del terror seguro que las películas de Expediente Warren te suenan e incluso si no has visto cine de terror en tu vida, alguna escena suelta o algo relacionado con la saga, como la muñeca Anabelle o la Monja habrá pasado por tus retinas en algún momento.
Las películas de The Conjuring destacan por estar basadas en hechos reales y, en los créditos finales, siempre incluyen imágenes y grabaciones reales del caso que inspira la película, algunas de ellas son bastantes estremecedoras.
Pero en el mundo del cine todo se entremezcla en favor del espectáculo, por lo que hoy, os voy a hablar de la verdad que esconden este tipo de películas, en concreto de algunas curiosidades muy poco conocidas de las películas de los Warren. Ponte cómodo y viajemos entre exorcismos, demonios y tortitas, pero sobre todo, descubramos la repercusión de la labor que tuvieron Ed y Lorraine Warren en la vida real.
El caso Perron (The Conjuring, 2013)
La primera película se centra en la familia Perron, que en 1971 se mudó a una granja en Rhode Island, donde comenzaron fenómenos extraños: olores fétidos, camas que se movían y apariciones. Los Perron confirmaron que sí vivieron sucesos extraños, pero nunca se llegó a probar actividad paranormal. Carolyn Perron, la madre, fue la que más defendió la versión de los Warren. Lo más llamativo es que sus hijas aún hoy recuerdan episodios inexplicables y afirman que las películas se quedan cortas.

El caso Enfield (The Conjuring 2, 2016)
Uno de los poltergeists más famosos de Inglaterra. Dos hermanas afirmaron estar poseídas en 1977, con muebles moviéndose solos y voces guturales. La prensa británica cubrió el caso intensamente. Aunque hubo testigos que aseguraron haber visto cosas inexplicables, varios investigadores descubrieron que las niñas también llegaron a fingir algunos fenómenos. Los Warren, en realidad, no fueron llamados inmediatamente, ni fueron los investigadores principales.

El caso del “Diablo me obligó a hacerlo” (The Conjuring 3, 2021)
Se basa en el juicio de Arne Cheyenne Johnson en 1981, acusado de asesinato. Su defensa intentó alegar posesión demoníaca como justificación, algo inédito en tribunales. Aunque no funcionó legalmente, el caso se convirtió en una de las historias más mediáticas de los Warren. Realmente, Johnson fue acusado de asesinato en 1981.
Fue el primer juicio en EE. UU. en el que la defensa alegó posesión demoníaca. Su defensa intentó argumentar que estaba poseído, pero la corte rechazó esa defensa. Hay quienes dijeron que David Glatzel (la víctima original de la supuesta posesión) tenía problemas que no tenían nada que ver con lo sobrenatural (problemas psicológicos). Existen desacuerdos fuertes sobre cuánto de la historia de los Warren es verificable.
The Conjuring: Last Rites y el caso Smurl
El nuevo capítulo de la saga nos despide de los Warren con el infame caso Smurl, uno de los más oscuros de Pensilvania y que puedes ver actualmente en cines.
La familia Smurl aseguró que su casa estaba plagada de fenómenos paranormales: olores nauseabundos, golpes en las paredes, muebles que levitaban… incluso afirmaron que Jack Smurl fue agredido sexualmente por una entidad demoníaca. El perro de la familia, según su versión, llegó a ser lanzado contra una pared por una fuerza invisible.
Por lo que los Warren intervinieron en 1986 y describieron masas oscuras flotando en las habitaciones y bajadas bruscas de temperatura. Hubo intentos de exorcismo, pero sin éxito duradero. Pero ¿Lo más curioso? Tras toda la polémica, las siguientes familias que vivieron en la casa aseguraron que no experimentaron absolutamente nada.
La película adapta este caso como el último viaje de los Warren en el cine (o quizá no), con Vera Farmiga y Patrick Wilson despidiéndose de sus icónicos personajes.
The Conjuring no es solo cine de terror. Es una especie de espejo donde se mezclan miedos, fe, sugestión y un toque de espectáculo que siempre acompaña en el cine. Quizás nunca sepamos cuánto de verdad hay en estos casos… pero lo que está claro es que, en la sala de cine, el miedo siempre se siente auténtico.